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Primera Página
Provincia de Arauco:
Constataciones y opiniones sobre gestión
jacobina del territorio comunal lafkenche de Cañete, Contulmo
y Tirúa
Cañete,
martes 3 de septiembre del 2002
"Un pueblo
que oprime sus raíces, nunca será libre "
"Tupac Yupanqui "
Palabras Preliminares:
Este es un texto que resume mis propias opiniones sobre el conflicto
lafkenche en la provincia de Arauco, lo publico, porque considero
necesario que se conozca la reflexión que se desprende de
esta lucha indígena, la que esta sacudiendo una parte importante
de la Región del Bio-Bio.
Los temas transversales que se identifican y analizan, son en realidad
de una considerable importancia para la realidad local, ya que están
modificando poco a poco el rostro de las relaciones entre local
y lo global.
Es entonces apartir de
un escenario cambiante que quiero opinar sobre los fenómenos
más significativos que las realidades locales de las comunas
de Cañete, Contulmo y Tirúa han puesto entre mis manos.
El resultado de lo que
aquí expongo, es el fruto de tres años y medio pasados
en la zona y luego de haber sido, como muchos otros mapuches en
el país, encarcelado, perseguido y vigilado.
Pero antes debo señalar, que me he encontrado en el terreno
con responsables y autoridades locales, con lideres y dirigentes
significativos de la lucha lafkenche, que no conciben el intercambio
de ideas como un gesto intelectual de aporte a la comprensión
del fenómeno social que ellos mismos están generando.
Todo análisis
que se emprende del hecho social en cuestión, es considerado
como un ataque personal o una crítica mal sana, en ningún
caso como una contribución tendiente ha enriquecer y comprender
mejor el tema que se aborda.
Digo esto porque en mi incansable acción de terreno me he
encontrado con este tipo de actitud e indisposición a aceptar
la critica, la constatación y por supuesto, menos otra opinión.
Este hecho genera entonces una desconfianza que impide el establecimiento
de relaciones respetuosas entre sujetos que comparte el mismo tema
de reflexión.
Como forma de terminar de ilustrar esta pagina oscura de las relaciones
de terreno, quiero señalar que se utiliza también
la formula del dirigente con "representatividad". Se otorga
voz y derecho a opinar solo a los dirigentes -como se dice aquí-
que se les ha tirado la línea, es decir, que son absolutamente
controlables y llanos a opinar en el sentido que se les indique.
Este fenómeno, unido a la idea que hay que " pasarle
la maquina " a todo aquel que no se alinea con el jefe, deja
en evidencia una falta de cultura política y de ética
personal que solo puede gatillar una mayor descomposición
social del marco local.
Por otro lado, creo también que estas formulas inconexas
de actuar son actitudes proteccionistas ante el miedo de tener que
abordar con lucidez y de manera publica los fenómenos que
su propia acción genera.
Toda esta maraña
local que me ha correspondido observar, en muchos de sus aspectos
tienen que ver con una voluntad oficial de querer lograr la crucifixión,
pasión y muerte del país lafkenche. Al menos que -y
a casi doscientos años de gestión territorial jacobina
de una republica como la chilena, que siempre ha mirado su pasado
desde un ángulo cristiano occidental- las comunidades rurales
y la sociedad lafkenche en general, logren articular, apartir de
sus propios valores, un nuevo esquema de lucha de claro perfil nacional.
Voy ha referirme en concreto entonces, a un conflicto más
antiguo que la misma republica que nos cobija y a una realidad en
particular, la costera, la que a vivido jalonada de atropellos que
la historia oficial siempre han querido ocultar.
Sé también,
por la ya dicho anteriormente, que muchas de las opiniones que vertiré,
seguramente no irán -como muchos quisieran- en un sentido
lineal que les convenga, pero mi interés no es tampoco dejar
satisfechos a moros y cristianos, sino poner entre sus manos una
compleja y rigurosa reflexión de esta historia local indígena
que se estira por mas de 500 años.
Creo que en la incomprensión gubernamental del tema juega
un rol fundamental el desconocimiento de la cultura indígena
y la apreciación que luego de ella se hace. Entonces me pregunto;
¿que resultado concluyente puede sacar alguien que desconoce
una realidad como esta, la que luego lo analiza desde su propia
conveniencia? .
Además, si en el universo indígena lo absoluto no
existe, entonces considero que todos los que se aferran al absolutismo
-chilenos o lafkenches- y que quieren vía este conflicto
tener la verdad, pueden muy fácilmente, si no consideran
todos los tipos de análisis que se puedan hacer, convertirse
-y eso si que seria grave- en opresores de su propio pueblo.
Por eso es que veo también como muy necesarias las relaciones
que las propias comunidades de forma autónoma pueden establecer,
primero entre ellas y después con la institucionalidad, teniendo
en cuenta que esas conversaciones no significan sumisión
alguna al sistema que esta representa, sino un acto de afirmación
de sus derechos -Fidel al encontrase con Lavin en la Habana no se
convirtió automáticamente en un neo-liberal o el presidente
Lagos por concurrir al Vaticano no dejo de ser ateo-.
Para una mejor comprensión
que de cuenta de esos tanteos -conversaciones- que en el ámbito
provincial han venido efectuando representantes de comunidades y
del gobierno regional del Bio-Bio, me parece necesario recordar
a todos aquellos que han optado por criticar su opción, que
primero no hay que olvidar el principio elemental de cada comunidad,
que no es otro que ser autónoma en su funcionamiento y en
la toma de sus decisiones internas. Y que por otro lado, en vez
de cuestionar y con ello transgredir la regla comunitaria de autonomía
propia, debieran conocer el contenido de los temas que se plantean
y el contexto en los cuales estos los han tenido que institucionalizar.
Frente a esto, no se
puede omitir que el triangulo compuesto por Cañete, Contulmo
y Tirúa, esta gobernado por alcaldes de corrientes políticas
distintas -en principio- pero que en la practica son congéneres
en el sustento del sistema neo-liberal y completamente dispares
en el trato del asunto indígena que turbillona en la región.
Esta ecuación es la que han bien
entendido las comunidades que han optado por conversar, aplicando
quizás el dicho que dice; es mejor hablar con el director
del espectaculo que con el amigo que solo corta los boletos.
En definitiva, en esta parte del territorio nacional, las autoridades
locales no todas consideran el conflicto mapuche como un tema país
y pienso que por eso adolece de una alimentación intelectual
militante de forma consistente y constante, primero por parte de
estas mismas autoridades y segundo, por parte de los que se consideran
lideres institucionales históricos del movimiento lafkenche
local.
Sin ser negativista -como
muchos pretenden- pero siendo un actor potencial del tema -un líder
de opinión- y sin pretensión de dar lecciones a nadie,
debo señalar que cuando observo las reacciones y comportamientos
que este conflicto provoca en el país, llego a la conclusión
que sigue siendo, desde lo global -para las autoridades nacionales-
como también desde lo local -para los alcaldes de Arauco
y principalmente para los dos representantes mapuches que actúan
en el marco de esta institucionalidad- un tema completamente incomprendido,
dispar y sujeto -como en el caso del departamento mexicano de Chipas
antes del zapatismo- a un asunto clásico de puro caciquismo
institucional.
Esta aseveración que efectuó y que seguramente a muchos
políticos de derecha irritará, encuentra asidero en
él " no rotundo " que entregaron en el ámbito
nacional sus parlamentarios al reconocimiento constitucional.
Por otro lado, el inmovilismo comunal que se ha generado en la provincia
frente al tema indígena y de eso hace ya un par de años,
tiene su origen en el calculo electoral que mantienen presente,
a cada instante, todos los alcaldes de Arauco. Los que deben, según
la democracia representativa en la cual compiten, poner en juego
todos los cuatro años su corona municipal. Este hecho viene
a complementar lo que afirmo, no emprenderán nada que les
complique su existencia en estos dos años que le quedan de
reinado. Al contrario, impulsarán reflexionadas inversiones
de magnitud local y de alcance electoral, de manera que le aseguren
en dos años mas, una reelección. Este es el sutil
juego de la política politiquera de clásico caciquismo
cliantelar, comparable solo con en el llevado a cabo por el Partido
Revolucionario Institucionalista -PRI- en el México profundo
del Estado sureño de Chipas y cuestionado de forma ejemplar
por el universo indígena Maya-Quiche un 1 de enero de 1994,
por intermedio del levantamiento zapatista encabezado por el popular
y mediatico sub-comandante Marcos.
De esta forma, aparece
como prácticamente imposible obtener en el país un
avance substancial de los temas de fondo que se están planteando,
salvo que estas actitudes; la inmovilista de los acaldes y la de
negación de la autoridad central, gatillen un gradual y diversificado
aumento de las escaramusas puntuales. Y con ello, una interrogación
aun más abierta a los temas que se ponen en el país
cada día más y más de actualidad; el reconocimiento
constitucional, la aprovación del Convenio 169 de la O.I.T.,
la restitución territorial, la autonomía y la libre
determinación.
Esto debiera obligar entonces a la sociedad civil, cuando ve que
hemos llegado a un grado elevado de contradicción, a opinar,
a sugerir, a señalar, a constatar e intercambiar entre ella
misma, porque desde la institucional central, una vez más
solo se habrá logrado obtener un débil y por no decir,
insignificante, reacomodo del marco jurídico Estatal, el
que por supuesto no alcanzará ha dilucidar las contradicciones
que a esta altura de los hechos ya se están planteando.
En substancia, en ningún
caso se podrá abordar el tema de restitución de los
derechos indígenas, desde lo global, con perspectivas reales
de solución, ya que queda perfectamente establecido que en
Chile los indígenas solo son agentes periféricos de
un centro jacobino altamente egoísta y claramente racista.
Y que esta falta de institucionalización, desconoce el principio
elemental que debiera tener una democracia latinoamericana, el respeto
de la diversidad cultural de los pueblos.
Mi primera reflexión general de esta introducción,
me conduce a señalar que esta decisión nacional -de
no reconocernos constitucionalmente- deja las puertas abiertas para
que las propias comunidades y su sociedad civil organizada, generen
y decidan de manera autónoma, la construcción de un
hecho mapuche mayor, que involucre una relevancia política
de alcance nacional y un programa propio de desarrollo con identidad.
Mientras tanto, en un
futuro no muy lejano ya se podrán apreciar también,
los alcances y consecuencias de esta inopinada decisión -el
no-reconocimiento indígena- entonces, solo entonces, los
hombres políticos que han votado esta medida tendrán
que asumir las consecuencias y las responsabilidades de un tal acto,
que a mi juicio, no es otra cosa que la demostración más
patética de una derechización que sufre, desde sus
órganos de poder, esta sociedad y con ello la perinización
de un sistema centralista jacobino que por casi doscientos años
no ha dejado que se exprese en Chile y en Arauco en particular,
la diversidad cultural de la sociedad local.
I. El CONFLICTO
LAFKENCHE Y LAS LIMITACIONES DE LA INSTITUCIONALIDAD MUNICIPAL EN
LA COMUNA DE TIRUA:
Quiero avanzar en este
texto dando una mirada significativa a algunos aspectos relevantes
que se producen en la comuna de Tirúa. Lo hago con espíritu
constructivo y con todo el respeto que me merece la acción
edilicia de mi Peñi Adolfo Nonato Millabur Ñancuil,
un hijo del Lleu-Lleu que es por esencia al mismo tiempo, uno de
los más fervientes luchadores, desde su visión institucional,
de la causa nuestra.
Tirúa, con sus 9.000 habitantes, su 70 % de población
mapuche, sus 642 km² de superficie y su primera autoridad indígena,
es una comuna faro a observar, para ver si la presencia lafkenche
puede significar -entre derecha y concertación- alguna primicia
distinta de transformación social, convertirse en una verdera
comuna sustentable, por ejemplo.
Tirúa adquiere sus galones de nobleza en 1996, con la elección
del primer alcalde mapuche de Chile, hecho clave y fundamental para
que sea mirada aun con mayor atención -más profundamente
que a Cañete y Contulmo- y ver si ha logrado insinuar a esta
fecha, casi 6 años después de este remarcado hecho,
el desarrollo de algún proceso social distinto y con ello
alguna ecuación pluricultural de transformación de
su sociedad.
Sin dudas que la irrupción
del elemento lafkenche en el escenario comunal, como actor y gestor
de poder, trajo consigo un cuestionamientos de la identidad local.
La sociedad tirúana en su conjunto se remeció y descubrió
la presencia indígena, la misma que vivía arrinconada
y que todos los tirúanos que se consideraban de estirpe español,
ignoraban e incluso despreciaban.
Este hecho, a mi juicio, los liberó de un remordimiento de
conciencia antiguo como los mismos años que habían
pasado juntos, sin hablarse. Fue por eso que trató, desde
la llegada de un lafkenches al poder, de construir una nueva identidad
local que la represente y que al mismo tiempo la identifique con
el nuevo poder municipal.
Sin embargo, la realidad
ha si otra, por el momento no ha podido articular una recomposición
identitaria que integre todos los aportes culturales que aquí
existen; el lafkenche, el chileno, el popular, el del colono campesino
y el de los hombres del mar.
Esto, que se puede calificar de " lapsus identitario "
quedó aun más en evidencia cuando la confrontación
de intereses económicos distintos que se produjo en sus fronteras,
le hicieron asumir aspectos de alta relevancia social para los cuales
nunca había estado preparada; el nacionalismo, el populismo,
la violencia, la exclusión, el racismo o la misma étnicidad,
son fenomenos sociales que le ha costado abordar o simplemente no
ha logrado asimilar.
Pienso que este marasmo local tirúano se produjo cuando el
marco institucional de sustentación de la municipalidad,
en este caso la ley orgánica municipal que le da vida, no
entrego al funcionario en actividad las referencias y herramientas
que le permitieran dar respuesta a estos nuevos fenómenos
sociales que el elemento ancestral había generado.
De acuerdo a otros proceso de esta naturaleza que se han podido
apreciar en otras partes del planeta, una recomposición identitaria
-en el cual hay elementos culturales distintos que intervienen-
necesitan realizar un acto de " alta autocrítica histórica
", esto como forma de institucionalizar los elementos culturales
y hechos históricos pasados que han sido hasta ese momento
negados o simplemente ignorados por la historia oficial.
La realidad actual demuestra que es eso lo que no se a podido concretizar,
quizás porque se ha privilegiado la figura institucional
llamada " Cabildo Cultural " como elemento motor de búsqueda
de esta nueva identidad, por sobre la iniciación del proceso
de autocrítica histórica. En la practica, este hecho
provocó una irremediable agravación de la fractura
identitaria inicial, dispersando a un más, cada representante
cultural.
Este desacierto en la orientación a privilegiar, deja de
manifiesto también un cierto temor municipal a transgredir
los limites impuesto por la institucionalidad central, la que al
verse atacada desde el interior, podría a su vez reaccionar
cuestionando esa política alternativa que se había
optado por aplicar.
Por otro lado, la decisión de apostar por el Cabildo Cultural
pareciera ser mas una opción de facilidad del funcionario
municipal responsable de guiar la política cultural, que
privilegiar la opción de complejidad, lo pernicioso de esta
experiencia es que con ello solo se logró dispersar y atomizar
esa riqueza cultural de su sociedad.
Mientras tanto, no considera
-y eso es lo grave- que llegar a un limite de esta naturaleza no
significa tampoco -como muchos puedan creerlo- iniciar un proceso
de descomposición de la institucionalidad, menos de la municipalidad.
Que al contrario, privilegiando un proceso de autocrítica
histórica local, se inicia un camino de encuentro con las
culturas que aquí existen -mapuche, chilena, campesina o
popular- y con ello, irremediablemente se obtiene una verdadera
institucionalización de esta diversidad, tanto como elemento
valórico de reconocimiento de la identidad local, tanto como
fuerza centrifuga de algún cambio social y que es eso en
definitiva lo que le da otro rostro al poder municipal, es ese en
definitiva el piso en el cual se puede empesar a aplicar un principio
de desarrollo durable.
Digo esto ultimo porque
creo que en tiempos como los que vivimos, en que hacen falta proyectos
de recambio de sociedad, no es absurdo y menos contradictorio que
un pueblo como el nuestro, contribuya a la gestación de hechos
sociales nuevos y revolucionarios y ello aunque el parto histórico
que a estos fenómenos le dan vida, sean en la mayoría
de los casos dolorosos.
Creo también que el actor lafkenche de la municipalidad,
no puede considerar que en Tirúa hay solo una lucha ejemplar
-como es ganar y ganar cada cuatro años la municipalidad-
sobre todo cuando esta no es capaz de aprovechar toda la potencialidad
del particularismo lafkenche, tanto como motor de desarrollo durable
o como generador de cambio social.
A mi juicio, una idealización
de esta institucionalización de la lucha lafkenche, no es
lo primordial, lo que interesa es ver con claridad, como y cuando
se generan los fenómenos de transformación social,
que en definitiva son el insumo que puede hacer avanzar -en otras
partes del Wallmapu- esta lucha mapuche de liberación nacional.
Por otro lado, en Tirúa,
lo que más me ha llamado la atención es la contradicción
que existe entre lo local y lo global, esta es tan remarcable, que
deja en evidencia de manera clara y sin ninguna duda las dos lógicas
económicas que ambas realidades representan, lógicas
tan distintas que lo único que hacen cuando se encuentran,
se enfrentan. Esta arista del conflicto me parece vital, ya que
deja en evidencia toda la potencialidad que el Estado chileno posee
para neutralizar un órgano municipal que insinúa aportar
cambio social y ello en el marco de intereses distintos se enfrentan.
La municipalidad de Tirúa, que en sus primeros años
jugo un rol clave y fundamental en la lucha lafkenche, poco a poco
se ha vista anulada por el poder central. Esto se refleja en las
disposiciones que viene de privilegiar -como la del Cabildo Cultural-
echo que se interpreta como una búsqueda de coexistencia
pacifica con el sistema y por esta correa con el ordenamiento institucional,
más que un deseo de promover los valores lafkenches que cuestionan
la existencia formal del sistema neoliberal y con ello los intereses
económicos que aqui interactuan, principalmente el de las
empresas forestales.
Digo esto porque en Tirúa,
ninguna empresa forestal a visto, desde la municipalidad, cuestionada
su acción de desarrollo in sustentable, quienes han sido
capaces de paralizar y denunciar en repetidas ocasiones sus actos
de irrespeto del medio natural, han sido las propias comunidades.
Por otro lado, en estos últimos dos años, la municipalidad
solo ha venido asumiendo un rol de administrador de la inversión
fiscal, dotando con ello de un alcantarillado a Tirúa ciudad
y varias escuelas en todo el territorio comunal. Estas obras gruesas,
mas que un aporte fundamental, son en realidad instalaciones básicas
para la vida en sociedad, derechos de todo ciudadano para que cambie
su destino social.
Este llamado adelanto
y progreso comunal, en ningún caso significa un ataque frontal
al sistema neoliberal: ¿de que sirve tener más y mejores
escuelas si estas no cambian su contenido educacional y sí
la formacion de sus maestros en Tirúa lo efectua una empresa
forestal?
Al contrario, esta inversión fiscal que no daña el
poder económico, con una política de esta naturaleza,
solo lo afirma. Además, en puros términos de practica
política a la chilena, estas inversiones servirán
en dos años mas, de capital electoral, como se dice aqui,
en ese momento al tiruano "se le pasará la cuenta"
.
El abandono de la acción
conflictual, por otro lado, a significado una paralización
de la puesta en funcionamiento de los Espacios territoriales lafkenches,
tanto como actores de mediación cultural, tanto como entidades
territoriales con verdadero poder local, capaces de cuestionar e
implementar en sus sectores, un nuevo desarrollo con identidad.
Por ahora, si miramos
expresamente desde un punto de vista autónomo lafkenche,
veremos que en el marco territorial en el cual interactúan
las comunidades, es decir sus Espacios territoriales -Tirúa
sur/Quidico/Tranaquepe/Lleu-Lleu/ es en realidad donde verdaderamente
se condensan y generan cada día esas relaciones sociales
nuevas, que el poder municipal, ya sea por desatino o por falta
de reflexión, no logra asociar a sus planes y proyectos de
desarrollo comunal.
En Tirúa, una planificación distinta que afirme el
princio de desarrollo durable -fruto de lo nuevo y novedoso que
esta apareciendo- debiera considerar en primer término, la
democracia participativa indígena, ello significa dar derecho
a la comunidad para que elabore, priorise y administre el presupuesto
comunal.
La creación de
un consejo comunal intercultural, es otra figura social a explorar,
ya que en ella todos los actores culturales deben estar representados,
para aue hable la memoria y el pasado histórico que juntos
han construido.
Una nueva planificación y redistribución territorial
debiera tener como fin un mejor aprovechamiento de sus recursos,
como forma de valoración de su territorio y de su biodiversidad;
Para ello es imperioso superar el PLADECO oficial, incentivando
la afirmación de los Espacios Territoriales de Patrimonio
Lafkenches (ETPL), elaborando Planes de urbanización local
(PUL), Planes de ocupación territorial (POT) y uniendo todo
ello en Espacios de Coherencia territorial (ECT).
La elaboración de una "Carta de la tierra comunal",
permitiría integrar en ella todos los aspectos medioambientales
que generen desarrollo sustentable. Aplicando un principio comunal
de aprovechamiento del medio natural y de la nueva distribución
de los los recursos suelo y mar, obteniendo así la limitación
de las empresas forestales en el uso del patrimonio natural lafkenche.
Acompañar todas estas medidas, exigendole a estas empreses,
respetar las normas internacionales que existen en metería
de protección de la naturaleza y del entorno. Todo ello fiscalizado
de manera directa por la municipalidad y su sociedad civil lafkenche
organizada.
La promoción de la educación tradicional lafkenche
en los espacios territoriales bajo la modalidad de "Escuelas
autónomas de la tradición y la memoria" (EATM),
deben ser los estamentos complementarios y fiscalizadores de la
Educación intercultural bilingüe -EIB- que promueve
el MINEDUC.
Los "Centros de
salud tradicional lafkenche" (CSTL), deben ser las instacias
complementarias de los programas de salud intercultural que promueve
el Servicio de salud de Arauco.
En definitiva, estos aspectos que solo se mencionan como referencia
a una planificación comunal distinta del eje central institucional,
debieran acompañar -para que no se dispersen y disuelvan-
los nuevos fenómenos sociales que están apareciendo.
La actual falta de integración de estos fenómenos
al proceso que se desarrolla, junto a la inopinada orientación
que se toma en el aspecto cultural, como el caso de los Cabildos
en tanto que opción valorica de la diversidad cultural, son
algunos de los elementos que están generando un divorcio
entre análisis local y acción municipal y que pueden
conducir en las próximas elecciones de alcalde a un ruidoso
triunfo de la derecha reaccionaria -UDI/RN- . La que seguramente
no ganará tanto por sus proposiciones novedosas que haga
-ya que no las tiene- sino más bien por la desatinada orientación
que se esta adoptando o por la falta de participación directa
del actor lafkenche en la elaboración de las políticas
municipales.
Por el momento, la lucha que hasta ahora se ha impulsado y el cúmulo
de cuestionamientos que ella a traído, a provocado inexorablemente,
un remezón institucional en el mismo centro del poder local,
la municipalidad. Ahora, la forma como la lucha especifica de las
comunidades continúe a sacudir el árbol estatal, definirá
en los años venideros, seguramente, un nuevo armazón
social, impregnado de lo tradicional y con serias posibilidades
de cambiar el rostro al gobernar.
En lo inmediato, la municipalidad, al no poder entregar una respuesta
apropiada a los requerimientos de tipo territorial que sus comunidades
le plantean, como igualmente, al no poder integrar a su dinámica
oficial lo tradicional y menos dar, desde su atribución,
respuesta al reconocimiento constitucional.
En definitiva, al no
poder aplicar las ideas condensadas en la propuesta lafkenche, solo
ha podido gatillar un fenómeno clásico de racismo
de tipo diferencial, el cual por su puesto se busca institucionalizar
para que sea aceptado por todos, en definitiva, legalizado.
En Tirúa, este " racismo diferencial ", fruto de
la política de discriminación positiva que impulsa
el Estado, cuenta con dos aspectos básicos que son necesarios
identificar, ya que ello permitiría detectar el nuevo carácter
que puede adquirir en los años venideros, desde la institucionalidad,
el tema mapuche en la zona.
Es necesario también
abordarlo, como forma de impedir que este se desarrolle y que en
su consolidación no arrastre y con ello pacifique a comunidades
enteras.
Una mirada más fina a este tipo de racismo de consideración
permite detectar, a un plano local, la perversidad de la política
oficial, sobre todo cuando entrega al mapuche venido de la comunidad,
un " minúsculo " grado de aceptación para
que haga parte del sistema y de la institucionalidad. Para ello
le abre, al mismo tiempo, una pasarela de acceso al sistema de consumismo
irracional, el que una sociedad como la chilena, promueve, como
elemento vital de bienestar social, de superación de la extrema
pobreza y de eliminación de toda forma de inegalidad social.
Por otro lado, el racismo
de inferiorización, le hace publicidad al hecho que todo
mapuche puede tener un espacio en la sociedad nacional, pero ello
a condición que se situé en lo mas bajo de la escala
social. Puede ser mano de obra, útil, pero en los trabajos
mas mal remunerados -recolector de fruta, pescador artesanal, etc-,
puede incluso este racismo de inferiorización, aceptar, que
uno o varios mapuches sean funcionarios del organismo municipal,
pero no para que gobiernen, sino para que puedan, desde esta posición,
controlar mejor a sus hermanos que se salen de esa institucionalidad.
Ahora, si miramos el
mismo fenómeno, pero esta vez desde un ángulo desfocalizado,
es decir, desde el punto de vista de quien se encuentra en el poder.
Estos mismos aspectos racistas, son para ellos medidas de correcta
aplicación de su política de integración, de
asimilación y de aceptación, según ellos, del
otro, del que se considera diferente.
Además, cree este Estado monolítico y jacobino, que
esta es la formula -y no otra- como al mapuche se le recitúa,
se le reconvierte, se le recicla, se le ubica en el buen lado de
su sociedad.
En el caso especifico de esta comuna, muchos otros son los fenómenos
que se pudieran analizar y su riqueza parece inagotable. Pero me
contentaré y a modo de conclusión solamente puedo
decir que al vertir esta mirada de su realidad, no solo pretendo
desnudar sus contradicciones más profundas.
Sino que también
constato muchas otras ecuaciones portadoras de futuro que ayudan,
que nos ayudan, a todos los que buscamos insumos sociales generadores
de cambio, ha hacer avanzar nuestra lucha y con ello el respeto
de nuestro derecho ancestral.
Pienso que analizando su realidad y comparándola con las
luchas que en otras partes del mundo llevan adelante otros pueblos
indígenas, como el nuestro, se puede aspirar a la construcción
de una nueva sociedad, mas justa y sin desigualdad social, con una
verdadera cultura de paz.
En Tirúa, las culturas portadoras de estos valores están,
son las que afirman su contexto pluricultural y armonizan su composición
social.
La riqueza de un pueblo
se encuentra en la diversidad de culturas que siembran su unidad
territorial y no en la parcela jacobina de la uniformidad comunal,
esperemos y trabajemos para que de esta realidad germine mañana
una nueva sociedad, para que se ponga en pie un verdadero desarrollo
durable, en definitiva, un lafkenmapu tirúano tradicional,
autónomo, participativo, humanista, libertario y plural.
Continua
en la segunda página
Por: Luis Llanquilef Rerequeo
sociólogo mapuche
centro kimun amuy - Cañete VIII Región-
Email: corpkimun@yahoo.com
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