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Impunidad
para el abuso policial en dicha zona
Asesinato de mapuches en Chubut
Por Elio Brat / Rebelión, Mayo
de 2004.
Una cruz con el nombre de Gumersindo
siempre estará en la comisaría
de El Hoyo, donde lo mataron.
"No te preocupés que nadie va a hacer nada por este indio
de mierda" le dijo un policía chubutense a otro, en los primeros
días del mes de septiembre del año pasado, 2003. Lo que
nunca se imaginó es que esa frase fue escuchada por el hermano
de Gumersindo Vergara, Atilio, quien se había presentado en la única
comisaría que tiene El Hoyo -un pueblo de menos de 5 mil habitantes,
ubicado en un paraíso de verde y cordillera, en el noroeste de
la provincia de Chubut, en lo que se llama la Comarca Andino Patagónica
del Paralelo 42- ya que había corrido la voz en el pueblo que
lo habían detenido "por haberlo encontrado robándose
un lechón de una chacra (sic)".
Fue el mismo hermano de Gumersindo, el único que logró ver
los perdigones que tenía en el cuerpo y los machucones de los
golpes que había recibido pocas horas antes. Eso y su eterna desconfianza
por como se había comportado siempre "la autoridad" (léase
la policía, el gobierno, tanto municipal como provincial y a la
distancia, muy pero muy lejos, también el nacional) lo que hizo
que el mismo Atilio se presentara ante el único abogado que pensó que
podía llegar a defender a su hermano y su familia: Cristian Hendrickse.
La mañana misma que Gumersindo no había aparecido en su
casa, Margarita Mardones, su compañera, madre de ocho pibes con
Gumersindo, fue también corriendo a la comisaría de El
Hoyo. "Quiero saber qué van a hacer con Gumersindo. ¿Dónde
está? ¿Cómo está? Qué es lo que van
a hacer con él." le preguntó Margarita al policía
que la atendió. Sin darle casi ninguna explicación, solo
le pidieron que vuelva a su casa y que traiga los documentos de su esposo,
a esa hora ya fallecido.
Cuando regresó, le contaron la versión oficial de la muerte
de Gumersindo: que se había ahorcado en el calabozo de la comisaría
y que luego un juez iba a entregarle el cuerpo. "¿Qué Gumersindo
se mató? Eso no puede ser. El no me va a dejar sola con ocho hijos.
Eso es una mentira de ustedes" fue lo que pensó y dijo Margarita,
quien nunca dudó, en ningún momento, que su esposo había
sido asesinado por esos policías que la estaban atendiendo o por
algunos de sus compañeros. Fueron ellos mismos, la policía
de El Hoyo, el pueblo donde nació Gumersindo, los que en febrero
del 2003 le habían dado una paliza a dos de sus hijos adolescentes,
sin ninguna razón de por medio, sólo "la autoridad".
Pero los Vergara no se quedaron callados.
No. Luego que Margarita fue a Epuyén, un pueblo lindero de El Hoyo, a denunciar esa situación,
el propio Gumersindo se fue hasta los juzgados de Esquel para presentar
una denuncia formal sobre el apaleamiento de sus hijos. Y eso, al parecer,
no fue perdonado por la policía de su pueblo. "Qué se
habrá creído este indio de mierda hablando mal de nosotros
en todos lados." seguramente habrán dicho el comisario de
el Hoyo de nombre López, también apañado por el
mismo intendente, de apellido Cárdenas, que según recuerda
la gente también fue policía alguna vez.
Y el día que decidieron darle una "lección",
fue ni más ni menos que el anterior al día del aniversario
del pueblo. Fue así que en la mañana del 5 de septiembre
del 2003, mientras a 200 metros de la comisaría se festejaba y
brindaba por el cumpleaños de la ciudad -el gobernador de entonces,
José Luis Lizurume, supo luego lo que pasó a poquitos metros
de donde estaba él y su comitiva, pero nunca hizo nada- como si
nada hubiera ocurrido.
La versión vendida por la policía fue que se ahorcó con
una goma. Que decidió suicidarse. Pero no bastó ver a simple
vista que el peso de Gumersindo no podía ser soportado por esa
goma que se presentó como prueba suficiente -para colmo gastada
y muy deteriorada-, sino que lo más grave es que la versión
fue defendida por el fiscal y el juez de Esquel, Falco y Colabelli respectivamente.
Este último, en estos momentos está siendo juzgado por
un jury político no por este caso, sino por otras aberraciones
jurídicas que produjo en el mismo Chubut. Pero sea cual sea el
resultado de este juicio, ya le llegará el momento de responder
por las barbaridades que hizo en el caso de Gumersindo Vergara.
A más siete meses del asesinato de este jornalero de 44 años,
sigue teniendo vigencia el papel que colgaron en la puerta misma de la
comisaría. Allí, con algunas faltas de ortografía
pero con mucha mucha dignidad, Margarita y los familiares del peón
asesinado en ese pueblo escribieron: "Gumersindo Vergara. Murió en
la comisaría de El Hoyo/ Ellos dicen que se ahorcó. Nosotros
decimos que lo mataron/ Ellos quieren ocultarlo. Nosotros queremos denunciarlo/
Basta de impunidad".
"No le tengo miedo a nadie. Ni a los policías ni a nadie.
Solo quiero que se vayan todos los de la comisaría de El Hoyo" dijo
Margarita Mardones en la casa de su abogado Hendrickse. Y que se pudran
en la cárcel. No lo dijo Margarita, pero lo decimos nosotros.
Empezando a conocer en todo el país las barbaridades medievales
que existen en ese lugar del Sur, como el caso de Gumersindo y el de
tantos otros (ver recuadro), es una forma de desenredar esa trama de
impunidad tejida desde hace tanto tiempo y por la cual nunca nadie hizo
nada. Ahora, por lo menos, los cientos de lectores que leen esta página
en tantos lugares del mundo lo saben.
Y LOS POLICÍAS
ASESINOS AUN SIGUEN EN SUS PUESTOS
Este es el relato que el propio abogado
de la familia Vergara, Cristian Hendrickse, realizó a pocos días de haberse denunciado
la muerte de Gumersindo Vergara en la comisaría de su pueblo,
El Hoyo, provincia de Chubut.
"Resido en Paraje El Pedregoso, El Hoyo, provincia de Chubut, República
Argentina, dónde trabajo como abogado. El 5 de septiembre fui
requerido por la esposa de Gumersindo Vergara, un hombre torturado y
asesinado en la comisaría de El Hoyo entre los días 4 y
5 de septiembre de 2003. Asumí la defensa de los derechos de la
viuda de Vergara, Margarita Mardones, y su familia proveyéndoles
de asistencia legal. Ese mismo día, por coreo electrónico,
envié un comunicado de prensa a medios nacionales y a organismos
de defensa de derechos humanos, relatando los graves hechos sucedidos.
El día sábado 6 de septiembre, a mi solicitud, el corresponsal
en El Hoyo del diario "El Chubut", de apellido Díaz,
obtuvo fotografías de las lesiones y rastros de torturas que presentaba
el cadáver de Gumersindo. El día domingo 7 de septiembre,
siendo alrededor de las 21.30 horas, fui interceptado por una patrulla
policial detrás de una estación de servicio en la localidad
de Lago Puelo, también al noroeste de Chubut.
En esa circunstancia, dos policías me interrogaron respecto de
mi nombre, la propiedad de mi vehículo, que hacía en la
localidad y si estaba o no solo. Al advertir que no estaba solo y que
en otro vehículo cercano había personas de mi conocimiento,
los policías se retiraron sin haberme requerido documentación
personal alguna ni del vehículo. Lo sorprendente es que en tres
años en Lago Puelo, un pueblo de tan solo cinco mil y donde ejerzo
la docencia desde hace dos años, jamás había sido
interceptado por personal policial alguno. Cabe señalar que no
conozco a los policía que me interceptaron por lo que creo que
provinieron de otra localidad.
El lunes 8 de septiembre me dirigí a la ciudad de Esquel, dónde
con mi cliente, la viuda de Vergara, radicamos ante el fiscal una denuncia
por torturas seguida de muerte contra personas indeterminadas de la comisaría
de El Hoyo. La investigación se carátula "MARDONES,
Margarita Cristina s/Su Denuncia-El Hoyo", Causa Nº 6639/03,
que tramita por ante el fiscal Falco. Luego, y también ese mismo
día y en la ciudad de Esquel, cuando me encontraba con mi mujer,
Bernardita Bielsa, dentro del negocio "Librería Macayo",
ella advierte que una patrulla policial sin identificación, se
estaciona al lado de mi vehículo y sus agentes observaban dentro
de mi vehículo dónde se encontraban la viuda y el hermano
de Gumersindo, Atilio Vergara.
Al advertir esa situación, mi mujer se acerca a nuestro auto
para ver que ocurría, pero al ver los agentes a mi mujer, el patrullero
se retiró del lugar. Inmediatamente, un agente policial se destaca
frente a la "Librería Macayo" con un handy en la mano
e informando cada uno de nuestros movimientos. Esto último fue
advertido por el doctor Gustavo Macayo, abogado de la ciudad de Esquel,
quien se quedo al frente de su negocio hasta que el policía se
retiró.
La noche del lunes 8 de septiembre, al llegar
a El Hoyo, fui citado para concurrir a la Comisaría de El Hoyo para reconocer las fotos
que había obtenido el periodista Díaz. Mi mujer me llevó a
la comisaría donde yo ingresé y ella fue a buscar un teléfono
al pub "Che Rodrigo". Mientras ella se encontraba en ese lugar
y yo declarando dentro de la comisaría, un móvil policial
pasó delante de dicho negocio. Concluida mi declaración
en la Comisaría, fui a cenar al pub donde se encontraba mi mujer.
Al regresar a nuestro hogar nos cruzamos con una camioneta policial y
los vecinos nos refirieron que móviles policiales pasaban a todo
horario por el frente de nuestra casa.
El martes 9, al regresar de El Bolsón, nos cruzamos con el Oscar
Blanco, un ex-policía, esposo y hermano de policías y con
quien hasta los hechos manteníamos cierta amistad. Al referirle
que nos estaban siguiendo, manifestó que por un tiempo largo la
policía nos iba a seguir. Al día siguiente, en la Fiscalía
de Esquel, presento un escrito suscripto por la viuda de Vergara y con
mi asistencia legal, ampliando la denuncia imputándole al comisario
de El Hoyo, señor. Fabián López, el delito de omisión
de evitación de tortura previsto en el Inciso 1º del artículo
144 cuarto del Código Penal.
Al retirarnos de allí, leemos en página 5 de la edición
del 10/9/2003 del diario El Oeste, que el superior jerárquico
del comisario López, el comisario Castillo de Esquel, pese a que
hay una investigación judicial, manifestó que para la policía
el caso ya estaba esclarecido y que harían una investigación
administrativa interna para el caso de que haya habido alguna "negligencia
menor" a partir del ingreso del detenido.
Esta noticia, junto a la de la existencia
de un "justiciero" amparado
por un integrante del Poder judicial y de la que dio cuenta el periódico "Páginas
del Sur" (07.09.2003 página 21), sumado ello a los "encuentros" policiales
de los que fui objeto, me decidió a presentar un "Hábeas
corpus" preventivo en mi favor, en favor de mi mujer Bernardita
Bielsa y en favor de mi cliente Margarita Mardones ante el juzgado de
Instrucción de Esquel, iniciándose el caso "HENDRICKSE,
Cristian C. E. s/Hábeas Corpus", Causa Nº 782.157-03,
en la cual solicité que por intermedio de Cancillería se
diera intervención del Cónsul de la República de
Sudáfrica en razón de mi doble nacionalidad.
Al regresar en horas de la noche a El Hoyo,
una vez que con mi vehículo
ingresé al pueblo, el móvil policial 432 se pegó a
mi vehículo con las luces altas encendidas. Cuando yo aceleraba,
el patrullero aceleraba, y cuando yo disminuía la velocidad el
patrullero la disminuía, de modo que quedaba siempre a no más
de un metro de nuestro vehículo. Ello fue así por bastantes
cuadras hasta que llegamos al pub "Che Rodrigo", el cual como
estaba concurrido y la maniobra fue advertida por los presentes, el patrullero
tuvo que retirarse.
En el interior de Che Rodrigo, tomamos conocimiento
que la dotación
de la comisaría de El Hoyo ya estaba en conocimiento de que había
presentado un Hábeas Corpus en Esquel, y que dicha información
le habría sido suministrada a los policías por el juez
de Paz de El Hoyo. Es por todas estas circunstancias que con mi mujer,
esa misma noche y con lo que teníamos puesto, nos retiramos de
la provincia del Chubut y nos refugiamos en distintos lugares de Río
Negro.
A la mañana siguiente, mantuve una conversación telefónica
con FM Radio Fénix de Esquel, denunciando estos hechos y solicitando
que se pongan estas circunstancias en conocimiento del juez de Instrucción
de Esquel, ya que no tenía forma de ir a Esquel al procedimiento
de Hábeas Corpus ya que no teníamos garantías para
trasladarnos dentro de la provincia de Chubut.
El jueves 12, a las seis de la tarde, entramos
a Chubut escondidos en vehículos de terceros. Nos montamos a caballos que nos estaban
esperando, y con la custodia de los paisanos familiares de Vergara cabalgamos
11 kilómetros hasta la Comisaría, donde les plantamos los
caballos y le clavamos una cruz con el nombre de Gumersindo Vergara al
frente de la comisaría. Aún seguimos fuera de la provincia
de Chubut. Los comisarios López y Castillo aún siguen en
sus cargos".
Caso por caso, para que se sepa
En la zona cordillerana de la provincia
de Chubut -más concretamente
al noroeste de la provincia- se detiene a personas, se las tortura y
muchas veces se las asesina, sin haber casi ninguna difusión de
estos aberrantes hechos, los que indudablemente constituyen gravísimos
atentados contra la dignidad humana. Más allá de la también
gravísima actitud de desinformación de los medios de la
zona - no todos, pero sí en su gran mayoría -, si uno llega
al mismo lugar se puede observar el gran temor que existe y convive en
la población ya que la sensación generalizada, sin ningún
tipo de dudas, es la ausencia de seguridad y justicia.
Para Usted que está leyendo esta situación, debe tener
en cuenta que se trata de pobladores en su mayoría mapuches, que
son muy discriminados y maltratados, a quienes les son negados derechos
elementales de defensa en la "justicia" provincial y nacional.
También se nota la falta de información a las familias
sobre el estado de los expedientes donde se involucran a sus familiares.
No hay que saber mucho de jurisprudencia para darse cuenta muy rápidamente
de groseras irregularidades en los expedientes judiciales y en todo lo
que hace a la actuación de la policía de Chubut y los jueces
que intervienen en las causas, como el lamentable caso del magistrado
de Esquel, doctor Colabelli.
Con todo y pese a todo, en el 2003 se realizaron
tres marchas del silencio en Esquel y dos en El Hoyo. Existe también falta de información
a las familias sobre el estado de los expedientes. Esta es una síntesis
de los casos que se conocen públicamente y por los que se reclama
investigación y justicia:
1) FRANCISCO MELINAO, asesinado en Travelín
el 6 de septiembre de 1997.
2) RAÚL NÉSTOR MARILLAN: asesinado
en Esquel en 1 de enero de 2001.
3) WALTER ARGENTINO FLORES: asesinado en Esquel el 13 de julio de 2001.
4) HERMENIGILDO RIVERA: desaparecido en
Gobernador Costa el 27 de agosto de 2001, y posterior aparición
sin vida el 26 de marzo de 2003.
5) MÓNICA HORTENCIA VILLAGRAN y LUCÍA
CANDELARIA VILLAGRAN, (madre e hija menor de 7
meses), el 29 de 3 abril del 2002 en Corcovado. Desaparecidas.
6) SILVIA HOPKINS, asesinada el 24 de junio de 2002. 7) VICTORIANO MELLADO:
asesinado en Esquel el 9 de febrero de 2003.
8) NÉSTOR SAMUEL FLORES: asesinado
en Esquel el 3 de agosto de 2003.
9) GUMERSINDO VERGARA: Encontrado sin vida
en el calabozo, al día
siguiente de su detención, en la comisaría de El Hoyo
los primeros días de septiembre del 2003. (se verificaron signos
de tortura en su cuerpo, hay fotografías), después de haber
denunciado apremios ilegales de los que fueron víctimas dos de
sus hijos. La policía informó que fue encontrado ahorcado
alegando suicidio.
10) Desalojo compulsivo de familias mapuches,
a quienes se destruyó la
vivienda, a raíz de una resolución judicial derivada de
una presentación efectuada por persona que no acreditó derecho
sobre las tierras.
Las familias afectadas son: FERMÍN, CURIÑANCO,
CHEUQUETA, RUA NAUELQUIR, en Vuelta
del Rio, Leleque y Aldea Epuref, octubre de 2002 y marzo de 2003.
Un comentario especial merece el caso de
intimidación de que
es objeto el abogado defensor de la familia Vergara, el Doctor CRISTIAN
HENDRICKSE, quien sigue teniendo persecución policial y amedrentamiento
a través de un medio local, lo que motivó en su momento
que debiera mudarse por más de un mes a El Bolsón, en Río
Negro.
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