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Justicia a la chilena y herencia de una dictadura

Crest le 28 octobre 2003

Por Elsa Pépin *

Lyon el 28 de Noviembre 2003 dans le cadre de "Chili 30 ans après" organisé par Al sur, CCO, France Cuba, La licorne et la Mauvaise Graine.

3O años después del golpe de estado militar del 11 de setiembre de 1973, me hubiera gustado aceptar esta invitación para poder hablar con ustedes de un Chile democrático, de un Chile donde les derechos humanos fueran respetados, de un Chile justo y con una sociedad civil dueña de su destino. Me hubiera gustado decirles que la justicia chilena se les hizo a los miles de exiliados, torturados, ejecutados y detenidos desaparecidos. Decirles por fin, que los torturadores pagaron por sus crímenes, o mejor aun, me hubiera gustado no tener que hablar de todo eso.

Pero si estoy aquí, esta noche, es porque no les puedo decir nada de todo esto. Hablar de Chile "objetivamente" es una tarea difícil porque los traumas existieron , y todavía, existen.

Si bien ningún investigador en ciencias sociales es objetivo, puede por lo menos ser consciente de su subjetividad relativa. Es lo que voy a hacer esta noche, y para aclarar el eterno debate de la objetividad, diré que mi trayectoria fue siempre con los Chilenos y que entonces lo que yo pretendo no es "echarles una mirada a los chilenos", y por lo tanto me reivindico de los métodos de la etnometodología.

Mi terreno de investigación y de reflexión son las poblaciones pobres y las comunidades Mapuches, no puedo entonces hablar con mucha erudición de la burguesía chilena, aunque me fue dado conocerla e incluso tratar con ella de vez en cuando.

El Chile de la transición llamada democrática no me parece ser sino un simulacro de democracia, ya que los civiles no son dueños de su destino y que los detenidos desaparecidos siguen vagando por esta tierra, sin sepultura decente ni tampoco reconocimiento alguno de su calvario. Que la justicia que se les debiera hacer todavía no la tienen mientras que sus torturadores viven tranquilos. Estos constatos, que cualquier persona puede hacer, se inscriben en contradicción con el concepto de democracia.

Un eslogan de la conmemoración del 11 de septiembre decía: "1973/2003, 17 años de dictadura, 13 años de traición". Sin duda no existe mejor resumen de la situación actual de Chile, y vamos a intentar desmostrarles por qué con el poco tiempo de que disponemos.

De los 17 años de dictadura sabemos hoy, bastantes cosas, pero de los 13 años de transición "democrática", sabemos mucho menos y no es una casualidad.

Si es difícil disimular una dictadura sangrienta y que produjo miles de exiliados, es mucho más fácil disfrazar de democracia una sociedad híbrida, como es la sociedad chilena actual. Sociedad híbrida, en este sentido que es parecida a un animal mutante, la sociedad llamada democrática de hoy podría representarse con un animal de dos cabezas, de un lado un rostro normalizado y que se dice democrático, el rostro de la concertación, del otro una figura brutal e insolente, la figura del gobierno militar que se disimula detrás de este rostro sereno.

Pero en cambio, ese animal híbrido, está dotado de un solo cuerpo y es el cuerpo social de la represión, que actua para recuperar una palabra histórica "en la medida de lo posible", y no tenemos otro remedio sino constatar que en términos de represión, lo posible es una noción muy extensa cuando se trata de arremeter contra los oponentes, sean mapuches o chilenos, pero muy estrecha cuando se trata de hacer la justicia, o de luchar contra la impunidad.

También "en la medida de lo posible" los varios gobiernos de turno de la concertación negociaron con los militares y es alrededor de esta negociación que se articula el debate, ¿se trata pues de una real negociación, o de un acto deliberado de traición ? Y la historia de tal negociación, de la que pensamos que se trata más bien de una manipulación democrática, empieza en 1989.

Fuera de Chile, sólo la detención de Pinochet nos permitirá comprobar los hechos más contundentes. Si Pinochet fue detenido en Londres fue por denuncias efectuadas desde Chile por "crímenes contre la humanidad", pero también por denuncias puestas a nivel internacional por franceses, españoles, europeos. Los detenidos desaparecidos son chilenos en su gran mayoría, pero son también internacionalistas como lo fueron el gobierno y la política de la Unidad Popular.

La movilización que se levantó a raíz de la detención del general reúne pues lógicamente a exiliados chilenos pero también a militantes de los derechos humanos del mundo entero. Y el gobierno de la concertación fue también citado, dentro de este contexto, para participar en el debate.

Esta vez el gobierno no puede zafarse, como suele hacerlo casi siempre, porque el problema salió de su terreno habitual. El gobierno entonces va anegociar con los militares y participar en el debate. Pero contra toda previsión, no se limita a participar sino que toma abiertamente posición, y toma posición en favor de Pinochet, sabiendo perfectamente, al negociar su regreso a Chile, que nunca será juzgado si regresa a la tierra chilena. Y hoy, la historia lo demuestra.

Cuando vuelve a Chile, no esjuzgado, ni siquiera amenazado, pone el pie en el territorio chileno como un vencedor con el respaldo del gobierno democrático, el cual invoca una soberanía nacional que nunca fue amenazada, ni cuestionada.

Y tal episodio no brota así, en la historia de Chile, por sorpresa o por casualidad. Es el resultado de un proceso, el famoso proceso de la transición democrática. En 1989, cuando Particio Alwyn encabeza la concertación, la presión de las familias de detenidos desaparecidos es tan fuerte, las protestas tan frecuentes, Chile está tan traumatizado por su sangrienta historia, las heridas quedan aún tan dolorosas, que no puede hacer menos de abrir un camino que debería llevar a Chile hasta una mayor verdad y justicia.

Entonces se constituye, pues, la comisión Rettig "verdad y reconciliación" que va a investigar sobre el destino de los detenidos desaparecidos. Ella investiga y publica sus resultados así como algunas recomendaciones, dentro de las cuales, el reconocimiento de los detenidos desaparecidos. Eso es lo que provoca la construcción del monumento a los detenidos desaparecidos en el cementerio de Santiago y también la búsqueda de la verdad. Empieza entonces el gran discurso sobre la reconciliación y cuando Chile pide justicia, el primer acto simbólico de la concertación es sustituir a la palabra justicia la palabra reconciliación.

Pero ¿quién va a reconciliarse ?

¿ Las víctimas y sus verdugos, los militantes revolucionarios y los fascistas ?
¿ Los torturadores y los que fueron heridos en sus cuerpos y en su ser íntimo?

Y¿ reconciliar para qué ?

¿Cuál es el proyecto político ?

La reconciliación en nombre de la Unidad Nacional, nos contestan.... Un poco de seriedad. Nadie puede creer que en nombre de la unidad nacional, los militantes que lucharon en contra del fascismo naciente en la Unidad Popular y que pagaron con sus vidas por esta lucha, o sus representantes, o los que siguen todavía en vida y continuan la lucha vayan de repente a plantear un gran proyecto social con sus verdugos.

Quien dice reconciliación dice perdón, no puedo reconciliarme si no perdono el mal que me hicieron, el dolor que me infligió el otro, pero ¿ quién pide perdón en Chile, hoy ? Nadie

Los torturadores enfatizan proclamando con voz alta y fuerte que "salvaron el país del caos" y "que si hubiera que hacerlo de nuevo, ellos volverían a hacerlo" e incluso algunos comentan con mucho cinismo "sí, pero entonces lo haríamos mejor". Así que es imposible creer en la reconciliación como vector de un proyecto social, y no vamos a insultar la concertación tomando a sus dirigentes por unos imbéciles, pero tampoco podemos creer que sean tan idealistas.

Pues lo que pasa es que la reconciliación nacional disimula otro proyecto, y este otro proyecto es la impunidad, porque eso sí, es negociable con los militares. Y se trata de una impunidad sin moneda de cambio.

Pero estos mismos dirigentes que están negociando la paz social a costa de las víctimas, estos dirigentes que remiten a las familias al silencio, también a los amigos de los detenidos desaparecidos y que hacen la apuesta terrible de reconstruir un Chile sin Historia, entonces sin porvenir, no están obligatoriamente muy a sus anchas en el cuento.

Algunos son ex amigos, compañeros de lucha de los mismos desaparecidos, entonces a la manipulación se añade la culpabilidad, culpabilidad por "vender su alma al diablo" como dicen los franceses, culpabilidad por traicionar asu gente, culpabilidad respecto a su papel histórico.

Entramos entonces en un sistema perverso, por una parte "hacer regalos" para aliviar su conciencia, por otra parte responder a las exigencias de los militares, y además por supuesto, reforzar el poder adquirido y conservar el puesto, con todos los beneficios que ello supone, porque la atracción del poder no se puede pasar por alto en la situación actual.

Entonces la primera medida consiste en repartir dinero al mismo tiempo que asoman los primeros discursos sobre las indemnizaciones, discursos que van evolucionando con los años, pero no cabe duda que el mejor de todos estos discursos y el más elaborado es el último que Ricardo Lagos pronunció el mes pasado, puesto que introduce escalones en el sufrimiento, evaluando el monto de la compensación, describiendo los distintos tipos de sufrimientos, atribuyéndoles una remuneración.

Cito :

Incrementar en un 50 por ciento el valor del conjunto de las pensiones vigentes.

Establecer como nuevo beneficiario al padre, en caso de haber fallecido la madre o en caso de renuncia de la misma.

Incrementar entre un 15 y un 40 por ciento el monto del beneficio para la madre o el padre de hijos naturales.

"Crear, una vez por todas, un bono de ascendente por una cantidad de 10 millones de pesos por cada hijo matrimonial o natural si es que nunca recibió beneficio alguno" y luego " se excluye de este beneficio a los hijos que ya perciben una pensión vitalicia por invalidez. Este bono deberá solicitarse dentro de un plazo de 12 meses. Los hijos que perciban este beneficio no podrán solicitar la pensión por invalidez cuando ésta se consiguió con anterioridad a la fecha en que se recibió el bono"

Y tan surrealista y sórdido cálculo se dilata sobre páginas y páginas. Estas medidas podrían ser justas, porque todos saben en Chile que las familias de las víctimas de la dictadura viven en la miseria, y que esta miseria resulta también de una discriminación sistemática impuesta por la misma dictadura. Pero estas medidas no surtirían un efecto tan escandaloso si no se sumaran a otros medidas que apuntan a resolver el problema de la justicia para los detenidos desaparecidos, o por lo menos así lo pretenden. En las primeras propuestas de las medidas que contempla el discurso de Ricardo Lagos es donde aparece la real estrategia de negociación de la concertación. Ella resalta muy a las claras cuando nos dice por ejemplo :

"Consideramos que ética y jurídicamente, no todas las responsabilidades son iguales.

Hay situaciones en las que la capacidad de decisión de las personas se encuentra notablemente reducida o prácticamente anulada.

Hay circunstancias en las cuales unas personas subordinadas operaron bajo el temor a las represalias que pudieran poner en peligro sus proprias vidas, o en un estado de ignorancia insuperable, y no han sido capaces de atender cabalmente las consecuencias de sus actos. Si estas personas están dispuestas a cooperar con la verdad y la justicia, parecería lógico contemplar una penalidad menor o incluso nula para ellas, una vez establecida la verdad".

Así, antes de que la justicia abra el sumario, aquí está el gobierno dictándole su conducta y poniéndole muy claro que si ellos (los torturadores) dicen la verdad, se cierra el proceso.

Y luego sigue "Otorgar la inmunidad penal a quienes, sin que sean imputados ni procesados, se presenten voluntariamente ante los tribunales de Justicia y proporcionen informaciones fidedignas, efectivas y comprobables acerca del paradero de la víctima o de las circunstancias de su desaparición o muerte".

En claro, esto significa: digo que asesiné, digo dónde, y cómo, tal vez y sólo si me agrada, pero no digo por qué, y una vez cumplido este acto heróico, me libro de las barbaridades que cometí y salgo intachable.

¿Qué mejor incitación para continuar? Y si la justicia se adentra en este camino perverso, podemos preguntarnos hasta dónde llegará ? Cada uno puede entonces matar, asesinar, torturar, si luego acepta decir dónde y cómo hizo desaparecer a las víctimas. Y para que quede más claro, si puede ser, Ricardo Lagos añadía hablando de los mandatarios de la tortura :

"Reducir o conmutar las penas aplicables a los cómplices y encubridores que, después de habérseles imputado responsabilidades y antes de dictaminar la sentencia final, entreguen al tribunal respectivo antecedentes o pruebas que sirvan eficazmente para determinar los hechos o individualizar a quienes participaron en ellos o qué fue de los detenidos desaparecidos o de los ejecutados cuyos restos no han sido entregados".

Conmutar las penas, reducirlas, cuando sabemos, que mientras se pronuncia este discurso sólo un 5% más o menos de los torturadores fueron juzgados, que sus penas fueron efectuadas en unas condiciones excepcionalmente confortables y también que las sentencias no tuvieron ninguna relación con la gravedad de los hechos cometidos.

Comprobamos aquí que "la medida de lo posible" es extremadamente extensa por lo que se refiere a la impunidad. A finales de cuentas, se trata de obtener algunas informaciones, no muy relevantes, ya que no habrá investigaciones sobre todo lo que se refiere al secreto militar, para encontrar algunos cuerpos y luego terminar definitivamente con eso.

Nada entonces, sobre el por qué de estas abominaciones, nada sobre el sistema general planteado en Chile y que pronto será un modelo en américa latina. Nada tampoco que pueda permitir decir algún día: Chile cayó en el horror pero pasó la justicia.

¿El honor de las víctimas ? Ricardo Lagos nos contesta : "crear y preservar una cultura de los derechos humanos supone también la intervención de artistas y creadores, quienes con sus obras, nos ayuden a visualizar mejor la profundidad emocional del drama que hemos vivido".

Pero ¿ trátase realmente de "visualizar mejor la profundidad emocional del drama que hemos vivido" ?

¿Y quién es este NOSOTROS ?

Los torturadores no vivieron el drama, entonces ¿qué es lo que se debe visualizar ?

¿No sería más importante transmitir la historia auténtica a las generaciones futuras para que NUNCA MAS ?

Visualizar es una vez más remitir al campo de la emoción y del sufrimiento, pero quien dice emoción dice también interpretación, y cada uno, frente a estos 136 monumentos, va a poder seguir contando la historia que le conviene, porque en esta obras artísticas no vamos a encontrar más que unas figuras resultantes de unos actos políticos programados, planificados y puestos en práctica con una crueldad monstruosa.

Es partiendo de una verdad establecida que el artista puede transfigurar y crear, pero hacer caso omiso de esta etapa del establecimiento de los hechos, significa una vez más que el gobierno chileno de turno escapa de su responsabilidad histórica .

Ultimo comentario sobre este discurso: hay que darse prisa. Al leer el texto, nos preguntamos ¿ por qué después de 13 años de gobierno, la concertación está tan apurada por terminar con los detenidos desaparecidos ? Ella dice que hay un plazo de un año para poner denuncias y pedir reparación, un año para realizar este simulacro de justicia y conceder así la impunidad a los torturadores.

¿Y por qué tanto apuro ? ¿ Acaso pensaría mal quien caería en la cuenta de que con la próxima llegada de las elecciones, cuanto más rápido se acabe con ESTO, mejor?

O tal vez la desaparición pronosticable de Pinochet y la destabilización social anunciada que provoque debe arreglarse antes, para que los militares sigan gestionando la tierra chilena con las multinacionales ?

O sería simplemente porque los detenidos desaparecidos debilitan a la clase política cuyas opciones podrían ser muy parecidas a la traición y al engaño ? Les dejo el encargo de responder a esta última pregunta.

¿ Qué incidencias tienen las políticas gubernamentales que acabamos de describir sobre las formas de mobilizaciones actuales en Chile?

Si todas las movilizaciones que se desarrollan en Chile, desde la supuesta transición democrática, no tienen un vínculo directo con el problema de los detenidos desaparecidos, podemos al contrario afirmar que se desarrollan dentro del contexto de impunidad que acabamos de describir.

Si nos referimos a las más radicalizadas de ellas, también podemos decir que son la herencia directa de un país que habla mucho de reconciliación sin contestar nunca a las demandas legítimas de las víctimas acerca de la violaciones de los derechos humanos que incluyen el derecho a vivir con dignidad.

Si un objetivo fue logrado por la dictadura, es la desorganización total de la izquierda chilena, con el exterminio, el exilio, o la tortura de los oponentes, la dictadura redujo considerablemente la influencia de la oposición en este país. Basado sobre el terror, este sistema redujo al silencio un buen número de dirigentes, pero también introdujo un sistema económico ultra liberal cuyo peso influye mucho en la balanza de las luchas en Chile.

Al igual que en cualquier país de américa latina y del mundo, la sociedad que se impuso en Chile es una sociedad de consumo y de individualismo. En tiempos de la transición, las promesas fueron numerosas por mejorar el nivel de vida de los chilenos, y podríamos decir, que de una cierta forma, poco a poco reapareció en Chile una clase media. Pero, hay que interrogarse sobre la realidad de esta clase media, porque casi todos sus beneficios que son únicamente materiales, se compraron a crédito y los chilenos viven con una tasa de superendeudamiento que supera ampliamente el equilibrio económico de un país estable.

Y si una pequeña cantidad de chilenos logró beneficiarse de este relativa mejora de su nivel de vida, los chilenos pobres, quienes representan a más del 40% de la población chilena, vieron su situación estancarse o deteriorarse.

En una entrevista, un ex ministro de la Educación, el Señor Molina declaró " Si usted habla de chilenos que no se beneficiaron del crecimiento, usted está hablando de otro Chile". Y podemos considerar que efectivamente hay dos Chiles.

Nos fijaremos en el segundo porque representa un potencial de luchas seguramente más importante que el sector de la clase llamada media en Chile. Está compuesto de los personales de Educación que regularmente bajan a la calle para pedir salarios decentes y condiciones de educación convenientes, al igual que los personales de la salud y todos los funcionarios de nivel inferior.

En cuanto a los obreros, ellos viven bajo dos estatutos : los que son entre comillas privilegiados y que tienen un trabajo estable, con salarios muy bajos y condiciones de trabajo arcaicas, y los que llamaremos trabajadores pobres. Ellos, que representan más del 25 % de la población chilena, trabajan al día, cuando logran un trabajo. Un día de trabajo vale entre 1000 y 5000 pesos, porque no se puede hablar de verdadero trabajo sino de supervivencia. Segun el secretario de la OIT, Chile es uno de los países del mundo donde se trabaja más y donde también la repartición de las riquezas es la más desigual. Aproximadamente un 20% de la riqueza de Chile está repartida entre el 80% de la población. Por consiguiente, el empobrecimiento de la clase obrera tiene incidencias sobre las luchas sociales en Chile.

Luchar y organizarse en una situación de extrema pobreza es difícil. Existen entonces varios frentes de luchas, las luchas de las estructuras sindicales que, por muy complicado que sea el hecho de integrar un sindicato en Chile, son luchas reivindicativas y otras luchas más violentas y encabezadas por las poblaciones más marginadas.

Unas luchas que no son categoriales, pero, que actuan sobre problemas más amplios y llamados de sociedad. Es el caso de las luchas de apoyo a los presos políticos, de la lucha de los indios Mapuches por su autonomía y en contra de las multinacionales, luchas que envenenan la transición democrática desde 1992, y otras acciones que de nuevo se manifiestan, como las tomas de terrenos para los sin techo en Santiago, o en otra parte de Chile, y también las luchas estudiantiles, las cuales poco a poco se combinan con las luchas de los escolares y toman rápidamente, características de guerrilla urbana, consecuencia de la represión salvaje con la que se enfrentan.

Los movimientos sociales en Chile rápidamente plantean de nuevo el tema de la impunidad y los eslóganes se transforman en denuncias de las fuerzas policiales por asesinatos.

Desde la llegada de Ricardo Lagos al poder, la represión a la vez creció y se especializó. Reactivando las leyes de excepción elaboradas bajo la dictadura de Pinochet, sacó de nuevo a colación las leyes llamadas anti terroristas. En nombre de estas leyes los actos de rebeldía o de subversión son muy rápidamente calificados de actos terroristas. Así se califica de terroristas a los indios Mapuches que luchan en contra de las transnacionales o a los estudiantes chilenos que luchan por tener acceso a la educación o por conseguir que se juzguen los crímenes contra la humanidad.

En nombre de estas nuevas leyes, la represión en el sur de Chile ha vuelto a ser salvaje y no se pueden enumerar los heridos, los comuneros procesados, encarcelados, los actos de torturas praticados en las fiscalías de la zona. Los asesinos de ALEX LEMUN, joven indio mapuche asesinado de un tiro en la cabeza durante una recuperación pacifica de tierra, están todavía en libertad y las investigaciones se pierden en los meandros de la justicia militar.

Mientras tanto, los lonkos indultados en los juicios de los atentados terroristas fueron juzgados de nuevo por la justicia chilena, que canceló así la decisión del tribunal encargado del asunto para poder condenarlos a cinco años de cárcel. Esta vez no por atentado terrorista sino por "amenazas e intentos de atentados terroristas". De vez en cuando, la emergencia de estas luchas radicalizadas es tomada en cuenta por una parte de la clase obrera, sea la parte más precarizada, sea la más consciente y precarizada como los mineros de Lota que quedan sin recurso alguno a raíz de la desaparición de las minas, o la más consciente como los obreros de Valparaíso, los cuales se enfrentan regularmente con la represión y en una forma muy brutal.

La coexistencia de estas luchas radicalizadas con las luchas más tradicionales de los sindicatos es de vez en cuando difícil y la construcción de un amplio frente unitario para darle un impulso a Chile hacia más democracia todavía queda como algo lejano y complicado.

Los motivos de estas discrepancias aparecen claramente si nos fijamos en el análisis que hicimos del Chile de la post dictadura. Frente a un estado civil que actua bajo la mano de hierro de los militares, frente a unos ex oponentes a esta misma dictadura en busca de cualquier maniobra para lograr adaptar las leyes heredadas de un dictadura fascista y aplicarlas a la juventud, y a categorías de poblaciones cada vez más marginadas, que no tienen nada, ni en términos de futuro, tampoco en términos de proyecto social, y que están desengañadas desde hace mucho tiempo de los méritos de la negociación y frente a una justicia que sobrecarga a las víctimas y asegura una impunidad casi total a los criminales, ellos dicen no tener otra respuesta sino la de la ruptura y del enfrentamiento.

Por haber visto a sus padres intentando negociar y ser traicionados después, a los políticos pronunciando discursos para sacarle las lágrimas a uno mientras negociaban con los torturadores, por haber escuchado cantar en 1989 "todo cambió" y ver que 13 años después si algo cambió, para el pueblito chileno, el cambio fue de mal en peor, ellos buscaron otras formas de actuación social para reconstruirse un proyecto social colectivo, del cual afirman que será la herencia de los que lucharon 30 años antes y por eso murieron.

Son parte de estos miles de chilenos que no tienen más de 2000 pesos al día para comer y para quienes el acceso a la salud, a la educación y al trabajo es una lucha cotidiana y permanente.

Todos estos grupitos desarrollan desde hace tres o cuatro años talleres de teatro, grupos de música dan conciertos gratuitos en las poblaciones, hacen de nuevo murales, intentan reconstruir la historia auténtica de Chile paso a paso, con el objetivo anunciado de devolver a este país su pasado, su herencia, un proyecto colectivo. Haciendo el enlace con la lucha de los presos políticos mapuches y chilenos, exigiendo el juicio de los asesinos de ALEX LEMUN y realizando a veces actos que ellos consideran como actos de justicia, a través de las funas o denuncias de los criminales, ellos están imponiendo con una fuerza simbólica la presencia de algo muy parecido a la justicia, en este país que perdió hasta el recuerdo de ella.

De la misma forma, la lucha de los jóvenes Mapuches es una respuesta a los cientos de traiciones que sufrieron y ellos ya dejaron de esperar del gobierno chileno que liquidó sus tierras a todas las transnacionales de pasada, que tomó la decisión de inundar sus territorios sagrados, que los encarcela y persigue permanentemente, mientras asegura que tiene el mayor respeto por los pueblos nativos. Ellos ya no esperan recibir justicia alguna ni reconocimiento alguno de sus especificidades ni que se reconozca que este pueblo nativo es víctima de un terrible racismo de estado, menos aun que este gobierno le dé compensaciones por el brutal genocidio del cual fue víctima.

Si las formas de lucha de esta juventud chilena y mapuche molestan, destabilizan y cuestionan, tal vez sea porque nos remiten a una sociedad que nunca salió verdaderamente de la dictadura, que confundió sociedad de consumo y sociedad humana, que vive permanentemente en la denegación y en un consenso blando que mal disimula un drama que se está desarrollando desde hace treinta años.

En mi opinión y midiendo mis propias palabras, diré que la unidad necesaria para conseguir un real cambio en este país tendría que tomar en cuenta el conjunto de estos componentes de los movimientos sociales en Chile, para poder integrar a la vez estructuras de organizaciones eficientes, esa creatividad que hizo la fuerza del movimiento revolucionario chileno, y las exigencias de todos los que no son parte de la clase obrera clásica, porque ellos son excluídos por el sistema económico vigente, pero ellos también constituyen un componente ineludible entre los potenciales de cambio en Chile.

Lo que quiero decir es que hoy un número importante de militantes en Chile no se reconocen en las formas clásicas de resistencia, sean sindicales o políticas, y que sin embargo estos militantes representan a los más excluídos y a los más pobres de Chile. Sería necesario entonces que la izquierda chilena integre de una forma más abierta y más creativa las especificidades de las luchas étnicas, culturales y sociales, si quiere que este país recobre un día un rostro democrático. Es posible que este problema no sea específicamente chileno, pero se plantea con más agudeza que en otra parte del mundo, por razones históricas y también por los problemas que acabamos de exponer y que plantea la transición llamada democrática.

Terminaré con una frase de Ariel Dorfman, exiliado chileno que dice "Es bueno tal vez soñar con lo imposible, reivindicarlo a grito pelado. Puede ocurrir que la historia esté a la escucha y también puede ocurrir que conteste".

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(*) Investigadora en Ciencias Sociales y Présidenta de las Corporaciones "El Unicornio" y "Huilliwerken".

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