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Poder Lafkenche y desafío electoral
en Arauco
Por: Luis Llanquilef Renequeo *
Poder local Lafkenche y desafio electoral
en las próximas municipales de la provincia de Arauco:
1. LA ALTERNATIVA LAFEKENCHE: ¿democracia
representativa o participativa?
Se aproximan en Chile, para el mes de octubre,
las elecciones municipales, con ello vuelven en Arauco las promesas
de campaña, los inconfundibles apretones de mano de alcaldes
y concejales -udis o concertación- encierran ofrecimientos
varios, todos hacen parte de la amplia gama de insumo electoral
que poseen.
Entre las comunidades Lafkenche de Tirúa,
Contulmo, Los Álamos y Cañete, vista por los alcaldes
en ejercicio como masa electoral, los fondos públicos se
disfrazan de proyectos, las Ferias costumbristas de verano sirvieron
para mostrar los futuros candidatos.
Los alcaldes mapuches, por su parte, aprovecharon
el momento para cortar cintas y repartir premios en inventados campeonatos
de Palin, sin importarles si esta ceremonia se desnaturaliza o no,
lo importante es mostrarse y posar para la foto.
Esta actividad electoral llegó a su
punto culmine cuando el propio presidente de la republica, Ricardo
Lagos, se quiso pagar el 10 de marzo 2004 en el sector Trawa-Trawa,
comuna de Puerto Saavedra, un llamado "encuentro histórico"
con los Lafkenche, para ello había repartido 45 millones
de pesos, sacado de los fondos públicos, con esos recursos
los alcaldes costeros efectuaron 9 encuentros sectoriales, todo
eso para que se le redactara una propuesta sobre el borde costero.
En esta ocasión, numerosos fueron
los peñis que legionariamente siguieron hasta el sector de
Trawa-Trawa a los alcaldes mapuche de la costa, los que para esta
operación recibieron el apoyo del mejor "funcionario"
que tiene la CONADI en la zona, el Consejero Nacional de la VIII
Región.
Todos aquellos que pudieron escapar a esta
primera redada, fueron encausados en segunda oportunidad y con mano
de hierro por los promotores del programa Orígenes.
Lo concreto es que el publicitado encuentro
electorero fracasó, según el Presidente Lagos, ese
día había en Santiago compromisos mucho mas importantes
para el país que cumplir.
De esta manera, fue entonces muy difícil
para los organizadores explicar esto a la gente, según los
asistentes, ese bochornoso momento de verdad dio para todo, unos
tristes, otros enojados, los mas decididos querían marchar
sobre Temuco, otros opinaban que lo mejor era cortar los caminos.
El final del asunto, que fue calificado por
todos de "humillación colectiva", término
en un mar de confusión y organizadores completamente sumidos
en la irresponsabilidad del utilitarismo, el que han tratado de
corregir estas ultimas semanas con una carta publica dirigida al
Presidente Lagos.
Después de esta desastrosa operación
electoral y ya con justa razón, numerosos son los dirigentes
de comunidades y asociaciones costeras que se están preguntando,
en Tirúa principalmente, ¿cuanto hemos avanzado en
el Lafkenmapu con alcalde mapuche?.
De igual manera y con miras a las próximas
elecciones, les surge una pregunta fundamental ¿se puede
seguir en la vía de la democracia representativa o hay que
pasar claramente aun proceso de afirmación e institucionalización
de la democracia participativa?.
Toda esta reflexión surge de la idea
que hoy ya no basta decir soy alcalde mapuche, para dirigentes de
base, ese rango del orden institucional chileno debe ser acompañado
de una practica que cambie la forma de hacer política local.
Y que esta se enmarque en una concepción en la cual se conciba
el municipio como un "espacio de resistencia" y de elaboración
de "políticas alternativas", y no como un centro
de poder en el cual solo se administren los planes y proyectos del
gobierno regional, el que siempre termina afirmando la dinámica
del poder económico global.
En el caso de los municipios mapuche de la
provincia de Arauco, de más en más aparece como incompatible
el principio democrático representativo en el cual han sido
elegido, con el principio democrático participativo que practican
las comunidades en sus propios territorios.
De esta manera, las posibilidades de oficializar
en el ceno de estos municipios los "Espacios territoriales"
como centro de la dinámica Lafkenche, no ha sido posible,
y eso porque estos espacios tradicionales no son coincidentes con
las atribuciones y responsabilidades que entrega la ley orgánica
municipal, menos con los instrumentos de planificación oficial,
verdaderos marcos de control de un municipio sobre la comunidad.
Es así como las alcaldías de
Tirúa y Los Álamos van quedando desvinculados del
nuevo marco territorial que sé esta generando, aparecen incluso
en franca contradicción con lo que de la base misma de una
comunidad se impulsa, como ser por ejemplo, el derecho, control
y acceso a la tierra, deseo generalizado de las comunidades para
afirmar territorialidad, pero que ninguno de los dos municipios
ha asumido como tarea prioritaria de su gestión.
En conclusión, estos dos municipios
al promocionar iniciativas exógenas, como son los proyectos
de desarrollo impulsados por los servicios del Estado, solo han
logrado que el patrón cultural nacional y el poder económico
anti-desarrollo sustentable, se perpetué, y de esa manera,
que las comunidades sigan siendo solo "objetos de desarrollo".
Si a esta situación comunal le agregamos
el "cliantelismo político" de los alcaldes y su
ciego deseo de "controlarlo todo", están terminando
por abortar el esfuerzo lafkenche de ser actor de su propio destino,
y en ese escenario, lo que están consiguiendo es desmovilizar
el Movimiento Identidad Lafkenche que todos hemos construido, apropiándose
de sus reivindicaciones autonomistas, pero en ningún caso
obrando para afirmarle sus propias experiencias, como por ejemplo,
el control territorial directo.
Por otro lado, el poder central santiaguino
a captado desde un principio este escenario, entonces, propulsa
como interlocutores de las comunidades Lafkenche y de su sociedad
civil a estas autoridades elegidas en el marco de la institucionalidad
chilena, lo hacen y planifican así porque saben muy bien
que estos nunca podrán oponerse al Estado de manera frontal,
podrán criticar y constatar, pero nunca cuestionar el funcionamiento
del aparato institucional, de hacerlo, significaría cuestionarse
su propia existencia.
Por eso, "replantear el rol de los municipios
de Arauco" parece ser una tarea primordial de lo local Lafkenche,
de igual forma que operar una nueva re-distribución del territorio
regional. Hoy es preciso definir nuevas regiones, crear nuevas comunas,
acompañando estas medidas con una propuesta de gobierno local
autonómico Lafkenche.
En Tirúa, muchos Lafkenche consideran
que las próximas elecciones municipales merecen esta reflexión,
consideran que hay que hablar, expresar y debatir sobre la nueva
relación que debe existir entre el hombre del mar y su territorio,
también sobre lo que significa la democracia representativa
de un municipio con primera autoridad Lafkenche, instancia que debería
entregar reconocimiento a los espacios territoriales y no suplantarlos
por una área de desarrollo indígena - ADI- como ocurrió
en el Lleu-Lleu, formula jurídica condicionada por la dinámica
del poder económico en ejercicio para dar cabida al modelo
que lo sustenta.
En este espacio territorial del Lleu-Lleu,
hoy convertido en ADI y colegiado por tres municipios, el de Tirúa
dirigido por un Lafkenche no-tubo reflejo de propuesta distinta,
tampoco fue capas de introducir como iniciativa propia lo que en
la propuesta Lafkenche se planteara, es decir, definirlo como espacio
territorial centro del ordenamiento comunal.
Fue así como este municipio prefirió
acomodar promotores -los que con seguridad serán los futuros
candidatos a la elección municipal de octubre- promocionar
consultoras, intercalar un consejero CONADI, agente completamente
inoperante en asuntos indígenas, prefirió afirmar
su municipio y los organismos de estado, prefirió en suma
que el plan ORIGENES instale su paternalismo mercantil con su cúmulo
de capital electoral que posee y que no son otros que los proyectos
coaptadores de comunidades y dirigentes, se prefirió en suma
pura y simplemente mercantilizar la vida Lafkenche de todas las
comunidades que rodean el Lleu-Lleu.
2. EN 8 AÑOS DE MANDATO: el limitado
alcance social del gobierno municipal tiruano.
Las contradicciones de la realidad local
con el centralismo global, ya sean regionales o nacionales, repercuten
y limitan los análisis del gobierno municipal tiruano sobre
su propia realidad, llegando a extremos altamente preocupantes.
Hoy, sus casi 10.000 habitantes y su 70%
de población mapuche no tienen un rumbo determinado, no existe
visión de futuro para los años venideros. Dentro de
este panorama, uno de los más nítidos aspectos de
dependencia del gobierno municipal con relación a la región
queda reflejado en las llamadas "cuentas públicas"
de la gestión municipal.
En estos documentos queda la evidencia que
lo que hasta ahora se ha decidido sobre los 629 Km2 de superficie
del territorio comunal, es obra de la intervención financiera
del poder central, los fondos invertido provienen todos del FNDR,
del MINEDUC, DIGEDER, de la JUNJI, CONADI, SERNAM, PRODEMU, INDAP,
SENAME, FOSIS, FONDADIS, etc.
Esto significa que después de 8 años
de mandato indígena - entre derecha y concertación
- ninguna primicia distinta de desarrollo y con ello de transformación
social de su sociedad aparece, al contrario, por el tipo de inversión
estatal que se realiza, la tendencia gira a una consolidación
del sistema mercantil, con ello, consolidación del marco
de dependencia del poder central sobre la realidad local.
A ámbito nacional, la comuna de Tirúa
adquiere su notoriedad cuando en 1994 elige - en esta era de transición
democrática - al primer alcalde mapuche de Chile, este hecho
será clave y fundamental para que la comuna sea intervenida
con mayor interés tanto por el poder regional como nacional.
Para la política pública, esta
era una oportunidad en oro, una posibilidad concreta a escala de
un territorio de poder aplicar sus disposiciones de "discriminación
positiva", focalizando recursos e instituciones con fin de
vencer, lo que Pinochet llamó, la frontera interior.
El gobierno municipal, por su parte, no fue
capas de aprovechar "los cien días de gracias"
conque cuenta todo poder cuando se instala, las orientaciones municipales
que consolidaran una acción social y política multicultural
no aparecieron, las medidas de interculturalidad no existieron,
lo que a significado que en 8 años de gestión, hoy
no se puede hablar de un verdadero encuentro de culturas, menos
de una recomposición identitaria que integren todos los aportes
culturales que aquí existen.
Este "lapsus identitario" quedo
en mayor evidencia y sé tensiono cuando la confrontación
de intereses económicos comenzaron a producirse en su territorio,
estos hechos le hicieron asumir aspectos de alta relevancia social
para los cuales la comuna no había sido preparada, aparecieron
entonces síntomas de nacionalismo, de populismo, de racismo,
en suma, fenómenos sociales que desde el gobierno municipal
no se supieron abordar y ello porque simplemente no se entendieron.
Otro aspecto que ha llamado la atención
en estos 8 años de experiencia indígena, es como el
poder regional sé ha situado para resolver la contradicción
que existe entre lo local y lo global.
En primer lugar, el gobierno regional se
ha ido basando en la situación socio económica de
la comuna, cuarta comuna más pobre del país, para
ir lenta y paulatinamente invirtiendo recursos que vayan creando
nuevas necesidades en la población, sabiendo que el municipio
por si solo no podrá responder, eso es lo que lo ha llevado
entonces ha tener que comprometerse en planes, proyectos y programadas
dirigidos desde Santiago o Concepción y en los cuales solo
se le asignado un rol pasivo de supervisor de lo que se planifica
desde arriba, pero que hábilmente se recupera en momento
electoral.
Otro aspecto manejado con habilidad por el
gobierno regional es la composición étnica de la comuna,
70% de población mapuche, bajo estas cifras se ha basado
una aplicación extrema de la "discriminación
positiva", la que atrae recursos que van con el tiempo coaptando
comunidades enteras, convirtiéndolas en objetos dependientes
del próximo proyecto o del programa estatal de CONADI y ORIGENES,
principalmente.
El abandono paulatino por parte del municipio
de una acción conflictual con el Estado ha significado una
paralización de algunos espacios territoriales Lafkenches,
ya sea en el aspecto generador de poder local o en el de planificación
de un desarrollo sustentable a escala comunal.
Por eso, algunas organizaciones comunitarias
que se han percato de este asunto, como la Asociación de
comunidades Pu-Lafkenche de sector Tirúa Sur, como la Corporación
de Desarrollo de Lago Lleu - Lleu en Tirúa norte o la Asociación
de campinistas Libko del mismo sector, han iniciado su propia planificación
territorial. En definitiva, esos aspectos nuevos, entre los que
se incluye el turismo solidario mapuche, la comercialización
directa de algas, etc., son planes de desarrollo local que condensan
los nuevos fenómenos sociales que las comunidades están
construyendo.
3. LA DISCRIMINACION POSITIVA; en Tirúa,
otra forma de racismo.
En lo inmediato, la municipalidad, al no
poder entregar respuesta apropiada a la dinámica local propuesta
por las organizaciones de base, solo han podido gatillar un fenómeno
de "racismo diferencia"l, el cual por su puesto pretende
institucionalizar y que de esa forma sea aceptado por todos.
Este tipo de "racismo de consideración"
permite en un plano local, nacional y regional, que un mapuche tenga
responsabilidades en la institucionalidad, hecho que se convierte
en una valorización de su procedencia y en una vitrina de
"éxito", de bienestar social y de superación
de la pobreza.
Este "racismo de interiorización"
publicita el hecho que todo mapuche puede alcanzar las mismas cosas
que el resto de la sociedad nacional, integrarse y asimilarse, dejando
de lado, como dice Sergio Villalobos, su arcaica identidad.
Pero en Chile nada es autentico, se copia
y reproduce lo que se hace en otras latitudes, como en el caso de
la "discriminación positiva", concepto que define
una serie de disposiciones que dan "trato preferencial"
a un determinado grupo de personas, consideradas como marginales
o pocos representadas en la vida nacional de un Estado.
La discriminación positiva en la que
se han inspirado los políticos chilenos se desprende del
concepto norte americano "afirmative action", medida que
en los años 1964 pretendía entregar a la población
negra, hispánica y amerindia - que sufría en Los Estados
Unidos de Norte América un racismo y segregación institucional
- el mismo derecho y oportunidades que tenían todos los americanos
blancos.
En Chile, la "discriminación
positiva" pretende dar en el marco político del actual
gobierno "vivir con igualdad" las misma oportunidades
a los mapuches que al resto de la población chilena.
Desde esta perspectiva, se puede entender
la inmensa preocupación del poder regional por focalizar
inversiones y recursos prácticamente de todas sus instituciones
y organismos hacía Tirúa.
Pero el asunto es aún más importante
para el gobierno central, ya que desde 1996 quien dirige la comuna
es un mapuche y muchos de los funcionarios que trabajan con él,
lo son también. Desde esa ángulo, esta es una oportunidad
única del gobierno de la concertación para demostrarle
al país que al mapuche se le puede domesticar, integrándolo
al sistema y a la comunidad nacional. Y de esta forma, alejarlo
definitivamente de posturas extremas, de su deseo de libertad, de
cambio social, de su identidad, de su filosofía de vida,
etc.
¿Pero que significa integración
a la vida de la republica?, ¿Ser funcionario municipal sumiso
al poder central?, ¿Abandonar sus postulados y cultura?.
Sin dudas que este es un buen debate que el marco tiruano debe realizar,
que los mapuches insertos en el sistema comunal deben realizar,
ya que la "discriminación positiva" ha significado
hasta hoy día, desde le punto de vista de las autoridades
nacionales, integración a un sistema de valores que promueve
la economía mercantilista de la tierra, del mar de su costa
lagos y riveras, etc.
Para numerosas comunidades, la contradicción
de su realidad con el sistema valórico global, es elocuente,
no parece así el caso para el funcionario mapuche de la municipal,
el que por primera ves se avisto tratado de " don", desde
aquí se desprendería entonces él desfase y
alejamiento del poder municipal con su base y territorialidad, y
desgraciadamente cuando este existe, es solo utilitario.
En Tirúa, los 8 años de gobierno
local han demostrado que la integración en el marco de una
"discriminación positiva", para un mapuche, es
una arma de doble filo. Primero, porque es promovida por los no-mapuche
como una "medida preferencial", pero sin considerar que
esa medida genera, por sobre el chileno en general, un criterio
de favoritismo.
Que en segundo lugar, esa reacción
visceral de un pobre poblador chileno, tan pobre como cualquier
mapuche, cuando dice "porque todo es solo para los mapuches
cuando nosotros también somos gente", es la consecuencia
real de un doble fracaso, el del poder municipal que no fue capas
de construir una nueva identidad. Y por otro lado, el del estado
fracaso y su política de discriminación positiva.
Esta falencia del poder municipal que se
constata en su imposibilidad de construir nuevas referencias identitarias
y de dar una nueva interpretación a su territorialidad -
en el cual no deben existir privilegios- estancan el nacimiento
de un germen llamado desarrollo durable y con ello la opción
de una vida distinta, autónoma y propia.
Este panorama, este balance de la gestión
de un Alcalde mapuche debe ser el eje de discusión del mundo
Lafkenche, no para dejar la pista abierta al lavinismo pinochetista,
pero tampoco para seguir cobijándose bajo el sombrero concertacionista,
sino para iniciar un camino propio y autónomo como movimiento
político Lafkenche.
*Sociólogo
Centro Kimun Amuy de Cañete -
Quidico, abril 2004
corpkimun@yahoo.com
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