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Segunda Página

II. LA INCOMPRENSION COMUNAL DE LA SUBJETIVIDAD CULTURAL LAFKENCHE EN LAS COMUNAS DE CONTULMO Y CANETE:

Escuchando a los jefes edilicios de las comunas de Contulmo y Cañete, políticamente distintos, llegué a la conclusión que frente a nuestra articulación de la modernidad, si tienen una misma voz, consideran este terreno de mediación cultural que poseemos, como un espacio dispar y sin ninguna unión social. Esto me parece de la más suprema gravedad, ya que si no han logrado entender que en sus comunas existe la diversidad cultural, como podrán entonces adoptar medidas locales de reconocimiento de nuestra especificidad.

Mis observaciones, que creo no están tan equivocadas, me permiten asegurar que el enlace de tradición y comunidad es el que construye un espacio en el cual opera la mediación cultural y que en el, esa subjetividad es la que provoca el resurgimiento de nuestros valores antiguos, dándonos entonces, cohesión y unión social, incluso sin el reconocimiento comunal.
Claro, una vez estos parámetros puestos en actividad, cuestionan lo absoluto y todo lo que se cree en estas comunas que ya esta resuelto, como la identidad nacional o su propia especificidad local, la que bien me parece remarcar; alemana para Contulmo y española para Cañete.

Mientras tanto, esa subjetividad mapuche se ha mantenido entre sujeto individual y sujeto colectivo y precisamente a la inversa de la objetividad que practica el orden institucional, esta, nuestra subjetividad cultural, se funde en nuestro pasado y su oralidad, en su memoria colectiva y su correspondiente historia local, llegando incluso a concebir los dos conceptos -tradición y comunidad- como referencias de un mismo pasado.

Estas referencias, tradición y comunidad, creo que tienen y deben ejercer en la sociedad local de ambas comunas, un rol absolutamente positivo, obligando a la razón de Estado, a los partidos políticos, a la historia formal que aquí se ha construido, a mirar y corregir sus vacíos, sus debilidades, su universalismo, su sectarismo, etc.
Las autoridades municipales de Contulmo y Cañete -comunas en las cuales existe una importante presencia lafkenche- deben considerar los aspectos histórico culturales indígenas que han sido negados u olvidados voluntariamente.

Es indudable que tanto en Chile, como en las dos comunas señaladas, hay tareas pendientes, una de ellas -que me parece de carácter primordial- es la de crear una pedagogía de la memoria local, alimentada por culturas distintas, pero capaces de interrogar y cuestionar el pasado que hemos vivido. Y al mismo tiempo, ser capaces también de proponer nuevas vías, nuevas alternativas y por su puesto, caminos propios de entendimiento.

En Cañete, Contulmo y Tirúa, en general en toda la provincia de Arauco, la construcción de una identidad común es aun un desafió y me parece un " error cívico " que ningún alcalde obre, en este sentido.
Mientras tanto, la identidad lafkenche tiene su propio asidero histórico y este se pierde en la noche del tiempo, esta tán presente que cuando interroga a la sociedad mayor, surge la dinámica del conflicto. Un conflicto que hasta hoy día para muchos no parece tener lógica que la sustente, simplemente porque creen que ya todo esta resuelto.

Pero rindiéndose a la evidencia deben concluir que ese no es el caso, que al contrario, la historia de los pueblos no es lineal, sino un inmenso espiral que plantea a todos los que la han vivido, sus herederos que están y vendrán, el desarrollo de uno o de muchos diálogos locales distintos. Y que estos pueden ser, si se efectúan en el respeto de la diferencia cultural, una respuesta sensata y realista de lo local a lo global. Ya que por el momento lo único que queda en evidencia es una sociedad chilena lejos de ser -en lo que se refiere a derechos indígenas- moderna y contemporánea, más bien alejada y en conflicto con sus raíces milenarias.

a) El cambio de nombre del Museo Mapuche de Cañete:

Uno de los primeros casos de dialogo inter-institucional que se desarrolla en la zona, es el que aborda el cambio de nombre del Museo Mapuche de Cañete. Su caso es ejemplar en la medición que podemos hacer del entendimiento que existe aquí en materia de respeto de los derechos indígena.

Su apelativo actual de Museo folclórico, araucano, Juan Antonio Ríos de Cañete, no corresponde en absoluto a la nueva visión y análisis que se efectúa en el mundo, del tema patrimonial indígena.
Por lo tanto, con un nombre de esta índole, tampoco se contribuye a una valoración del patrimonio cultural lafkenche que este museo cobija en su ceno y que es visitado por cientos de turistas cada año, los que hasta ahora parten con una idea errónea del lafkenche.
El trabajo que actualmente efectúa -para corregir el tiro- la hermana Juanita Paillalef Carinao, nueva directora del museo -desde el años pasado- es total. Este implica el cambio de contenido en los textos, una valoración del documento escrito y no solo del objeto en vitrina.

En definitiva, su desafió es lograr una nueva visión de museo, en el cual todo el patrimonio cultural histórico que aquí existe, se aprecie como algo vivo y con herederos que lo asumen. Para ello, primero hay que convencer a los propios lafkenches del hecho que es necesario que sé reapropien de lo que les corresponde, que invadan el lugar con Trutruka y Kull-Kull porque lo aquí se expone les pertenece plenamente y que en ningún caso es solo una atracción para los turistas y los extranjeros.
En lo que se refiere al cambio de su nombre, me permitiré entonces -como forma de alimentar en contenido el tema- efectuar la remarca siguiente. Me correspondió entre los años 1987-1990, participar en el Palacio de Naciones Unidas de Ginebra, a una de las más originales discusiones en el ámbito internacional, sobre los derechos indígenas.

En los cuatro primeros años de reuniones, el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas -GTPI- abordó conceptos claves que luego cambiarían el rostro internacional del tema; raza, tribu, étnia, poblaciones, pueblo, folclor y derechos, fueron uno a uno, todos estos conceptos, siendo reposicionados en un nuevo marco internacional de reflección.
Además, se abordó todo lo relativo a los derechos básicos y fundamentales de los pueblos indígenas, así como la responsabilidad de los estados en la implementación y ejecución de los mismos.

Estas discusiones que se prosiguieron por varios años, fueron las que permitieron años mas tarde, el reemplazo del Convenio 107 de la OIT por el 169 actual y por el actual texto que existe de una Declaración Universal de del Derechos Indígenas -aun no aprobada por la ONU-.
Por su parte, la argumentación indígena fue revocando, en la medida que las conferencias se desarrollaban, todos esos apelativos y conceptos de segunda clase. Para terminar concluyendo que somos, " pueblos ", con una cultura milenaria que nos ha permitido, en definitiva, permanecer y proyectarnos en el tiempo.

Que, en ningún caso nuestra cultura, puede o debe seguir siendo considerada como expresión de un folclor mundano. En Chile, nuestro saber y conocimiento se expresa por intermedio de un patrimonio cultural, que a su vez es la herencia de un pasado que determina una forma y un marco de vida, distinto al de los otros chilenos.
Sin dudas que si a nivel internacional este tipo de debates ya es un hecho consumado y las conclusiones -en muchos Estados- aplicables, es hora que en Chile esto también sea una realidad, ese es él desafió en el cual desde hace años nos empeñamos.

Por su parte, la utilización del vocablo Araucano, nos confirma la amalgama que en materia de identidad de un pueblo existe en este rincón de la provincia de Arauco. El Araucano, no es otra cosa que una invención del conquistador español, termino que ni siquiera tiene relación con al vocablo " rafkoche ", gente de greda y mar.
Lo que realmente aquí existe, es un pueblo, ese es el mapuche y territorialmente una de sus identidades, la Lafkenche. Entonces, lo que se conserva en el Museo de Cañete y que queremos valorar, es la expresión cultural de esta identidad territorial.

Finalmente, nunca nadie de nosotros a entendido por que, don Juan Antonio Ríos, aparece ilustrando con su nombre el Museo mapuche Lafkenche de Cañete. No menoscabamos su rol histórico como Presidente de Chile, pero creemos que no es el nombre más apropiado que debiera tener un Museo tan específico en contenido, como este.

Por todas estas razones, sugerimos entonces el día 20 de junio del 2002 en un encuentro en la Intendencia regional de Concepción a la primera autoridad, don Jaime Tohá, el cambio completo del nombre del Museo de Cañete. Hecho que no significaba para los representantes de comunidades presentes, una mera cuestión de reacomodo local, sino que lograr al mismo tiempo, un respeto de nuestro pueblo y con ello el reconocimiento de nuestra cultura distinta.

La segunda reunión con el Intendente regional se efectuó el día 28 de junio del 2002 en Cañete, en esa oportunidad su respuesta fue tacita y singular, el nombre actual del Museo de Cañete, debe ser sustituido, teniendo en cuenta la significación legal que esto implica.

Para los que encaminamos esta solicitud, el nuevo nombre del Museo de Cañete surgirá de las deliberaciones que los propios Lafkenches tengan a este propósito. Para ello encargamos a la hermana Juana Paillalef, actual Directora del Museo, de dotar su instancia que dirige de un Estamento Científico Mapuche, " un Consejo de Lonkos, Kimches y Ngpines ", para que ellos puedan intervenir en este sentido, ya que son las personas más idóneas para proponer un nombre relevante y valorizador de todo el patrimonio cultural lafkenche que aquí existe.

b) El proyecto Cañete la frontera:

Al atacarme a un proyecto de esta envergadura, tenia plena conciencia que una amplia gama de francotiradores gatillarían contra mi persona -algunos de manera histérica- replicas de tiempos totalitarios; que quiere todo para los mapuches y nada para los chilenos, que no es representativo, que no es cañetino, que solo critica y no propone, que es arrogante, que esta contra el proyecto Cañete la Frantera, que ataca la municiplaidad, que es comunista, etc.

A ellos, a la opinión publica cañetina, a los empresarios que apoyan esta idea, a las autoridades locales y a los medios de prensa que sostienen el proyecto, quiero decirles que soy un hombre contemporáneo, un líder de opinión con dinámica propia, un enemigo del compadrazgo, un luchador lafkenche, un defensor de los derechos humanos. Y que por todo ello, hostigaré hasta el cansancio a un país como este, que quiere ingresar al tercer milenio por la puerta ancha de la historia, sin cambiar nada, sin reconocer que su silueta cansada es la consecuencia esperada de casi doscientos años de dependencia occidental y que hoy más que nunca sufre el síntoma infinito de la arrogancia norteamericana, el jaguar de papel de un continente dependiente.

Este Chile que ha sobrevivido, con la misma mentalidad colonial de épocas ya cuestionadas, no puede y no debe olvidar, menos desconocer la presencia de un pueblo como el nuestro, sobre todo si este es y será siempre y por una eternidad, cuna de su propia vida y elemento motor de su identidad.

Querer negar su presencia es un acto de amputación de su propio ser, de no querer ser indígena y considerarse parte de una identidad española, que muchos sabemos bien, los rechaza y rebaja a la peyorativa condición de " sudacas ". Que apelación más racista que emplea su madre patria en Madrid o Barcelona para identificarlos y darle de esta forma solo lo que les sobra, situación de la cual estoy seguro la mayoría de cañetinos ni siquiera saben que existe.
Por otro lado, como quedar insensible cuando el Presidente de los Empresarios de Cañete hace referencias a una trilogía integradora que estaría compuesta por Caupolican, Villagra y Ercilla, esto para mí necesita una explicación, un debate y su correspondiente discusión.

Las palabras del Arquitecto Felipe Banda, -por quien guardo un respeto particular- parecen más acertadas, cuando dice que la Araucanía fue " cuna que nos dejo mar, cordillera y bosque ", sin embargo sus palabras pierden toda su esencia cuando sabemos que del mar ya no nos queda nada y que con la firma del acuerdo entre Chile y la Unión Europea ni siquiera los pescadores sobreviran. Por el lado de nuestra majestuosa Cordillera de Nahuelbuta, se cometió uno de los más perversos crímenes ecológicos que conozca este rincón del continente americano -sin que nadie se levante para señalarlo-. El bosque nativo, la verdad que hay que realmente buscarlo, las milenarias Araucarias ya no existen, en la cordillera de Nahuelbuta solo se encuentra el patrimonio forestal de Bosques Arauco, de Mininco o Volterra, solo Pino y Eucaliptos invaden sus laderas, especies sin ningún valor ecológico, sin ningún atractivo turístico y paisajístico o como dijera Madame Danielle Mitterrand en su visita a estas tierras " solo un desierto verde sin fin en el cual el hombre lafkenche no puede vivir ".

¿Que nos queda entonces?, ¿Un Cañete lleno de hechos históricos?, si… Pero con un solo heredero de esos dos mundos que se enfrentaron, el mapuche. Ya que el criollo cañetino, difícilmente puede reclamarse de una epopeya hispánica, a menos que se considere español y no chileno. Pero esa ecuación deben resolverla ellos, nosotros solo podemos ayudarlos diciéndoles, como los zapatistas en la selva Lacandona, que " en nuestro mundo, pueden caber también otros mundos ".
Por intermedio de estas líneas quiero señalar también que recuerdo como si fuera ayer el día en que mis hermanos del Valle de Elikura vinieron hablarme, por primera vez, del Proyecto Cañete la Frontera, traían en sus manos un documento, que según ellos necesitaba discusión.
Una segunda aproximación al mismo tema me lo dío mi hermana Juanita Paillalef, del Museo de Cañete, quien por estar en primera línea de la institucionalidad, debía tener opinión al respecto. Luego fueron otras voces cañetinas y los medios de prensa, que me sirvieron de complemento de lo ya escuchado.

Confieso que muy rápidamente llegue a la conclusión que este era un asunto de alta significación para nuestro pueblo, porque en él estaba en juego su pasado, su historia, su espiritualidad y su cultura. Reconozco que desde entonces ya nada fue como antes y como es mi costumbre cuando estoy frente a un tema polémico, repasé una y otra vez los textos que resumen el proyecto. Luego indagué y busqué más y más información, queriendo encontrar, al mismo tiempo, los actores que estaban detrás de la idea.
Finalmente y poco a poco me construí mi propia opinión del tema, ya no me quedaba otra cosa que socializarlo con mis peñis, comenzando por compartir con ellos el contenido de la idea, sus alcances, sus desafíos, sus verdaderos objetivos económicos, el trato de la masa histórica que se quería proyectar y por su puesto el alto grado de utilización de la simbología mapuche que el proyecto en si requiere para que realmente sea atractivo para un turista no iniciado a temas de cultura indígena como la nuestra.

El problema para los promotores de la idea, surge, cuando quieren masificar aspectos religiosos, espirituales y culturales de otro pueblo, al que ellos no pertenecen. Desde el punto de vista del respeto del otro, de la diversidad cultural y de la nueva relación, tengo que consultar a sus representantes, lo que hasta ahora no se ha hecho y que es a mi juicio un inmenso irrespeto, una falta de consideración y reconocimiento de nuestro pueblo y de los herederos de esa epopeya histórica, que don Felipe Banda, considera ya escrita en el Poema épico de La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga.
Todos estos elementos y los alcances que me hicieran mis propios peñis, me condujeron junto a Juana Paillalef, la directora del Museo, al acto explicatorio del proyecto del día 16 de Mayo del 2002 en Cañete.

Aquí hubo -y eso aunque fue doloroso para parte del auditorio- que confrontar al criollo, al chileno, con su propio ego y con una historia que él creía ya tener resuelta.
Mi sorpresa, debo confesar que fue inmensa, no habiendo mapuches en la sala -salvo tres o cuatro- los aplausos de una parte del auditorio y el silencio del resto, fueron el mejor testimonio de una jornada en la cual el remezón local a lo mas granado del concierto cañetino, pudo hacer avanzar ese día en Cañete el respeto de nuestros derechos humanos indígenas en unos 10 años y con ello el reconocimiento de nuestro pueblo en particular.
El posterior debate que todo esto ha provocado y que con este texto alimento, creo que además contribuirá a que muchos cañetinos, al fin logren encontrarse con sigo mismo, con una identidad propia que aun no se han dado; lafkenches de adopcion y no hijos de una madre patria que los rechaza.

Ahora, sigo pensando que el proyecto en si puede ser posible, no tanto por su importancia económica, pero si por el aporte que puede hacer, al despejar los lapsus identitarios que entre los cañetinos existe y todo ello después de un dialogo respetuoso entre los herederos de esos dos mundos que se enfrentaron.
Pero también hay que ser sincero, el proyecto en realidad tiene dos aspectos; uno historico -que es el que provoca la polemica- y el otro economico -del que se evita hablar-.
En el aspecto de la recopilación histórica, el texto que presenta el proyecto es definitivamente lineal, recto y con una evidente falta de rigurosidad científica, prácticamente sin interés social. Ello deja en evidencia que los que trabajaron en la recopilación de los hechos históricos que se presentan, no son historiadores de profesión, menos generadores de cambio social, sino continuistas de un pasado que hay esta a la revisión.

Por otro lado, pienso que su interpretación pasa de un plumazo a lo espiritual y sagrado de nuestro pueblo y esa es una amalgama imposible de realizar, ya que ello tiene que ver con lo intimo y supremo que los lafkenches poseen, por lo tanto, imposible de ser utilizado en beneficio del puro aspecto económico que este proyecto tiene.
Para nosotros, los herederos del pasado mapuche, el patrimonio cultural lafkenche que poseemos lo hemos definido como un conjunto de elementos materiales técnicos y de conocimiento y saber, que testimonian de las relaciones particulares que nuestra comunidad humana a instaurado a lo largo de su historia, en un territorio determinado que hemos llamado el Lafkenmapu costero.
Si bien, patrimonio lo pueden constituir también grandes monumentos, el nervio central del nuestro, no radica en ello, sino en el incalculable numero de elementos presentes que existen en cada porción de nuestra tierra sagrada -el Wallmapu-.
Lo que nos parece importante entonces es, como entregarle sentido a todos esos elementos para que no se pierdan, hasta convertirlos en un lugar de memoria, en un espacio territorial que testimonie de la organización social que poseíamos y poseen, nuestras comunidades.
La mirada nuestra de valoración de nuestro patrimonio cultural tiene razones sociales y culturales, ya que con ello se incentiva la proyección de una mejor calidad de vida para nuestras generaciones futuras.

Este es el fundamento que nos conduce a invitar a la población cañetina, ha viajar al corazón de su propia historia, ya que valorizar su patrimonio cultural significa, conocer sus orígenes y querer compartir con otros el sentido de su tierra, de un Lafkenmapu de todos y para todos.
Valorizar nuestro patrimonio cultural significa también, cambiar la mirada que se da sobre una comunidad determinada. Es decir, no seguir considerando al sujeto lafkenche local como objeto funcional, sino como testigo portador de la memoria colectiva que aquí existe.
Para valorar su patrimonio, un pueblo antiguo como el nuestro, trata de hacerlo hablar, para que así el otro, el que se apropia de sus valores lo pueda a un mismo nivel, interpretar.
Tampoco podemos olvidar, porque ello es ley de la naturaleza, que es necesario protegerlo, cuidarlo, respetarlo y restaurarlo, ya que de esa forma transita en el tiempo, ocupando nuevos espacios que permiten en la larga duración histórica, una transformación de la sociedad.
Finalmente, nuestro patrimonio cultural hay que trasmitirlo de generación en generación, eso es lo que han hecho nuestros antepasados y eso es lo que tendremos que hacer nosotros, lo que tenemos hoy la responsabilidad de asumirlo, es por ello que este ha sabido transitar y perdurar en el tiempo, garantizando continuidad histórica y coherencia cultural y territorial.

Todos estos elementos que he querido desarrollar, desgraciadamente, no tienen referencia en el proyecto Cañete la Frontera. Quizás, como decía un poco antes, porque el trabajo de recopilación de la masa histórica no esta echo con fineza y rigurosidad científica, menos con sentido critico, solo se ha querido acumular fechas, personajes, murallas y piedras que no se quieren hacer hablar, hechos interpretados -por Alonso de Ercilla- casi imposibles hoy de verificar.
Como el interlocutor cañetino que asuma todo esto faltaba y viendo que hasta ahora no existía indicio colectivo con quien dialogar, optamos por trasladar el tema a un espacio de mediación, la intendencia regional.

Este tema -que poco a poco se ha convertido en objeto de debate local- en la mesa de la autoridad regional ha sido abordado en las dos oportunidades en que hemos estado reunidos.
En la reunión del 28 de junio en Cañete, la primera autoridad regional cedió la palabra a su SEREMI de VIVIENDA. Este explicó la existencia de un Fondo para Espacios públicos patrimoniales y que el proyecto Cañete la Frontera habría presentado una demanda de subvención por intermedio del Arquitecto Felipe Banda. Que esta solicitud estaría bien encaminada, que cumplía plenamente con lo solicitado, pero que su aprobación implicaría la inclusión de la presencia lafkenche.
Igualmente, se comprometió el propio SEREMI de trasmitir al Arquitecto Felipe Banda, nuestros requerimientos y a lograr un encuentro entre las partes.

Las proposiciones lafkenches -y que desgraciadamente no ha sido bien remarcadas- surgen de una reunión que tuvimos en Cañete el lunes 17 de Junio del 2002. En esa oportunidad los representantes de comunidades y de la sociedad civil lafkenche que participamos en dicha reunión, nos concertamos para que públicamente se señale lo siguiente, " que nos opondríamos a toda utilización que el proyecto hiciera, sin consultarnos, de nuestro patrimonio histórico cultural".
Que propondríamos, como forma de concertación entre las partes, una reunión en la cual estén presente los artífices del proyecto, las autoridades municipales, los funcionarios públicos de los organismos que trabajan con el mundo mapuche, la comunidad cañetina y su sociedad civil.
Que al mismo tiempo, en el aspecto económico turístico se debía asociar al proyecto inicial la construcción de un Centro Cultural, Económico y Social Lafkenche, para uso y beneficio exclusivo de las comunidades y como forma de contar en Cañete, con un espacio propio de promoción y expresión de la integralidad de la cultura lafkenche.

Al exponer esta idea, implícitamente quisimos hacer una critica al actual ordenamiento urbanístico de la comuna de Cañete. La que no considera, como un aporte al desarrollo social de la comuna, las expresiones culturales, deportivas, artísticas y culinarias del universo rural nuestro. Esto explicaría en parte porque las comunidades ven en la ciudad de Cañete una expresión de una cultural ajena, claramente en oposición a su condición de ciudadanos del campo.
Mientras tanto, para la realización de una maqueta de la propuesta nuestra y de sus delineamientos técnicos y profesionales, acordamos tomar contacto con el Departamento de Arquitectura de la Universidad ARCIS de Santiago, para que ellos encarguen a dos estudiantes mapuches en fin de ciclo, la construcción de la maqueta y la formulación de la idea.
A esta propuesta, una vez mas respondió la autoridad regional por intermedio del SEREMI de Vivienda, quien ve asociada la idea y con la misma posibilidad de financiamiento por parte del Fondo de Espacios Públicos Patrimoniales, como una segunda parte del proyecto global.
Finalmente, se acordó volver a encontrarse y trabajar para que lo acordado sea, dentro de un plazo razonable, una realidad.

Continua en la tercera página


Por : Luis Llanquilef Rerequeo
sociólogo mapuche
centro kimun amuy - Cañete VIII Región-
Email: corpkimun@yahoo.com
WWW.corpkimun.org
WWW.lanalhuenoticias.cl
WWW.lavozdearauco.cl

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