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Primera Página

Provincia de Arauco:

Constataciones y opiniones sobre gestión jacobina del territorio comunal lafkenche de Cañete, Contulmo y Tirúa

Cañete, martes 3 de septiembre del 2002

"Un pueblo que oprime sus raíces, nunca será libre "
"Tupac Yupanqui
"

Palabras Preliminares:

Este es un texto que resume mis propias opiniones sobre el conflicto lafkenche en la provincia de Arauco, lo publico, porque considero necesario que se conozca la reflexión que se desprende de esta lucha indígena, la que esta sacudiendo una parte importante de la Región del Bio-Bio.
Los temas transversales que se identifican y analizan, son en realidad de una considerable importancia para la realidad local, ya que están modificando poco a poco el rostro de las relaciones entre local y lo global.

Es entonces apartir de un escenario cambiante que quiero opinar sobre los fenómenos más significativos que las realidades locales de las comunas de Cañete, Contulmo y Tirúa han puesto entre mis manos.

El resultado de lo que aquí expongo, es el fruto de tres años y medio pasados en la zona y luego de haber sido, como muchos otros mapuches en el país, encarcelado, perseguido y vigilado.
Pero antes debo señalar, que me he encontrado en el terreno con responsables y autoridades locales, con lideres y dirigentes significativos de la lucha lafkenche, que no conciben el intercambio de ideas como un gesto intelectual de aporte a la comprensión del fenómeno social que ellos mismos están generando.

Todo análisis que se emprende del hecho social en cuestión, es considerado como un ataque personal o una crítica mal sana, en ningún caso como una contribución tendiente ha enriquecer y comprender mejor el tema que se aborda.
Digo esto porque en mi incansable acción de terreno me he encontrado con este tipo de actitud e indisposición a aceptar la critica, la constatación y por supuesto, menos otra opinión. Este hecho genera entonces una desconfianza que impide el establecimiento de relaciones respetuosas entre sujetos que comparte el mismo tema de reflexión.
Como forma de terminar de ilustrar esta pagina oscura de las relaciones de terreno, quiero señalar que se utiliza también la formula del dirigente con "representatividad". Se otorga voz y derecho a opinar solo a los dirigentes -como se dice aquí- que se les ha tirado la línea, es decir, que son absolutamente controlables y llanos a opinar en el sentido que se les indique.
Este fenómeno, unido a la idea que hay que " pasarle la maquina " a todo aquel que no se alinea con el jefe, deja en evidencia una falta de cultura política y de ética personal que solo puede gatillar una mayor descomposición social del marco local.
Por otro lado, creo también que estas formulas inconexas de actuar son actitudes proteccionistas ante el miedo de tener que abordar con lucidez y de manera publica los fenómenos que su propia acción genera.

Toda esta maraña local que me ha correspondido observar, en muchos de sus aspectos tienen que ver con una voluntad oficial de querer lograr la crucifixión, pasión y muerte del país lafkenche. Al menos que -y a casi doscientos años de gestión territorial jacobina de una republica como la chilena, que siempre ha mirado su pasado desde un ángulo cristiano occidental- las comunidades rurales y la sociedad lafkenche en general, logren articular, apartir de sus propios valores, un nuevo esquema de lucha de claro perfil nacional.
Voy ha referirme en concreto entonces, a un conflicto más antiguo que la misma republica que nos cobija y a una realidad en particular, la costera, la que a vivido jalonada de atropellos que la historia oficial siempre han querido ocultar.

Sé también, por la ya dicho anteriormente, que muchas de las opiniones que vertiré, seguramente no irán -como muchos quisieran- en un sentido lineal que les convenga, pero mi interés no es tampoco dejar satisfechos a moros y cristianos, sino poner entre sus manos una compleja y rigurosa reflexión de esta historia local indígena que se estira por mas de 500 años.
Creo que en la incomprensión gubernamental del tema juega un rol fundamental el desconocimiento de la cultura indígena y la apreciación que luego de ella se hace. Entonces me pregunto; ¿que resultado concluyente puede sacar alguien que desconoce una realidad como esta, la que luego lo analiza desde su propia conveniencia? .
Además, si en el universo indígena lo absoluto no existe, entonces considero que todos los que se aferran al absolutismo -chilenos o lafkenches- y que quieren vía este conflicto tener la verdad, pueden muy fácilmente, si no consideran todos los tipos de análisis que se puedan hacer, convertirse -y eso si que seria grave- en opresores de su propio pueblo.
Por eso es que veo también como muy necesarias las relaciones que las propias comunidades de forma autónoma pueden establecer, primero entre ellas y después con la institucionalidad, teniendo en cuenta que esas conversaciones no significan sumisión alguna al sistema que esta representa, sino un acto de afirmación de sus derechos -Fidel al encontrase con Lavin en la Habana no se convirtió automáticamente en un neo-liberal o el presidente Lagos por concurrir al Vaticano no dejo de ser ateo-.

Para una mejor comprensión que de cuenta de esos tanteos -conversaciones- que en el ámbito provincial han venido efectuando representantes de comunidades y del gobierno regional del Bio-Bio, me parece necesario recordar a todos aquellos que han optado por criticar su opción, que primero no hay que olvidar el principio elemental de cada comunidad, que no es otro que ser autónoma en su funcionamiento y en la toma de sus decisiones internas. Y que por otro lado, en vez de cuestionar y con ello transgredir la regla comunitaria de autonomía propia, debieran conocer el contenido de los temas que se plantean y el contexto en los cuales estos los han tenido que institucionalizar.

Frente a esto, no se puede omitir que el triangulo compuesto por Cañete, Contulmo y Tirúa, esta gobernado por alcaldes de corrientes políticas distintas -en principio- pero que en la practica son congéneres en el sustento del sistema neo-liberal y completamente dispares en el trato del asunto indígena que turbillona en la región.
Esta ecuación es la que han bien entendido las comunidades que han optado por conversar, aplicando quizás el dicho que dice; es mejor hablar con el director del espectaculo que con el amigo que solo corta los boletos.
En definitiva, en esta parte del territorio nacional, las autoridades locales no todas consideran el conflicto mapuche como un tema país y pienso que por eso adolece de una alimentación intelectual militante de forma consistente y constante, primero por parte de estas mismas autoridades y segundo, por parte de los que se consideran lideres institucionales históricos del movimiento lafkenche local.

Sin ser negativista -como muchos pretenden- pero siendo un actor potencial del tema -un líder de opinión- y sin pretensión de dar lecciones a nadie, debo señalar que cuando observo las reacciones y comportamientos que este conflicto provoca en el país, llego a la conclusión que sigue siendo, desde lo global -para las autoridades nacionales- como también desde lo local -para los alcaldes de Arauco y principalmente para los dos representantes mapuches que actúan en el marco de esta institucionalidad- un tema completamente incomprendido, dispar y sujeto -como en el caso del departamento mexicano de Chipas antes del zapatismo- a un asunto clásico de puro caciquismo institucional.
Esta aseveración que efectuó y que seguramente a muchos políticos de derecha irritará, encuentra asidero en él " no rotundo " que entregaron en el ámbito nacional sus parlamentarios al reconocimiento constitucional.
Por otro lado, el inmovilismo comunal que se ha generado en la provincia frente al tema indígena y de eso hace ya un par de años, tiene su origen en el calculo electoral que mantienen presente, a cada instante, todos los alcaldes de Arauco. Los que deben, según la democracia representativa en la cual compiten, poner en juego todos los cuatro años su corona municipal. Este hecho viene a complementar lo que afirmo, no emprenderán nada que les complique su existencia en estos dos años que le quedan de reinado. Al contrario, impulsarán reflexionadas inversiones de magnitud local y de alcance electoral, de manera que le aseguren en dos años mas, una reelección. Este es el sutil juego de la política politiquera de clásico caciquismo cliantelar, comparable solo con en el llevado a cabo por el Partido Revolucionario Institucionalista -PRI- en el México profundo del Estado sureño de Chipas y cuestionado de forma ejemplar por el universo indígena Maya-Quiche un 1 de enero de 1994, por intermedio del levantamiento zapatista encabezado por el popular y mediatico sub-comandante Marcos.

De esta forma, aparece como prácticamente imposible obtener en el país un avance substancial de los temas de fondo que se están planteando, salvo que estas actitudes; la inmovilista de los acaldes y la de negación de la autoridad central, gatillen un gradual y diversificado aumento de las escaramusas puntuales. Y con ello, una interrogación aun más abierta a los temas que se ponen en el país cada día más y más de actualidad; el reconocimiento constitucional, la aprovación del Convenio 169 de la O.I.T., la restitución territorial, la autonomía y la libre determinación.
Esto debiera obligar entonces a la sociedad civil, cuando ve que hemos llegado a un grado elevado de contradicción, a opinar, a sugerir, a señalar, a constatar e intercambiar entre ella misma, porque desde la institucional central, una vez más solo se habrá logrado obtener un débil y por no decir, insignificante, reacomodo del marco jurídico Estatal, el que por supuesto no alcanzará ha dilucidar las contradicciones que a esta altura de los hechos ya se están planteando.

En substancia, en ningún caso se podrá abordar el tema de restitución de los derechos indígenas, desde lo global, con perspectivas reales de solución, ya que queda perfectamente establecido que en Chile los indígenas solo son agentes periféricos de un centro jacobino altamente egoísta y claramente racista. Y que esta falta de institucionalización, desconoce el principio elemental que debiera tener una democracia latinoamericana, el respeto de la diversidad cultural de los pueblos.
Mi primera reflexión general de esta introducción, me conduce a señalar que esta decisión nacional -de no reconocernos constitucionalmente- deja las puertas abiertas para que las propias comunidades y su sociedad civil organizada, generen y decidan de manera autónoma, la construcción de un hecho mapuche mayor, que involucre una relevancia política de alcance nacional y un programa propio de desarrollo con identidad.

Mientras tanto, en un futuro no muy lejano ya se podrán apreciar también, los alcances y consecuencias de esta inopinada decisión -el no-reconocimiento indígena- entonces, solo entonces, los hombres políticos que han votado esta medida tendrán que asumir las consecuencias y las responsabilidades de un tal acto, que a mi juicio, no es otra cosa que la demostración más patética de una derechización que sufre, desde sus órganos de poder, esta sociedad y con ello la perinización de un sistema centralista jacobino que por casi doscientos años no ha dejado que se exprese en Chile y en Arauco en particular, la diversidad cultural de la sociedad local.

I. El CONFLICTO LAFKENCHE Y LAS LIMITACIONES DE LA INSTITUCIONALIDAD MUNICIPAL EN LA COMUNA DE TIRUA:

Quiero avanzar en este texto dando una mirada significativa a algunos aspectos relevantes que se producen en la comuna de Tirúa. Lo hago con espíritu constructivo y con todo el respeto que me merece la acción edilicia de mi Peñi Adolfo Nonato Millabur Ñancuil, un hijo del Lleu-Lleu que es por esencia al mismo tiempo, uno de los más fervientes luchadores, desde su visión institucional, de la causa nuestra.
Tirúa, con sus 9.000 habitantes, su 70 % de población mapuche, sus 642 km² de superficie y su primera autoridad indígena, es una comuna faro a observar, para ver si la presencia lafkenche puede significar -entre derecha y concertación- alguna primicia distinta de transformación social, convertirse en una verdera comuna sustentable, por ejemplo.
Tirúa adquiere sus galones de nobleza en 1996, con la elección del primer alcalde mapuche de Chile, hecho clave y fundamental para que sea mirada aun con mayor atención -más profundamente que a Cañete y Contulmo- y ver si ha logrado insinuar a esta fecha, casi 6 años después de este remarcado hecho, el desarrollo de algún proceso social distinto y con ello alguna ecuación pluricultural de transformación de su sociedad.

Sin dudas que la irrupción del elemento lafkenche en el escenario comunal, como actor y gestor de poder, trajo consigo un cuestionamientos de la identidad local. La sociedad tirúana en su conjunto se remeció y descubrió la presencia indígena, la misma que vivía arrinconada y que todos los tirúanos que se consideraban de estirpe español, ignoraban e incluso despreciaban.
Este hecho, a mi juicio, los liberó de un remordimiento de conciencia antiguo como los mismos años que habían pasado juntos, sin hablarse. Fue por eso que trató, desde la llegada de un lafkenches al poder, de construir una nueva identidad local que la represente y que al mismo tiempo la identifique con el nuevo poder municipal.

Sin embargo, la realidad ha si otra, por el momento no ha podido articular una recomposición identitaria que integre todos los aportes culturales que aquí existen; el lafkenche, el chileno, el popular, el del colono campesino y el de los hombres del mar.
Esto, que se puede calificar de " lapsus identitario " quedó aun más en evidencia cuando la confrontación de intereses económicos distintos que se produjo en sus fronteras, le hicieron asumir aspectos de alta relevancia social para los cuales nunca había estado preparada; el nacionalismo, el populismo, la violencia, la exclusión, el racismo o la misma étnicidad, son fenomenos sociales que le ha costado abordar o simplemente no ha logrado asimilar.
Pienso que este marasmo local tirúano se produjo cuando el marco institucional de sustentación de la municipalidad, en este caso la ley orgánica municipal que le da vida, no entrego al funcionario en actividad las referencias y herramientas que le permitieran dar respuesta a estos nuevos fenómenos sociales que el elemento ancestral había generado.
De acuerdo a otros proceso de esta naturaleza que se han podido apreciar en otras partes del planeta, una recomposición identitaria -en el cual hay elementos culturales distintos que intervienen- necesitan realizar un acto de " alta autocrítica histórica ", esto como forma de institucionalizar los elementos culturales y hechos históricos pasados que han sido hasta ese momento negados o simplemente ignorados por la historia oficial.
La realidad actual demuestra que es eso lo que no se a podido concretizar, quizás porque se ha privilegiado la figura institucional llamada " Cabildo Cultural " como elemento motor de búsqueda de esta nueva identidad, por sobre la iniciación del proceso de autocrítica histórica. En la practica, este hecho provocó una irremediable agravación de la fractura identitaria inicial, dispersando a un más, cada representante cultural.
Este desacierto en la orientación a privilegiar, deja de manifiesto también un cierto temor municipal a transgredir los limites impuesto por la institucionalidad central, la que al verse atacada desde el interior, podría a su vez reaccionar cuestionando esa política alternativa que se había optado por aplicar.
Por otro lado, la decisión de apostar por el Cabildo Cultural pareciera ser mas una opción de facilidad del funcionario municipal responsable de guiar la política cultural, que privilegiar la opción de complejidad, lo pernicioso de esta experiencia es que con ello solo se logró dispersar y atomizar esa riqueza cultural de su sociedad.

Mientras tanto, no considera -y eso es lo grave- que llegar a un limite de esta naturaleza no significa tampoco -como muchos puedan creerlo- iniciar un proceso de descomposición de la institucionalidad, menos de la municipalidad. Que al contrario, privilegiando un proceso de autocrítica histórica local, se inicia un camino de encuentro con las culturas que aquí existen -mapuche, chilena, campesina o popular- y con ello, irremediablemente se obtiene una verdadera institucionalización de esta diversidad, tanto como elemento valórico de reconocimiento de la identidad local, tanto como fuerza centrifuga de algún cambio social y que es eso en definitiva lo que le da otro rostro al poder municipal, es ese en definitiva el piso en el cual se puede empesar a aplicar un principio de desarrollo durable.

Digo esto ultimo porque creo que en tiempos como los que vivimos, en que hacen falta proyectos de recambio de sociedad, no es absurdo y menos contradictorio que un pueblo como el nuestro, contribuya a la gestación de hechos sociales nuevos y revolucionarios y ello aunque el parto histórico que a estos fenómenos le dan vida, sean en la mayoría de los casos dolorosos.
Creo también que el actor lafkenche de la municipalidad, no puede considerar que en Tirúa hay solo una lucha ejemplar -como es ganar y ganar cada cuatro años la municipalidad- sobre todo cuando esta no es capaz de aprovechar toda la potencialidad del particularismo lafkenche, tanto como motor de desarrollo durable o como generador de cambio social.

A mi juicio, una idealización de esta institucionalización de la lucha lafkenche, no es lo primordial, lo que interesa es ver con claridad, como y cuando se generan los fenómenos de transformación social, que en definitiva son el insumo que puede hacer avanzar -en otras partes del Wallmapu- esta lucha mapuche de liberación nacional.

Por otro lado, en Tirúa, lo que más me ha llamado la atención es la contradicción que existe entre lo local y lo global, esta es tan remarcable, que deja en evidencia de manera clara y sin ninguna duda las dos lógicas económicas que ambas realidades representan, lógicas tan distintas que lo único que hacen cuando se encuentran, se enfrentan. Esta arista del conflicto me parece vital, ya que deja en evidencia toda la potencialidad que el Estado chileno posee para neutralizar un órgano municipal que insinúa aportar cambio social y ello en el marco de intereses distintos se enfrentan.
La municipalidad de Tirúa, que en sus primeros años jugo un rol clave y fundamental en la lucha lafkenche, poco a poco se ha vista anulada por el poder central. Esto se refleja en las disposiciones que viene de privilegiar -como la del Cabildo Cultural- echo que se interpreta como una búsqueda de coexistencia pacifica con el sistema y por esta correa con el ordenamiento institucional, más que un deseo de promover los valores lafkenches que cuestionan la existencia formal del sistema neoliberal y con ello los intereses económicos que aqui interactuan, principalmente el de las empresas forestales.

Digo esto porque en Tirúa, ninguna empresa forestal a visto, desde la municipalidad, cuestionada su acción de desarrollo in sustentable, quienes han sido capaces de paralizar y denunciar en repetidas ocasiones sus actos de irrespeto del medio natural, han sido las propias comunidades.
Por otro lado, en estos últimos dos años, la municipalidad solo ha venido asumiendo un rol de administrador de la inversión fiscal, dotando con ello de un alcantarillado a Tirúa ciudad y varias escuelas en todo el territorio comunal. Estas obras gruesas, mas que un aporte fundamental, son en realidad instalaciones básicas para la vida en sociedad, derechos de todo ciudadano para que cambie su destino social.

Este llamado adelanto y progreso comunal, en ningún caso significa un ataque frontal al sistema neoliberal: ¿de que sirve tener más y mejores escuelas si estas no cambian su contenido educacional y sí la formacion de sus maestros en Tirúa lo efectua una empresa forestal?
Al contrario, esta inversión fiscal que no daña el poder económico, con una política de esta naturaleza, solo lo afirma. Además, en puros términos de practica política a la chilena, estas inversiones servirán en dos años mas, de capital electoral, como se dice aqui, en ese momento al tiruano "se le pasará la cuenta" .

El abandono de la acción conflictual, por otro lado, a significado una paralización de la puesta en funcionamiento de los Espacios territoriales lafkenches, tanto como actores de mediación cultural, tanto como entidades territoriales con verdadero poder local, capaces de cuestionar e implementar en sus sectores, un nuevo desarrollo con identidad.

Por ahora, si miramos expresamente desde un punto de vista autónomo lafkenche, veremos que en el marco territorial en el cual interactúan las comunidades, es decir sus Espacios territoriales -Tirúa sur/Quidico/Tranaquepe/Lleu-Lleu/ es en realidad donde verdaderamente se condensan y generan cada día esas relaciones sociales nuevas, que el poder municipal, ya sea por desatino o por falta de reflexión, no logra asociar a sus planes y proyectos de desarrollo comunal.
En Tirúa, una planificación distinta que afirme el princio de desarrollo durable -fruto de lo nuevo y novedoso que esta apareciendo- debiera considerar en primer término, la democracia participativa indígena, ello significa dar derecho a la comunidad para que elabore, priorise y administre el presupuesto comunal.

La creación de un consejo comunal intercultural, es otra figura social a explorar, ya que en ella todos los actores culturales deben estar representados, para aue hable la memoria y el pasado histórico que juntos han construido.
Una nueva planificación y redistribución territorial debiera tener como fin un mejor aprovechamiento de sus recursos, como forma de valoración de su territorio y de su biodiversidad; Para ello es imperioso superar el PLADECO oficial, incentivando la afirmación de los Espacios Territoriales de Patrimonio Lafkenches (ETPL), elaborando Planes de urbanización local (PUL), Planes de ocupación territorial (POT) y uniendo todo ello en Espacios de Coherencia territorial (ECT).
La elaboración de una "Carta de la tierra comunal", permitiría integrar en ella todos los aspectos medioambientales que generen desarrollo sustentable. Aplicando un principio comunal de aprovechamiento del medio natural y de la nueva distribución de los los recursos suelo y mar, obteniendo así la limitación de las empresas forestales en el uso del patrimonio natural lafkenche.
Acompañar todas estas medidas, exigendole a estas empreses, respetar las normas internacionales que existen en metería de protección de la naturaleza y del entorno. Todo ello fiscalizado de manera directa por la municipalidad y su sociedad civil lafkenche organizada.
La promoción de la educación tradicional lafkenche en los espacios territoriales bajo la modalidad de "Escuelas autónomas de la tradición y la memoria" (EATM), deben ser los estamentos complementarios y fiscalizadores de la Educación intercultural bilingüe -EIB- que promueve el MINEDUC.

Los "Centros de salud tradicional lafkenche" (CSTL), deben ser las instacias complementarias de los programas de salud intercultural que promueve el Servicio de salud de Arauco.
En definitiva, estos aspectos que solo se mencionan como referencia a una planificación comunal distinta del eje central institucional, debieran acompañar -para que no se dispersen y disuelvan- los nuevos fenómenos sociales que están apareciendo. La actual falta de integración de estos fenómenos al proceso que se desarrolla, junto a la inopinada orientación que se toma en el aspecto cultural, como el caso de los Cabildos en tanto que opción valorica de la diversidad cultural, son algunos de los elementos que están generando un divorcio entre análisis local y acción municipal y que pueden conducir en las próximas elecciones de alcalde a un ruidoso triunfo de la derecha reaccionaria -UDI/RN- . La que seguramente no ganará tanto por sus proposiciones novedosas que haga -ya que no las tiene- sino más bien por la desatinada orientación que se esta adoptando o por la falta de participación directa del actor lafkenche en la elaboración de las políticas municipales.
Por el momento, la lucha que hasta ahora se ha impulsado y el cúmulo de cuestionamientos que ella a traído, a provocado inexorablemente, un remezón institucional en el mismo centro del poder local, la municipalidad. Ahora, la forma como la lucha especifica de las comunidades continúe a sacudir el árbol estatal, definirá en los años venideros, seguramente, un nuevo armazón social, impregnado de lo tradicional y con serias posibilidades de cambiar el rostro al gobernar.
En lo inmediato, la municipalidad, al no poder entregar una respuesta apropiada a los requerimientos de tipo territorial que sus comunidades le plantean, como igualmente, al no poder integrar a su dinámica oficial lo tradicional y menos dar, desde su atribución, respuesta al reconocimiento constitucional.

En definitiva, al no poder aplicar las ideas condensadas en la propuesta lafkenche, solo ha podido gatillar un fenómeno clásico de racismo de tipo diferencial, el cual por su puesto se busca institucionalizar para que sea aceptado por todos, en definitiva, legalizado.
En Tirúa, este " racismo diferencial ", fruto de la política de discriminación positiva que impulsa el Estado, cuenta con dos aspectos básicos que son necesarios identificar, ya que ello permitiría detectar el nuevo carácter que puede adquirir en los años venideros, desde la institucionalidad, el tema mapuche en la zona.

Es necesario también abordarlo, como forma de impedir que este se desarrolle y que en su consolidación no arrastre y con ello pacifique a comunidades enteras.
Una mirada más fina a este tipo de racismo de consideración permite detectar, a un plano local, la perversidad de la política oficial, sobre todo cuando entrega al mapuche venido de la comunidad, un " minúsculo " grado de aceptación para que haga parte del sistema y de la institucionalidad. Para ello le abre, al mismo tiempo, una pasarela de acceso al sistema de consumismo irracional, el que una sociedad como la chilena, promueve, como elemento vital de bienestar social, de superación de la extrema pobreza y de eliminación de toda forma de inegalidad social.

Por otro lado, el racismo de inferiorización, le hace publicidad al hecho que todo mapuche puede tener un espacio en la sociedad nacional, pero ello a condición que se situé en lo mas bajo de la escala social. Puede ser mano de obra, útil, pero en los trabajos mas mal remunerados -recolector de fruta, pescador artesanal, etc-, puede incluso este racismo de inferiorización, aceptar, que uno o varios mapuches sean funcionarios del organismo municipal, pero no para que gobiernen, sino para que puedan, desde esta posición, controlar mejor a sus hermanos que se salen de esa institucionalidad.

Ahora, si miramos el mismo fenómeno, pero esta vez desde un ángulo desfocalizado, es decir, desde el punto de vista de quien se encuentra en el poder. Estos mismos aspectos racistas, son para ellos medidas de correcta aplicación de su política de integración, de asimilación y de aceptación, según ellos, del otro, del que se considera diferente.
Además, cree este Estado monolítico y jacobino, que esta es la formula -y no otra- como al mapuche se le recitúa, se le reconvierte, se le recicla, se le ubica en el buen lado de su sociedad.
En el caso especifico de esta comuna, muchos otros son los fenómenos que se pudieran analizar y su riqueza parece inagotable. Pero me contentaré y a modo de conclusión solamente puedo decir que al vertir esta mirada de su realidad, no solo pretendo desnudar sus contradicciones más profundas.

Sino que también constato muchas otras ecuaciones portadoras de futuro que ayudan, que nos ayudan, a todos los que buscamos insumos sociales generadores de cambio, ha hacer avanzar nuestra lucha y con ello el respeto de nuestro derecho ancestral.
Pienso que analizando su realidad y comparándola con las luchas que en otras partes del mundo llevan adelante otros pueblos indígenas, como el nuestro, se puede aspirar a la construcción de una nueva sociedad, mas justa y sin desigualdad social, con una verdadera cultura de paz.
En Tirúa, las culturas portadoras de estos valores están, son las que afirman su contexto pluricultural y armonizan su composición social.

La riqueza de un pueblo se encuentra en la diversidad de culturas que siembran su unidad territorial y no en la parcela jacobina de la uniformidad comunal, esperemos y trabajemos para que de esta realidad germine mañana una nueva sociedad, para que se ponga en pie un verdadero desarrollo durable, en definitiva, un lafkenmapu tirúano tradicional, autónomo, participativo, humanista, libertario y plural.

Continua en la segunda página


Por: Luis Llanquilef Rerequeo
sociólogo mapuche
centro kimun amuy - Cañete VIII Región-
Email: corpkimun@yahoo.com
WWW.corpkimun.org
WWW.lanalhuenoticias.cl
WWW.lavozdearauco.cl

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