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Pueblo mapuche y globalización económica
La reconquista neoliberal
La situación de la nación Mapuche
ilustra el efecto depredador de la globalización económica
sobre las comunidades locales indígenas y al igual que en
otras situaciones la integración de la economía chilena
al circuito de la economía de mercado global ha devenido
en resistencia de las comunidades locales. Es así que la
temática Mapuche adquiere relevancia internacional.
Por Jorge CALBUCURA
Hace algunos días atrás recibí
la invitación para exponer sobre nuestro pueblo en la conferencia
alternativa denominada La Otra Voz sobre el genocidio, terror
y derechos humanos. Se organiza, paralelamente al evento oficial
denominad Foro Internacional de Estocolmo para la Prevención
del Genocidio: Previniendo el genocidio- Amenazas y responsabilidades
que se lleva a cabo en Estocolmo, Suecia. Participan 58 estados.
Es decir, se estima una considerable cobertura de prensa internacional
y global.
Por nuestra parte, los organizadores de la
conferencia alternativa me han solicitado exponer sobre el caso
Mapuche y al recorrer mentalmente los hitos sobre los que versará
de mi exposición no puedo dejar de reflexionar en torno a
las particulares circunstancias en las que transcurre el denominado
conflicto mapuche. La destacada presencia de protagonistas
cuyos actos exceden el marco de atribuciones nos lleva a concluir
sobre lo habitual que es que la realidad cotidiana se perfile como
más absurda que la realidad literaria.
Me refiero a Juan Agustín Figueroa
Yávar y sus declaraciones publicas en los medios de prensa
chilenos. Con un abultado currículum vitae, característico
-por lo demás- de la nomenclatura política criolla;
-abogado, latifundista, profesor de Derecho Procesal de la Universidad
de Chile, militante del Partido Radical, presidente vitalicio de
la Fundación Neruda, ex Ministro de Agricultura del gobierno
de Patricio Aylwin y Ministro del Tribunal Constitucional (creado
por la dictadura militar en 1981)- Deben pagar por los pecados
de su comunidad (aludiendo a nuestros lonko Pichún
y Norín), se expresa de la siguiente forma; El pueblo
Mapuche debe ser asimilado definitivamente al ciclo económico.
Los indígenas deben reciclarse a la sociedad mayor.
Se debería repetir una moderna pacificación
de la Araucanía". Las declaraciones presidente vitalicio
de la Fundación Neruda ayudan a la reflexión, ya que
nos facilitan acceder a la lógica que fundamenta la usurpación
del territorio indígena en el periodo post-dictadura. Y por
otra parte, es la radiografía del proyecto social que inspira
a la elite política del Chile contemporáneo.
Aprovechando las ventajas que brindaba las
circunstancias de la guerra fría la dictadura militar gestionó
la integración de la economía chilena al circuito
de la economía de mercado global. Ceñida a estas premisas,
los administradores de turno del estado les ha correspondido mantener
firme el timón en función de asegurar el curso trazado
por el proyecto neoliberal. En este país la imposición
de la agenda neoliberal ha desvelado los aspectos más brutales
la globalización económica.
Desde perspectiva indígena la globalización
económica irrumpe como un factor de desintegración
del orden establecido; ya que rompe el balance establecido entre
Estado liberal y las minorías indígenas. Dicha ruptura
establece una nueva divergencia; donde por un lado se sitúa
pueblos indígenas, derechos colectivos y territorialidad,
y por otro lado, globalización, consorcios transnacionales
y Estado. En esta nueva situación el movimiento indígena
a nivel mundial se emplaza en un plano de contienda local y global.
Tal como se manifiesta en el caso chileno la cuestión central
tiene que ver con los mecanismos legales que habilitan a los Estados
nacionales, para facilitar el acceso e incursión de los consorcios
transnacionales en territorio definido como indígena.
En el caso de la nación Mapuche en
Chile la ruptura que he referido, es manifiesta con el advenimiento
de la dictadura militar; consecuentemente con la gestión
de la contrarreforma agraria y la privatización de las reservas
mapuche. Desde entonces perdura un cuerpo legal que habilita el
acceso de los consorcios transnacionales en territorio indígena.
La brutal incursión de las transnacionales en territorio
indígena no obedece a ningún propósito sofisticado,
sino que la legalidad vigente responde a un raciocinio pragmático;
la integración de la economía chilena al circuito
de la economía de mercado global. La enajenación de
nuestro territorio y el total deterioro del ecosistema es el precio
que nos corresponde pagar en este proyecto neoliberal. Esto, bajo
la modalidad legal de creación áreas geográficas
destinadas al monocultivo y posteriormente cedidas en concesión
al mejor postor. Todo esto bajo el libre antojo y criterio de los
administradores de turno del aparato estatal chileno.
Mediante este mecanismo; durante el gobierno de la concertación
vía decreto ley, se ha transformado un área de cercana
a las 900 mil hectáreas de mar; en zona de acuicultura; es
decir destinada a la industria salmonera. Similar al procedimiento
que utilizo la dictadura; al consignar alrededor dos millones de
hectáreas para el monocultivo forestal. En ambos casos el
proyecto comprende territorios originalmente indígenas Mapuche.
Es así que las aproximadamente 500
mil hectáreas en las que se aglomeran las 2000 reservas indígenas
Mapuche han sido transformadas en un archipiélago emplazadas
en un gigantesco océano de monocultivos. Los habitantes de
las reservas indígenas mapuche del sur de Chile experimentan
una dramática alteración de su ecosistema. El bosque
artificial seca sus esteros y pozos, los aísla geográficamente
y contamina el suelo. Los comuneros Mapuche de las reservas de las
zonas de bosque nativo, confrontan procesos judiciales por no disponer
de documentos que acrediten la propiedad de la tierras de sus reservas
y bosques. De acuerdo con nuestras estimaciones un 70 por ciento
de las entidades territoriales mapuche son directamente afectadas
por el impacto ambiental producto de la penetración de las
forestales y las empresas salmoneras.
Entre las regiones VIII y IX del Sur de Chile,
se concentran las plantaciones artificiales más grandes del
mundo. El monto de los ingresos de las exportaciones forestales
alcanza los US$ 2 billones por año. El sector pesquero y
de acuicultura - básicamente apostado en Chiloé insular-
genera US$ 2.000 millones anuales. La producción de salmón
en cautiverio se ha elevado casi en 50 veces en poco más
de una década lo que ha significado que Chile desplazó
a Noruega como principal país productor de salmón
en el mundo. En similares condiciones que a las de sector forestal
se destaca un reducido grupo de consorcios económicos que
controlan el 88% de toda la captura pesquera y el 90% de las exportaciones
de productos del mar de Chile.
La discrepancia que ha devenido en conflicto
se manifiesta en la disputa por el acceso a los recursos vitales.
Situación que no es extraña en las actuales circunstancias
de expansión de la globalización económica.
Tampoco es menos extraña la reacción de los comuneros
Mapuche cuando levantan la reivindicación por la defensa
del derecho a la vida. En términos específicos el
acceso diferenciado ha devenido en la verificación de la
correlación entre expansión forestal industria
del salmón e incremento de la miseria. En las zonas de monocultivo
forestal se concentran los más altos niveles de miseria y
pobreza de todo Chile y en particular entre los más pobres
de los pobres se encuentran las comunidades Mapuche. Valga de considerar
que en nuestro territorio se genera la riqueza de los más
ricos entre los ricos de Chile.
La situación a la que se enfrenta
la población Mapuche en su territorio nos confronta con el
hecho que áreas consideradas como parte patrimonio de los
"comunes", disponibles para toda vida, se convierten en
parte del sistema de comercio global. Esta problemática,
desde hace un tiempo ha dado curso a un debate respecto definición
y reformulación de conceptos tales como soberanía,
territorio y territorialidad. Definitivamente no encauzamos en una
nueva vía de definición el discurso sobre la propiedad
jurisdiccional; establecido por el Estado nacional y los arquitectos
de la globalización económica. Este tema que para
el presidente vitalicio de la Fundación Neruda tan solo es
discutible desde la perspectiva de la evidente vigencia del
Estado de Derecho en Chile. adquiere connotancia de práctica
etnocida para la nueva legislación (o legalidad) global.
El uso del concepto etnocidio no es una construcción
retórica, es parte del derecho internacional. El primero
en adoptarlo a la situación político - social Mapuche
fue Mauricio Huenchulaf, que en su condición de director
de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
(CONADI) transcribió tal concepto en un informe sobre el
impacto de la construcción de la central hidroeléctrica
Ralko en la comunidad Mapuche-pewenche. Consecuencia de lo cual,
el 25 de abril de 1997 se le solicitó la renuncia de su cargo.
Desde la perspectiva del derecho global (entiéndase dicha
práctica como por ejemplo la vigencia y correspondiente sistema
de punición universal en caso de violación de los
derechos humanos) se considera que el Estado chileno lleva a efecto
una practica etnocida en contra de la nación mapuche.
Como práctica etnocida se contempla
el instar directa e indirectamente la extinción de los recursos
naturales y el deterioro generalizado de las condiciones de vida
de los comuneros del territorio Mapuche que conlleva el sucesivo
desplazamiento de lo Mapuche y de los Mapuche de sus territorios
ancestrales. La situación de la nación Mapuche ilustra
el efecto depredador de la globalización económica
sobre las comunidades locales indígenas y al igual que en
otras situaciones la integración de la economía chilena
al circuito de la economía de mercado global ha devenido
en resistencia de las comunidades locales. Es así que la
temática Mapuche adquiere relevancia internacional. Es así
como la resistencia Mapuche se gesta en un ámbito de contienda
local y global -al mismo tiempo-.
El saqueo de los recursos naturales del territorio
mapuche que con el aval del Estado chileno llevan a efecto las empresas
transnacionales generan miseria y deterioro del medio ambiente de
los comuneros mapuche. La lucha que libran aquellos que activamente
exigen mejores condiciones de vida, justicia y libertad para nuestro
pueblo los confronta con la represión y persecución.
En los Tribunales Civiles y Militares de Chile cientos de comuneros
mapuche son procesados por diversas causas relacionadas con la recuperación
de las tierras ancestrales y más de una veintena de dirigentes
políticos mapuche se encuentran recluidos en las cárceles
de Angol, Concepción, Lebu y Temuco. En todos estos casos
los tribunales de justicia de Chile aplican selectivamente el cuerpo
político-jurídico heredado de la dictadura militar;
la ley de Seguridad Interior del Estado y la Ley Anti-terrorista.
Hay que asumir que ante nuestros ojos se
lleva a cabo la revolución blanca; la globalización
económica neoliberal. Hay que asumir que ésta no genera
desarrollo económico ni bienestar y hoy representa el mayor
peligro para la soberanía de las comunidades humanas y su
ecosistema. Con el desmantelamiento del Estado, la globalización
económica ha eliminado la plataforma de alianza entre capital
y la política; dejando definitivamente sin vigencia el proyecto
del Estado de bienestar social. La modernización en tanto
aspiración de desarrollo integral y democrático no
figura en la agenda del capital transnacional. El discurso de los
agentes del progreso, desarrollo y modernidad neoliberal
ha devenido en amenaza etnocida y ecológica; motivando una
actitud generalizada de rechazo del movimiento indígena y
de amplios sectores de la sociedad.
Frente a esta situación a la sociedad
civil no le queda otra alternativa que activamente salir en la defensa
de la democracia, los derechos humanos y sociales. Nuestro desafío
atraviesa por reivindicar una lucha política global donde
diariamente se libra el combate por la madre tierra, por la relación
sustentable con ella y su biodiversidad. Nuestra aspiración
compartida con otros pueblos en nuestra situación es la de
considerar como valores vigentes en todas las relaciones humanas
los derechos sociales, el respeto a la diversidad y el derecho al
bienestar social.
Tanto en Europa y Estados Unidos las empresas
saben que el mayor capital es su buena reputación. Lo que
implica que -por ejemplo- la situación de derechos humanos;
materia que hasta ahora había sido delegada a los Estados,
ha sido tomada como una responsabilidad de la sociedad civil y compañías
. Nuestra aspiración compartida con nuestros aliados es que
en un mundo globalizado, no hay consumidores que permitan dobles
estándares. En el marco de este ámbito vale preguntarse
que explicaciones brinda la cancillería chilena sobre el
hecho que hasta el momento no se ha logrado la ratificación
por parte de los parlamentos europeos del "Acuerdo de Asociación
Unión Europea - Chile".
La agenda de la delegación diplomática
chilena estipulaba una ratificación rápida y expedita.
Se contemplaba una aprobación para el mes de mayo del 2003.
Vale considerar que en nuestra condición de la diáspora
Mapuche europea convocamos a una campaña internacional donde
llamamos la atención sobre el hecho que la puesta en práctica
de un acuerdo de esta naturaleza implica efectos irreversibles para
la existencia y bienestar de los pueblos indígenas de Chile,
en particular del pueblo Mapuche. Es hora de asumir que en un mundo
globalizado, al alero de las contiendas locales y globales se forja
una sociedad civil que no permite dobles estándares.
Durante la campaña electoral del actual
presidente de Chile; Ricardo Lagos, proclamó la necesidad
de "explicarles a los mapuche que el progreso para Chile lo
es también para ellos". Después de casi tres
décadas de "exitoso crecimiento económico"
de la economía chilena es posible concluir que el proyecto
de sociedad y particularmente el "progreso" que proclama
la elite política y económica chilena no genera ni
bienestar social ni democracia. Libre mercado y democratización
de la sociedad son incompatibles. El ajuste estructural neoliberal
ha revitalizado el modelo de desigual distribución de los
ingresos y de la riqueza (donde internacionalmente Chile ocupa un
lugar destacado), en la cual los indígenas hemos sacado la
peor parte.
El neoliberalismo es el fundamento
de la cohesión entre las elites del sur y el norte. Somos
testigos de la más grande convergencia financiera, tecnológica
y militar que se ha operado en la historia contemporánea.
Las elite militar, financiera y política se proyecta convencida
que la vía por la que transita es la única alternativa
y que la globalización económica es inevitable. Nunca
ha estado tan amenazada la sustentabilidad del planeta / Azkintuwe
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