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Total intransigencia frente a la intolerancia
de la globalización neoliberal
Europa, diciembre 2002
Nuestro hermano Edmundo Lemun ha sido asesinado
por la policía chilena. Somos testigos de como se ponen en
práctica las maniobras de diversión y encubrimiento
tendientes a garantizar la impunidad de los criminales. Tenemos
que considerar que la única alternativa de justicia esta
en nuestras manos. Nos corresponderá la tarea de reunir los
antecedentes y de solicitar la intervención de la legislación
internacional en la esperanza que se aplique justicia.
En los Tribunales Civiles y Militares de
Chile más de doscientos comuneros mapuche son procesados
por diversas causas relacionadas con la recuperación de las
tierras ancestrales, una veintena de dirigentes políticos
mapuche se encuentran en la clandestinidad. El sistema judicial
vigente en Chile no garantiza la administración imparcial
de la justicia ni a mapuche ni a chilenos.
La arbitraria aplicación de la ley
antiterrorista en contra de los representantes políticos
y comuneros mapuche evidencia como los tribunales de justicia de
Chile se subordinan a un orden político-jurídico.
El enjuiciamiento del asesino múltiple; Augusto Pinochet
Ugarte, ilustra el grado de arbitrariedad que puede incurrir un
tribunal político-jurídico. Lo que para legislación
Internacional es delito de lesa humanidad es para la justicia chilena
impunidad.
La población mapuche registra los
mas altos índices de mortalidad infantil, cesantía,
y analfabetismo. El promedio de vida es 10 años menos que
el resto de la población chilena. La usurpación de
tierras mapuche por parte del Estado y particulares sigue sin resolverse.
La construcción de represas hidroeléctricas, vertederos
de basura, el tendido de carreteras a través de lugares sagrados,
la concesión de derechos de tala de bosque nativo y la concesión
de territorios a las empresas forestales evidencian que el Estado
chileno no garantiza la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
El Gobierno de Chile se niega a ratificar
el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la
Organización Internacional del Trabajo (O.I.T) de 1989. La
Comisión de Constitución, Legislación y Justicia
del Senado chileno, rechazó el reconocimiento de los pueblos
indígenas en la Constitución Política.
Han transcurrido casi una década desde
la promulgación de la ley No. 19.253 (5/10/93) sobre Protección,
Fomento y Desarrollo de las Etnias Indígenas de Chile emanada
del Pacto de Nueva Imperial (1/11/89). Pocas veces en la historia
legal se ha testimoniado una tan flagrante violación de los
principios enunciados en un texto legal. La experiencia indica que
poco importa lo que establezca una ley indígena. El respeto
o violación de cuerpo legal de esta naturaleza esta sujeto
a la buena u mala voluntad del gobierno de turno. En el futuro nada
evidencia un cambio de trato de la población indígena
de Chile. La interpretación de la Ley Indígena esta
sujeta al interés y capacidad de presión que ejerce
el capital sobre la endeble institucionalidad y soberanía
chilena.
Durante la campaña electoral del actual
presidente de Chile; Ricardo Lagos, proclamó la necesidad
de "explicarles a los mapuche que el progreso para Chile lo
es también para ellos." Después de casi tres
décadas de "exitoso crecimiento económico"
de la economía chilena es posible concluir que el proyecto
de sociedad y particularmente el "progreso" que proclama
la elite política y económica chilena no genera ni
bienestar social ni democracia. Libre mercado y democratización
de la sociedad son incompatibles. El ajuste estructural neoliberal
ha revitalizado el modelo de desigual distribución de los
ingresos y de la riqueza, en la cual los indígenas han sacado
la peor parte.
El neoliberalismo es el fundamento de la
cohesión entre las elites del sur y el norte. Somos testigos
de la más grande convergencia financiera, tecnológica
y militar que se ha operado en la historia de las Américas.
Las elite militar, financiera y política se proyecta convencida
que la vía por la que transita es la única alternativa
y que la globalización económica es inevitable. Nunca
ha estado tan amenazada la sustentabilidad del planeta.
Durante la década del los noventa
más de 23 países en vía de desarrollo se han
empobrecido. Responsables de esta situación de pobreza e
inequidad son la Organización Mundial de Comercio, el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial; organismos que habilitan
la intervención de las empresas transnacionales en el proceso
de desmantelamiento los Estados Nacionales.
La globalización económica
neoliberal no genera desarrollo económico ni bienestar. El
capital financiero transnacional es depredador y hoy representa
el mayor peligro para la soberanía de las comunidades humanas
y su ecosistema. Con el desmantelamiento del Estado Nacional, la
globalización económica ha eliminado la base de la
alianza entre el capital y la política; dejando definitivamente
sin vigencia el proyecto del Estado de Bienestar Social. La modernización
en tanto aspiración de desarrollo integral y democrático
no figura en la agenda del capital transnacional.
El discurso de los agentes de "progreso,
desarrollo y modernidad neoliberal" se ha agotado y ha devenido
en una actitud generalizada de rechazo del movimiento indígena
y de amplios sectores de la sociedad chilena que ve una amenaza
etnocida y ecológica. La caída del mundo sindical
y de los partidos políticos actualiza la demanda por la necesidad
de cambio.
Total intransigencia frente a la intolerancia
de la globalización económica neoliberal y de sus
agentes.
Nuestro desafío atraviesa por reinvindicar
una lucha política global donde diariamente se libra el combate
por la madre tierra, por la relación sustentable con ella
y su biodiversidad. Consideramos como valores vigentes en todas
las relaciones humanas los derechos sociales, el respeto a la diversidad
y el derecho al bienestar social. Los medios y recursos que nos
legó Ngechen alcanzan para todos. La insuficiencia de recursos
y medios existe tan sólo en la mentalidad del egoísmo
colectivo de los capitalistas.
Nos corresponde trabajar activamente para
gestionar el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas;
única vía que garantiza la implementación del
derecho internacional en la defensa de los intereses de los pueblos
indígenas a nivel local.
Nos corresponde definir y elaborar una plataforma
jurídica que legitime la noción de territorialidad
y autonomía. La soberanía de territorio mapuche y
chileno no es patrimonio de la clase política, militar y
financiera. En un Chile sometido al libre saqueo de las transnacionales,
la soberanía pasa a ser tema que le corresponde asumir a
las comunidades humanas locales.
Las Fuerzas Armadas y Policía de Chile
-única institución estatal que usufructúa del
erario nacional- representan el mayor peligro para la libre existencia
y expresión de sociedad civil. Las posiciones de mando de
las instituciones armadas de Chile están bajo la responsabilidad
de criminales y torturadores y no han rehabilitado a ninguno de
sus miembros; asesinados o expulsados por motivos políticos.
Hay que asumir que ante nuestros ojos se
lleva a efecto la revolución blanca capitalista, la globalización
económica neoliberal. El "exitoso crecimiento económico"
de la economía chilena obedece a los principios del libre
mercado cuya consecuencia inmediata es hambre y carencia de bienestar
social de amplios sectores de la población.
Nos corresponde asumir el debate frente a
la miseria y marginalidad que afecta a nuestra gente y a amplios
sectores de la población chilena. Nuestra lucha es por asegurar
el bienestar, la justicia y la democracia, no como un privilegio
sino como un derecho de todos.
Compartimos la aspiración de la mayoría
marginada. Combatimos la lógica de la "racionalidad
de la opulencia" de unos pocos, incluidos los revolucionarios
de ayer hermanados hoy por su visión de un mundo orientado
por cinismo social liberal.
Defenderemos la dignidad integral de lo que
no tiene precio. Los recursos naturales, los recursos sociales son
patrimonios de las comunidades humanas y su ecosistema; no son fuente
de enriquecimiento de aquellos que administran "el interés
nacional".
Asumimos el desafío de cuestionar
la legitimidad de la concentración de la riquezas y privilegios
en unos pocos. Cuestionamos la práctica de concesión
al mejor postor y la privatización indiscriminada.
Cuestionamos el ordenamiento neoliberal que
dicta la clase política. Los que administran el Estado chileno
han entregado el país a las transnacionales, abierto las
puertas al saqueo de los monopolios y capitalistas especuladores.
La clase política militar y financiera
chilena le ha declarado la guerra a la sociedad civil.
Cuestionamos la legitimidad de la Ley de
Seguridad del Estado y la Ley Antiterrorista. La clase política
se reserva el derecho de amedrentar a la sociedad civil cundo lo
estima conveniente. Frente a esta situación a la sociedad
civil no le queda otra alternativa que activamente salir en la defensa
de la democracia, los derechos humanos y sus derechos sociales.
Total intransigencia por la defensa del
derecho a la vida
Jorge Calbucura
Domingo Paine
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editado por el Equipo de Mapuches Residentes en el
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