|
Ser/No Ser, Mapuche o Mestizo
22 de Noviembre, 2002
Qué significa ser indígena
mapuche y en consecuencia mestizo dentro del sistema étnico-
social chileno. Esta pregunta, demasiado grande, y cuanto más
grande en tanto uno se aproxime a cada uno y sus elementos, nos
ha convocado.
En primer lugar, lo indígena nos recuerda
siempre un cierto sentido histórico de subordinación
a la unidad política del Estado-Nación, donde se resumen
en la cultura política desarrollada en el Occidente moderno,
las capacidades y la legitimidad para orientar el orden social.
Respecto del Estado, lo indígena no es un elemento constitutivo,
ni decisivo para la atribución de los derechos clásicos.
Para José Marimán, la incorporación
política de la población Mapuche al Estado chileno
entre 1862 y 1883, "tuvo, como primer efecto, el de transformar
a los Mapuche en una minoría étnica al interior de
la formación social chilena. Incorporación política
compulsiva, ya que se realiza a través del sometimiento militar,
ella implicó, al perder el pueblo Mapuche toda autonomía
y al no serle reconocido ningún derecho político -ni
cultural- específico en tanto que grupo étnico diferenciado
del resto de la población nacional, la transformación
de los Mapuche en minoría nacional oprimida en el seno del
Estado nación chileno."(1)
El pueblo mapuche es concebido como un elemento
extraño dentro de la configuración nacional que se
supone estar a la base del aparato estatal. Más aún,
en la construcción de las identidades en nuestrocontinente,
y especialmente en el Cono Sur, lo indígena fue convertido
en la parte negativa de la existencia del estado nacional, en la
forma de barbarie, a la cual se oponía el proyecto político
civilizatorio del Estado-Nación.
Dicho proyecto civilizatorio no sólo
fue una fuerza histórica niveladora que eliminaba las diferencias
y pluralidades encontradas para ponerlas bajo el control de una
"cultura nacional" chilena (al modo del modelo del Estado
europeo), sino que se transformó en un dispositivo de exclusión
al considerar por parte de las élites liberales y conservadoras
de la sociedad chilena al "indio" como un bárbaro
peligroso y salvaje que debía disolverse en el sistema económico,
educativo y político-militar de la república(2).
Esta fue la fuerza histórica que estuvo
a la base de la anexión de la Araucanía y en
ello se diferencia el proceso de incorporación del Norte,
precedida de una competencia de intereses entre élites de
distintos proyectos de Estado-Nación y resuelta en la guerra
del Pacífico , pues "rotulada como bárbara
y salvaje por la mirada ideológica liberal, la Araucanía
ya no podía seguir en pié, sobre todo cuando esa mirada
también incluye la idea de que el progreso y la luz del cristianismo
deben imponerse sin contemplaciones"(3).
En segundo lugar, qué significa o
puede significar ser mapuche y su relación con lo mestizo
dentro de la sociedad chilena. Se trata de una pregunta inconmensurable,
la más amplia y la más obvia para los "mapuches",
y a la vez la más volátil. Si ser, de acuerdo a Charles
Taylor, es constituirse en un sujeto que construye su historia a
partir de ciertos parámetros de referencia, ciertas fuentes
de identidad, que puede implicar ser "algo" cuya interpretación
histórica es denegada o mantenida al margen en medio de una
sociedad como la chilena en que la debilidad de lo que Bernardo
Subercaseaux ha llamado espesor cultural, ha determinado ser indolente
frente a una historia propia de los mapuches frente a la idea de
historia nacional. Pero, algunos piensan que, aunque importante,
eso no es decisivo, en cuanto los mapuches siguen existiendo y,
por cierto, "moviéndose" históricamente
hablando, y es más, ya existían desde antes de la
construcción del Estado y, pese a su acción asimilatoria,
han resistido y perdurado, de manera que en definitiva los mapuches
aún "son", esto es, que han tenido y siguen teniendo
una identidad identificable por su religión, lengua, demás
códigos simbólicos, una actitud política marcada
por prácticas y deseos de autonomía.
Lo mapuche
Lo mapuche puede entenderse como una cultura
en resistencia frente a la sociedad mayor, plasmada en el Mapu Dungún,
en las prácticas ceremoniales de las rogativas, del Nguillatún,
en la presencia del saber tradicional de la Machi, de los Lewentuchefes,
en la autoridad del Lonko. El Ad Mapu y el Raquiduam, que esas prácticas
y figuras implican estaría resguardado en las comunidades
mapuches, y su subsistente extensión espacial permitirían
hablar de la persistencia de una territorialidad mapuche dentro
del territorio político-administrativo de Chile.
Por supuesto, la historia de la intolerancia
de Chile, como la denomina José Bengoa, despojó también
de su soberanía y luego de sus tierras a los mapuches, legalmente
y también contra legem, que pasaron por manos del Estado
a colonos chilenos y extranjeros, y que quedaron asegurados por
la legislación civil chilena y sus resguardos para la propiedad
privada. Los mapuche fueron incorporados a los sistemas económicos,
sociales y simbólicos imperantes que actuaron como potentes
fuerzas de aculturación a través de la educación
monocultural monoligüe impuesta a partir de la ley de instrucción
primaria de 1926, la imposición del modelo científico
de prácticas médicas, la igualdad formal de derechos(4);
y, conjuntamente, comenzó un proceso migratorio que llevó
a las ciudades de la República a miles de ellos, donde, desprovistos
de los patrones de referencia tradicional sufrieron procesos de
pérdida cultural complementada con una marginación
social, alimentada a su vez por la discriminación que veía
en ellos a "extraños morales" salvajes llegados
al centro de la vida "civilizada", la ciudad. El resto
permaneció reducido a una campesinidad pobre en una economía
de subsistencia, y como tal, espacialmente expuesto a la pauperización
del campo chileno durante el siglo XX, y limitados en su autonomía
por la extensión de prácticas rurales de hegemonía
provenientes del centro de Chile. En este proceso, la tierra pasó
a representar un polo de identidad para los mapuche que antes no
era visible:
"Con la reducción bajo
la forma de arreduccionamiento la comunidad se convirtió
en un grupo cuya existencia ha sido la defensa contra la cultura
invasora. Sorpresivamente la identidad nunca antes cuestionada
se convirtió en el eje de su existencia y esta identidad
se defendía desde la reducción."(5) Según
José Marimán, la lengua y otros rasgos culturales,
así como una organización social propia, la comunidad,
lograron mantenerse en la sociedad Mapuche reduccional, pero a costa
y habría que agregar con el límite irrebasable
- del retraso económico, de la marginalidad social y del
éxodo rural(6).
Paralelamente a este proceso aparecieron
las organizaciones indígenas que con dirigentes como Venancio
Coñoepán, Manuel Aburto Panguilef, Manuel Manquilef
y otros, pasaron a ser agentes portavoces de los intereses indígenas
pero con esquemas organizativos que formalmente tenían formas
de actuación que no eran parte de la tradición política
mapuche, sino más bien formatos extraídos de las agrupaciones
de intereses de la sociedad mayor, muchas veces con afiliaciones
o conexiones con el espectro político chileno, aunque en
su desarrollo organizacional sus integrantes se resistieron al modelo
Wingka, pues se resistían a las jerarquías y fue imposible
que cualquier entidad o dirigente representara a todo el pueblo
mapuche(7).
Estas organizaciones como la Unión
Araucana, la Sociedad Caupolicán, la Federación Araucana,
y tantas otras- han sido los actores fundamentales de la presencia
mapuche dentro de la sociedad mayor.
La existencia de dichas organizaciones fue
dispersa, coyuntural y volátil. Sus posiciones han sido oscilantes
entre las que han apoyado ciertas formas de integracionismo hasta
las tesis indianistas o culturalistas. Según José
Marimán, ha habido organizaciones gremiales campesinistas
y basadas en comunidades, organizaciones de frente, sectoriales
o profesionales, económicas (cooperativas, y ahora también
empresas), asociaciones culturales, artísticas, sociales,
y organizaciones políticas especializadas (las que identificamos
ahora con mayor facilidad como organizaciones indígenas).
Sus estrategias han estado marcadas por un intento de mediación,
menos o más conflictiva, entre el Estado y los mapuches,
variando sus posturas desde el reformismo que busca mejorar la situación
de miseria material hasta la demanda actual de derechos políticos
multiculturales dentro del sistema jurídico y el discurso
de la autonomía que los soporta.
Las organizaciones han sido espacios de hibridación
determinantes en la construcción de las visiones actuales
de lo mapuche. Han estado sujetas a procesos que van desde la manipulación
política por la sociedad mayor a la autonomización
fuertemente marcada durante la década de los noventa con
una apertura a las luchas globales del movimiento indigenista mundial
por la autodeterminación, pasando por la resitencia al difícil
período de destrucción cultural del gobierno militar.
Como tales han generado espacios culturales también que sirven
de límite entre la sociedad mayor y la sociedad mapuche.
Irrumpiendo dentro de la sociedad política chilena, aún
en medio del indiferencia del Estado y las élites chilenas,
han creado espacios sociales donde lo mapuche circula junto a lo
chileno y ahora, junto a la cultura global. En tal situación
han sido movilizadoras y especulares de la, a veces imperceptible
y otras patente, mezcla entre una cultura y otra.
Lo mestizo
Paralelamente, la vida de los mapuches en
la ciudad ha incrementado el proceso de mestizaje y ha provocado
el desapego o desconexión de los mapuches urbanos de las
raíces culturales de sus comunidades de origen, situación
reforzada por las prácticas de discriminación, estigmatización
y la mantención de la marginación socio-económica
que conllevan. Los mapuches llegaron como extraños a las
ciudades de la República de Chile y siguieron siendo tratados
como extraños pero de segunda categoría. Su imbricación
con las clases bajas urbanas marco una situación de mestizaje
subordinado, tendiente a la aculturación y constitutivo de
un grupo muy vulnerable dentro del tejido social de la ciudad.
De esa manera, el mestizo de "origen"
indígena, el champurreado, en contraposición al mestizo
de "origen" europeo, el criollo o simplemente chileno
medio, vive en la ciudad una situación de precariedad, de
carencia completa en diversos niveles: carente de recursos, por
lo tanto, pobre por definición; carente de cultura propia
y sometido a la cultura nacional como ciudadano chileno de segunda
categoría, por ello, privado de historicidad; presionado
por la asimilación, marginalizado por la discriminación,
coaccionado entonces en su subjetividad. El sujeto mestizo que se
afirma indígena o bien que no ha logrado ocultar su "origen"
indígena, es un sujeto expuesto, coaccionado y privado de
diversos recursos; un sujeto especialmente tensionado y frágil,
aún cuando ha logrado el ascenso social individual, aún
y cuando ya no sea un pobre en términos económico-sociales.
El chileno medio, mestizo que logró
olvidar, perder u ocultar su raíz indígena, independientemente
de la clase social en que se encuentre, es un mestizo de orden superior
al de "origen" mapuche, pues se reconoce como el producto
de la cultura del Estado nacional chileno y sus aparatos de reproducción
ideológica, como los llamaba Althusser; consistiendo en un
sujeto detentador de un determinado carácter nacional (una
idiosincrasia llamada chilenidad), afirmado en una patria (la de
los héroes y gestores del Estado chileno jamás vencido),
provisto de un alma (el "Alma de Chile"), de una tradición
(una cultura "democrática y legalista"), y perteneciente
a un Estado reconocido en el concierto de las naciones y Latinoamérica
(un Estado impersonal, eficiente y con un sistema político
estable). Se trata de una subjetividad reconocible, con una historia
política clara y una tradición identificable. Si esta
subjetividad es comparable en su densidad a la engendrada en otros
procesos nacionalitarios, es un tema que se ha discutido mucho en
el llamado tópico de la "falta de identidad cultural"
de los chilenos.
Dicho debate ha recrudecido con especial
furia dentro de los últimos años, producto del embate
del proceso de globalización(8).
Tal y como el Estado se constituyó,
también vive hoy día un notorio declive dentro del
estallido de la globalización y sus procesos de globalización
y relocalización cultural (glocalización según
Ronald Robertson(9), junto a las culturas nacionales cuyas instituciones
reproducían. La medianía cultural que las identidades
nacionales privilegian según sean los elementos dominantes
en ellas en determinado momento, constituían sujetos chilenos
medios de una manera delimitada.
Esa subjetividad, expuesta a la perdida de
historicidad dentro de la cultura global hipertecnologizada, vuelve
a los caracteres nacionales volátiles y contingentes marcas
sin su otrora sentido trascendental, al modo de tic nerviosos colectivos
que aún diferencian a un español de un mexicano, pero
diluyendo las diferencias "profundas" que nutrían
la imagen de una comunidad unida que estaba a la base de las naciones
en lo que es típico, inclusive aquellas inconmensurabilidades
ontológicas de las diferencias lingüísticas,
ahora sujetas a procesos industriales de traducción. El trastocamiento
de las dimensiones espacio-temporales, y la invasión de los
"otros" mucho más lejanos que los mapuches, de
repente y masivamente en un sistema global flexible que permite
administrar las diferencias, ha vaporizado la solidez de la típica
chilenidad, relativizando sus valores y parámetros, y , consiguientemente,
relativizando su supraordenación a lo "aindidado"
o de "origen" indígena.
Lo indígena ya no es claramente lo
inferior o lo atrasado, antes bien, incluso puede resultar lo natural,
lo puro, lo rebelde, lo único particular o exclusivo frente
a la cultura global. Para muchos chilenos, lo mapuche es parte de
lo típicamente chileno, nuestro propio Jihad frente al Mc
World de Benjamin Barber(10).
También desde la perspectiva de lo
mestizo indígena, ya no hay un "origen" distante
y casi olvidado, sino una historia, un espacio social a recuperar.
No entonces un origen, un arjé, sino algo presente, de alguna
manera al alcance de la mano, un thelos, un futuro. Ello supone
un esfuerzo, un trabajo de recreación y de imaginación
que forja una identidad en medio de algo que siempre significó
la negación de esa identidad.
Por otra parte, la invasión de poderes
económico globales y los artefactos culturales extranjeros
y la exposición a la cultura hegemónica del consumo,
es un nuevo y formidable enemigo de las comunidades indígenas,
que ahora ven una radical amenaza a precarias fuentes de subsistencia.
Así la última reducción de la identidad tradicional
está también bajo una fuerte presión.
Lo mestizo-indígena
Las culturas no son órdenes delimitados
sino nebulosas en constante movimiento. Cambian y se diferencian
internamente. Ninguna cultura bebe de una sola fuente, y tampoco
esto ocurre con lo mapuche. Lo mapuche resistente, preservado en
las comunidades territoriales, y limitado y coaccionado por la cultura
nacional, puede, en las condiciones actuales salir de ese enclaustramiento,
tal y como los mapuches han salido de los sectores rurales y se
han dispersado no sólo en el centro del país, sino
también por el resto del mundo en una diáspora que
ha llevado a los mapuches a confines lejanos.
¿Pero son esos mapuches realmente
"mapuches"?
En cualquier caso, cualquier individuo de
"origen" mapuche tiene la opción de serlo, aunque
esté lejos del sur, lejos de los huesos y de los ríos
de los ancestros, ciertamente puede autodenominarse mapuche. Por
supuesto esa condición no será necesariamente la misma
que la de hace cien o quinientos años. Por ejemplo, hace
trescientos años, no había poetas mapuches o intelectuales
mapuches, sino cantos, rituales, sabios, etc. No había dirigentes,
sino lonkos; no había páginas web sino werkenes para
los efectos de la comunicación, en fin. Parecen las nuevas
figuras como abiertamente occidentales, esto, es winkas o awinkadas
frente al universo tradicional mapuche, y, por tanto, tal como el
mestizaje racial, frutos de un mestizaje cultural impuesto en la
ciudad espacio social winka -, destructivo y avasallante.
Sin embargo, la occidentalización nunca ha sido un proceso
puro, es decir, nunca ha sido, al menos en nuestro continente, sólo
una adecuación y asentamiento en circunstancias locales de
fuerzas culturales y materiales ajenas, sino también, como
dice Serge Gruzinki, la recomposición de universos desintegrados
en complejos imprevistos, inestables y ampliamente imprevisibles(11).
Lo mestizo hoy en día constituye el
borde exterior de lo mapuche, que define su devenir posible futuro,
sólo en cuanto no lo niega ni lo minusvalora, en cuanto lo
reafirma y refuerza con lo occidental, pero sólo bajo la
condición de expresarse, de reconocerse a sí mismo
como una invención dentro de la tradición mapuche,
como aquello que dice Ellikura Chihuailaf, sobre la escritura frente
a la oralidad tradicional mapuche, como una escritura que no niega
la oralidad de los ancestros, sino que la acompaña, una ORALITURA,
"una palabra escrita no como un mero artificio lingüístico....,
sino como el compromiso del presente entre el sueño y la
memoria"(12).
Por Salvador Millaleo
Abogado
Bibliografía
Barber, Benjamín, Jihad Vs. Mac World,
How Globalism and Tribalism are Reshaping the World, Ballantine
Books, New York, 1995.
Bello, Álvaro, "Verdades Históricas"
y formación del Estado-nacional de Chile: la barbarización
de los pueblos indígenas en los siglos XIX y XX.
Boccara, Guillaume, Políticas Indígenas
en Chile (Siglos XIX y XX) de la Asimilación al Pluralismo
el caso Mapuche-, Revista d eIndias, Vol. LIX, N° 217,
1999.
Chihualaf, Ellikura, Recado Confidencial
a los Chilenos, LOM, Santiago de Chile, 2000.
De la Barra, Luis, La Conformación
de un Clima Favorable a la Ocupación de la Araucanía,
Lengua y
Literatura Mapuche N° 6, UFRO, 1994.
Foerster, Rolf; Montecino, Sonia, Organizaciones,
Líderes y Contiendas Mapuches (1900-1970), CEDEM, Santiago
de Chile, 1988.
Gruzinski, Serge, O Pensamento Mestico, Companhia
das Letras, Sao Paulo, 2001.
Larraín, Jorge, Identidad Chilena,
LOM, Santiago de Chile, 2001.
Lillo Vera, Rodrigo, Conflicto Estado y Pueblo
Mapuche, La Interculturalidad como Paradigma del Derecho, s/f,
Marimán, José, Cuestión
Mapuche, Descentralización del Estado y Autonomía
Regional, s/f, en www.mapuexpress.net/biblioteca/jmariman.html
Robertson, Robert, Globalization, Social
Theory and Global Culture, Sage, London, 1992
______________________________________
Kolectivo Mapuche Lientur
Sitio web: http://www.nodo50.org/kolectivolientur
Email: kolectivolientur@hotmail.com
K O N T R A I N F O R M A C I O N
Subir
|