Gobierno argentino clasifica al pueblo mapuche de enemigo interno

Por Reynaldo Mariqueo – 09 de abril, 2018

Finalizada la guerra de las Malvinas, en junio de 1982, entre Argentina y el Reino Unido, sectores militares y de la extrema derecha comenzaron a cuestionar la existencia de Mapuche en Inglaterra, debate que se incrementó sistemáticamente a fines de la década de 1990 contra Enlace Mapuche Internacional -MIL (sigla en inglés)- por el sólo hecho de tener su base en Inglaterra. No encontramos otra explicación considerando que existen otras organizaciones solidarias con el pueblo mapuche en diversas ciudades europeas, las cuales no causan en estos grupos el mismo nivel de desagrado e interés como MIL.

Enlace Mapuche Internacional fue fundado el 11 de mayo de 1996. Es una organización solidaria con el pueblo mapuche que tuvo su origen en el Comité Exterior Mapuche (CEM), organización fundada en Londres en enero de 1978. Con el retorno de la democracia en Argentina y Chile algunos mapuches volvieron a sus lugares de origen, mientras que otros dejaron aparcada su actividad política en el Reino Unido y en otros países de Europa. MIL a diferencia de CEM, que estaba integrada exclusivamente por mapuches, está integrada por mapuches y también por voluntarios/as ingleses y de diversas nacionalidades que simpatizan con la causa de los pueblos indígenas en general y con la de los mapuches en particular.

Nacimiento del Estado Nacional Mapuche

Los mapuches, junto a un conglomerado de pueblos situados en lo que se conoce como Araucanía, la Pampa, la Patagonia y los Williche (gente del sur) lucharon unidos por cientos de años y vencieron al colonialismo español. El territorio mapuche estaba dividido en cuatro identidades territoriales, conocida por los mapuche como meli wixan-mapu (4 butalmapus), al conjunto de este territorio los mapuche lo denominan Wallmapu. Los agrupaba un órgano político conocido como Futa Koyang (gran parlamento) órgano que los unía, los representaba y era también este órgano quien elegía el Toki (jefe máximo) y subscribía los tratados con España.

El derecho internacional reconoce que solo los estados soberanos pueden firmar tratados de fronteras; de acuerdo a esta normativa el estatus de estado nacional del pueblo mapuche le fue reconocido en el tratado de Killen (Quillin), el 6 de enero de 1641. Los tratados de fronteras entre dos estados implican que las partes concernientes se reconocen mutuamente porque se entiende que al hacerlo están pactando bajo un pie de igualdad, por el principio de igualdad soberana que las naciones de entonces basaban sus negociaciones externas, principio del que hoy se rigen las relaciones bilaterales entre los estados.

En 1860 el estado mapuche se encontraba amenazado de ser anexado, de un momento a otro, por los países vecinos, fue en ese periodo y en ese escenario de tensión que llegó a la Araucanía el abogado francés, Orelie Antoine de Tounens. Para el Toki Magñil Wenu  y su gobierno, su presencia en la Araucanía no pudo ser más oportuna, esto le permitió poner en práctica una nueva estrategia defensiva destinada a prevenir el empleo de leyes canónicas estipuladas en la Doctrina de Descubrimiento. Dichas leyes señalan que las posesiones de los infieles y bárbaros podían ser enajenadas, que sus sistemas de gobiernos debían ser desechados si estos no están regidos por leyes europeas o estaban bajo la jurisdicción de príncipe cristiano.

La convocación en noviembre de 1860 de un Koyang o parlamento, órgano sujeto de derecho internacional, por el Toki Magñil que culminó con el establecimiento de un gobierno monárquico constitucional y la elección de Orelie Antoine de Tounens como el primer soberano del Reino de Araucanía y Patagonia tuvo relevancia jurídicas en el derecho internacional que sigue vigente hasta nuestros días. Este evento en mi opinión tuvo tres objetivos fundamentales: reafirmar la soberanía territorial; obtener el reconocimiento internacional de su independencia y, bloquear la utilización de las bulas papales por Argentina, Chile o cualquier otra potencia colonialista europea.

Arremetida mediática contra Mapuche International Link

En Argentina, la historia que conocen los emigrantes europeos del pueblo mapuche es la que se imparten en los colegios acompañados de fotografías tomadas de los sobrevivientes de la campaña militar del General Roca, a partir de 1879. Los rostros de un pueblo masacrado, empobrecido y bajo cautiverio, confinados en tolderías, sobreviviendo en míseras condiciones de vida. Esta es la visión de la historia mapuche que se promueve para que la sociedad criolla concluya ‘así vivían los primitivos habitantes del país,’ se persigue con esto reafirmar los estereotipos creados durante las ‘Campañas del Desierto’ de un enfrentamiento entre “civilización” y “barbarie.”

Lo que no se dice es que esa triste realidad del “indígena” fue el producto del despojo de su territorio y sus recursos, del desmembramiento familiar, la destrucción de su lof (comunidades) y la masacre de su gente. Decenas de miles perecieron de hambre, contrastando la visión de diversos cronistas españoles que en su tiempo comentaron que los mapuches vivían en comunidades caracterizadas por el bienestar y la abundancia. Si los mapuches hubiesen vivido en la pobreza que se muestra no habrían resistido al invasor cientos de años, fue la defensa de su forma de vivir y calidad de vida, su independencia y libertad, lo que los motivó a luchar tenazmente en defensa de su territorio hasta lograr su independencia.

En Argentina, los neonazis, disfrazado de nacionalistas cegados por la ideología del odio y la superioridad racial, se esfuerzan en que no se conozca la verdad y, al igual que aquellos que niegan la existencia del holocausto judío ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, también quieren esconder el holocausto mapuche cometido durante las campañas militares del genocida Roca, héroe al que veneran. Omiten mencionar el sufrimiento mapuche, el saqueo de sus bienes, la destrucción de sus casas y sembrados, el robo de sus animales, los campos de concentración en la Patagonia o el exterminio en la Isla Martín García y la venta de sus seres queridos, como esclavos, en el Retino (Buenos Aires).

Según la propaganda argentina los mapuches eran tribus ‘salvajes’ o de ‘bárbaros’ que diezmaban las haciendas de la gente decente, que se llevaban sus animales y es por eso que entre 1876 y 1877 fortificaron la frontera con fosas, terraplenes y fortines, frontera que más tarde el General Roca violaría. Lo que no dicen es que los mapuches defendían su territorio, reconocido implícitamente por los propios argentinos en su constitución, ya que no les pertenecía porque no la heredaron de España.

La reacción del mapuche y de otros pueblos indígenas al defender su territorio era la actitud digna de pueblos nobles que tras un siglo de guerra defensiva habían logrado descolonizarse y obtenido su independencia de España, la entonces más poderosa potencia del mundo. Los mapuche hacían respetar su frontera, como lo habría hecho cualquier otro pueblo que defendía su soberanía territorial de invasiones de colonos extranjeros que se asentaban en su territorio, sin su consentimiento y con el apoyo militar del país vecino.

Los descendientes de emigrantes europeos no conocen ‘esa gente noble de héroes,’ como lo describió el Rey Orelie Antoine I. Les causa sorpresa que MIL reivindique los derechos que asiste al pueblo mapuche, como la restitución de su territorio, el restablecimiento de su autonomía y libre determinación. Estas reivindicaciones que también están estipulados en la “Declaración de la ONU Sobre los Derechos Pueblos Indígenas”, los descendientes de emigrantes lo ven como reivindicaciones contemporáneas de los mapuche y no como la expresión de un pueblo titular de tales derechos reconocidos como sujeto de derechos en el ordenamiento jurídico internacional, preexistente a la formación de los estados de Argentina y Chile.

La falta de conocimiento de los derechos históricos del pueblo mapuche, por parte de los grupos racistas y neonazis disfrazados de nacionalistas en Argentina, es por lo que hoy les resulta inconcebible entender que existan mapuches en Inglaterra reclamando el derecho que –según ellos- no tienen. Curiosamente, ni siquiera la noción construida sobre la extranjerización mapuche tiene sentido, porque aunque fuera así los mapuche habrían llegado antes de la anexión de la Patagonia por Roca en 1885 (periodo en el que concluyó la resistencia mapuche) y por tanto anteriores al arribo de los emigrantes europeos que llegaron a colonizarlo.

Aunque le asignásemos credibilidad a la hipótesis neonazi sobre la legitimidad de la tenencia de la tierra en base a la posesión original o más antigua, veremos que de todas maneras son los mapuches lo que tienen derecho a ejercer esa legitimidad, considerando que el territorio mapuche fue anexado por Argentina alrededor de 130 años atrás. Esto no es una afirmación antojadiza, diversos estudios científicos llevados a cabo por universidades argentinas señalan que los mapuches vivían en la Pampa y Patagonia hace por lo menos medio milenio antes de la llegada de los españoles al continente americano, esto también esta corroborado por hallazgos de restos arqueológicos en la Patagonia pertenecientes al pueblo mapuche. A pesar de estos antecedentes científicos, ampliamente divulgado por los medios de información, los neonazis siguen insistiendo que los mapuche son chilenos.

Entre estos grupos anti-mapuche destaca el Proyecto Segunda República (PSR) fundado a fines del año 2001 por el controvertido personaje Adrián Salbuchi, quién se autodefine como ‘fanático nacionalista iberoamericano’, individuo que ha sido acusado de antisemita por las Asociaciones Israelitas de Argentina (DAIA) y de racista y xenofóbico por organizaciones indígenas. El PSR, sin proveer ninguna prueba más que su imaginación, afirma categóricamente que la organización MIL forma parte de una conspiración internacional de las grandes potencias, en particular del Reino Unido e Israel para “impulsar la fractura territorial de la Patagonia.” 

Mark Twain dijo que “es más fácil engañar a la gente, que convencerla que ha sido engañada”. Esta es la consigna que utiliza el PSR, del que hacen honor porque la esencia del mensaje es puesta en práctica al pie de letra. El PSR en su canal de TV lanza constantemente infamias y calumnias contra MIL y el pueblo mapuche y, con este fin, utiliza la propaganda de guerra empleada contra éste pueblo durante las campañas militares del genocida General Roca y que se conoce eufemísticamente como “Campañas del Desierto,” su propósito es engañar al pueblo argentino, ubicar al mapuche junto al enemigo de Argentina (Inglaterra) para incitar el odio contra el pueblo mapuche.

Para los miembros de MIL que se han formado desde su infancia en el uso de medios modernos de comunicación está claro que si alguien quiere conocer nuestra organización basta con meterse en el ordenador y hacer clic en la sección “Nosotros”, y en nuestra página web podrá informarse de quienes somos. Allí se establece que: “nuestra organización no tiene ánimo de lucro, que nunca ha recibido ni recibe absolutamente ninguna subvención de dinero de ningún gobierno, organismo o entidad pública o privada. Las tareas propias de nuestra organización se realizan en base al esfuerzo personal y voluntario de los miembros que la integran, que no perciben ninguna remuneración al respecto.” De tal forma que no estamos financiados por el gobierno Británico, ni por ninguna otra organización o institución inglesa o europea.

La propaganda contra MIL adquiere ya ribetes grotescos cuando el PSR y otros grupos racistas aseguran que el sólo motivo de que la sede de MIL esté situada en la calle Lodge Street (lodge en español significa logia), prueba que todos deben de ser masones, mientras que algunos afirman que son de derecha otros aseguran que son de izquierda, al respecto MIL señala: “MIL no tiene ninguna adscripción política o religiosa ni se mueve por ningún interés particular más allá de los intereses del pueblo mapuche.” Pero obviamente este documento emitido por la propia organización, y que es fácilmente comprobable su veracidad, no es considerado por dichos grupos antes de hacer sus acusaciones.

Conclusión

El odio contra el mapuche, con el consentimiento del gobierno argentino, se asemeja a la política de la Alemania de Hitler contra los judíos antes y durante la segunda guerra mundial. Singularizan a un pueblo por su condición étnica, lo demonizan y lo clasifican como el enemigo “interno” o enemigo de la ‘patria’ para insensibilizar a la opinión pública, luego se les persigue, se los allana, detiene, se les tortura y asesina a sus miembros, con total impunidad, situación que hoy enfrenta el pueblo mapuche diariamente en Argentina.

De acuerdo con datos, que son de dominio público, diseminado por organismos de derechos humanos, más de un centenar de mapuches han desaparecido desde el retorno de la democracia a ese país. La visión distorsionada de la historia del pueblo mapuche, la clasificación como enemigo interno, asociada o apoyada por una potencia europea enemiga de Argentina, sumado a la continua estigmatización hace que miembros de los servicios seguridad sientan desprecio y odio no solo hacia el mapuche, sino también hacia quienes lo defienden en los tribunales o solidarizan en las calles durante las manifestaciones públicas, como se ha denunciado estos últimos días en los medios sociales de comunicación.

En Chile se publicó en 2003 el informe de la “Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas” cuyo objetivo fue sentar las bases de reconciliación con los pueblos indígenas, reconocer gran parte de los hechos históricos, en particular el del pueblo mapuche, y efectuar recomendaciones para una nueva política de estado con los pueblos originarios.

Creo que este informe sirvió para que la sociedad chilena dilucidara la falsedad de algunos mitos sobre el pueblo mapuche creados durante la “Pacificación de la Araucanía”, utilizados para justificar la anexión de su territorio a Chile. Esta iniciativa no se ha replicado en Argentina y es por ello que la campaña en el marco de ‘civilización’ y ‘barbarie’ que se construyó durante las “Campañas del Desierto”, hoy la siguen sosteniendo como una verdad incuestionable.

La nula iniciativa del gobierno argentino para esclarecer los hechos históricos tal y como sucedieron no ayuda a entender otros pueblos, ni a promover la tolerancia con otras culturas en el país, ni ayuda a combatir el racismo y la discriminación racial endémica en el país. Tampoco ayuda a crear la paz social y un clima de reconciliación nacional que debe existir en toda sociedad civilizada y democrática.