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¿Racismo Encubierto?:
El Estado Chileno y el Pueblo Mapuche (1)
Rosamel Millamán
Reinao
El presente trabajo pretende contribuir a la discusión
sobre la temática del racismo, proporcionando antecedentes sobre
acciones discriminatorias que se ejercen contra el pueblo mapuche por parte
de la sociedad y del estado chileno.
El racismo chileno tiene expresiones ubicuas, es
manifiesto, dependiente, latente y subyacente dentro de una compleja red
de conductas, imágenes y actitudes discriminatorias institucionales
y presente en todas las esferas de vida social. Por la naturaleza de sus
expresiones y manifestaciones, esta forma de racismo es difícil
de percibir y combatir; por cuanto, al no ser permanentemente abierto ésta
se diluye en la compleja maquinaria ideológica colonial y dominante.
Es ubicua, porque se encuentra presente en todos los niveles de la sociedad,
traspasando las clases sociales, el credo religioso y político:
se manifiesta en las relaciones humanas, en las líneas de parentezco
y en los estilos de vida que se impone sobre los grupos humanos. Es manifiesto,
porque en los espacios de fronteras y contactos culturales en donde se
disputan los recursos, la manifestación racista es abierta. Esto
parece ser aún más evidente en los espacios en los cuales
se han instalado los herederos criollos y extranjeros.
Si bien el racismo se nutre de la confrontación
entre culturas occidental e indígena, la forma y la intensidad que
adopta obedece a dinámicas locales y globales.
La cultura nacional y las formas de discriminación
siempre toman como patrón cultural las metrópolis. Se conceptualiza,
muchas veces, por parte de los herederos del sistema colonial, la europa
como la "madre patria". Para los descendientes criollos y españoles
será la España, para otros grupos étnicos colonizadores
será la Italia o la Alemania.
El racismo chileno se instaló y se reprodujo
en las estructuras de dominación colonial y postcolonial, en las
categorías raciales jerarquizadas establecidas en la producción
del capital y en el sistema ideológico dominante.
Es latente, puesto que se disfraza y se expresa
cuando se pone en peligro la mercancía, la empresa y el capital:
la propiedad privada o las formas de convivencia occidental. Esta forma
latente de racismo justifica los actos discriminatorios tanto para proteger
el estado natural de la cultura wínka (occidental) como para permitir
su expansión y apropiación de los recursos indígenas.
Se construye un discurso prejuicioso en el cual se configura y reconfigura
la imagen mapuche según las necesidades del mercado y el desarrollo
del capitalismo regional.
Es subyacente, puesto que no necesariamente se
traduce en un abierto acto discriminatorio posible de ser categorizado
como racista. Esto obedece, en parte, al hecho de que las concepciones
racistas están diluidas en la sociedad pero muy bien integradas
en las conductas y los sistemas de comunicación, el lenguaje oficial,
los discursos, el sistema educacional, los símbolos: en las categóricas
afirmaciones de los chilenos: "los mapuches son complicados"
o "tienen ideas fijas" constituyen parte del mozaico ideológico
de la compleja manifestación del racismo chileno.
Por otra parte, las manifestaciones racistas se
sustentan en una experiencia histórica nacional sin precedente,
y, es el hecho, de que pese al alto proceso de mestizaje entre mapuches
y winkas la categoría mestizo nunca fue asumido por la población
efectivamente mestiza en Chile, debido en parte al poder monocultural impuesto
por el estado nacional chileno. Pese al progresivo proceso de mezcla racial
el mestizo real siempre negó la condición indígena
de sus raíces biológicas permitiendo, entonces, que la identidad
mestiza no pudiera expresarse con libertad en Chile.
Asimismo, tal como en otras regiones del mundo,
el racismo criollo se ve estrechamente vinculado al nacionalismo. Los procesos
de formación del estado nacional chileno culmina, en parte, con
la usurpación del territorio y la autonomía mapuche entre
1880 y 1883, por medio de la irrupción militar emprendida por el
emergente estado chileno.
En éste período los líderes
nacionales representantes de grupos dominantes y descendientes de europeos
miraron hacia el viejo continente como un recurso de apoyo para la expansión
de la frontera sobre el territorio mapuche diseñando para ello estrategias
y políticas de inmigración de europeos a la región
de la Araucanía para consolidar de esta manera la presencia y ocupación
de la región por parte del estado chileno. La sangrienta ocupación
militar racista anteriormente mencionada permitió imponer el asentamiento
de colonos extranjeros, según los líderes de la época,
para modernizar el país y acabar con el atraso de la región.
El nacionalismo chileno así reprodujo y
reformuló por las fuerzas de las armas, la hegemonía racial
y los modelos sociales y culturales discriminatorios contra la población
mapuche.
Los símbolos construídos e inventados
por la emergente nación chilena, tal como es el caso del llamado
"roto chileno" de sangre mestiza (mapuche-winka) va progresivamente
desapareciendo en la medida de la consolidación del estado nacional,
por los procesos de dependencia cultural y material que implementó
la clase política gobernante. La supuesta sangre indígena
del roto chileno la cual permitió aglutinar la identidad nacional
"construída", termina por desaparecer.
Por otra parte, el indigenismo imperante en Chile
durante el siglo XIX y XX construye un discurso político y académico
en el cual el indígena aparece como héroe (s) mítico
(s) en la literatura y la vida social chilena. Se revive el indígena
muerto y se petrifica al indígena vivo, permitiendo la germinación
de dos vertientes en la política indigenista: por una parte, la
preservación de la cultura, y, por otra, la integración indígena
al sistema nacional. Aunque diferente en la forma, ambas tendieron ha aniquilar
la cultura indígena al amputar la capacidad de actor y gestor en
la toma de sus propias decisiones. Tal vez, la mejor expresión de
estas dos vertientes políticas se expresa en la instalación
de museos donde el pasado indígena y la cultura es expuesta en forma
fragmentada y descontextualizada de sus espacios y sus protagonistas. Se
asume, entonces, que hubo un pasado indígena mejor y posible de
soñar como utopía de vida humana. El estado así, establece
una concepción estática de la cultura y anula el desarrollo
social de los pueblos indígenas. Lo que se aprende de los mapuche
proviene de las interpretaciones y reinterpretaciones externas al pueblo,
de los herederos coloniales y de los indigenistas.
Situación análoga ocurre respecto
a los procesos de industrialización que Chile implementó
durante el siglo pasado. En aquel período, los modelos dependientes
permitieron la importación de tecnología bajo conceptos y
categorías de superioridad, tanto respecto al instrumento como a
sus creadores.
Se construye un discurso político, científico
y académico hegemónico en el cual se conceptualiza y asocia
la tecnología "importada" europea con connotación
raciales de superioridad frente a la tecnología y el conocimiento
local, el cual, además, es anulado. La tecnología incorporada
en los bordes de los espacios coloniales creó imágenes oficiales
de superioridad racial de la tecnología occidental frente a la tecnología
mapuche. Podemos asi concluir, que el racismo nacional nunca estuvo ajeno
a las metrópolis coloniales y, por lo mismo, a la dinámica
cambiante del sistema cultural de occidente. En este sentido, podemos afirmar
que las formas y políticas racistas durante estos dos siglos han
sido cíclicas pero uniformes de un claro modelo eurocentrista.
NUEVAS FORMAS DE POLITICA RACISTA
Durante las últimas décadas hemos
asistido a experiencias discriminatorias los cuales han dejado evidencias
y demostraciones de las especiales formas de manifestación racista
en Chile. Durante el régimen militar centenares de mapuche fueron
encarcelados, torturados, perseguidos y desaparecidos. Dos hechos demuestran
esta realidad: el tipo de tortura y la cantidad de población objeto
de formas de represión por parte del poder militar. Si estableciéramos
una comparación global, la región con población mapuche
sufre cuantitativa y cualitativamente más represión que otras
regiones del país a partir de 1973. En esta acción, no solo
participaron las fuerzas militares sino que también la población
civil, patrones y "caciques winka" locales quienes tuvieron tanto
o igual participación en la violación a los derechos humanos.
Con la instauración de la democracia a partir
de los 90´s y la generación de nuevas acciones políticas
también es posible encontrar formas racistas de discriminación
encubiertas y otras abiertas. La mayor de ellas, es sin duda, la promulgación
de la nueva ley indígena, la cual directa e indirectamente viene,
por una parte, a legitimar la aplicación de la ley indígena
impuesta por el régimen militar la cual dividió las tierras
comunitarias y, por otra, el hecho de que en este nuevo escenario se construye
un discurso de democracia que niega los derechos indígenas y permiten
la expansión neoliberal en el territorio mapuche. A pesar de contar
con una ley indígena ésta no garantiza los derechos sobre
los recursos naturales, es más, nuevas legislaciones sobre el control
del agua y la propiedad de minerales en el territorio mapuche hacen inaplicable
esta legislación, puesto que otras leyes nacionales tienen mayor
alcance y efectividad que la misma ley indígena. Así, una
considerable proporción de los ríos, esteros y vertientes
hoy día se encuentran bajo el control de funcionarios, organismos
no gubernamentales y empresarios agrícolas. Es más, una política
de expansión de estado y proyectos neoliberales irrumpen sobre el
territorio mapuche en su objetivo de extraer energía y recursos
naturales como el bosque nativo, el cual no sólo se tala y quema
sino que también se explota en forma indiscriminada.
Megaproyectos, como lo son la construcción
de carreteras, vías alternativas como el By Pass en la ciudad de
Temuco, la ampliación de la carretera Ruta 5 Sur, todas ellas se
establecen bajos parámetros racistas respecto al procedimiento de
expropiación y el valor asignado a las tierras indígenas.
En la mayor parte de las expropiaciones establecidas por el Ministerio
de Obras Públicas (MOP) son inferiores a la de los winkas y, paralelo
a ello, no existen estudios oportunos y serios sobre impacto ambiental.
La Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) ha demostrado ser
ineficiente y leal al estado chileno por cuanto muchas acciones de prevención
y modificación de los proyectos no han tomado un curso serio y responsable.
En otros casos, sencillamente no se hace ningún estudio de impacto
ambiental como lo establece la actual ley indígena vigente. Por
lo anterior, podemos afirmar que existe en Chile una política ambiental
racista por cuanto no se aplican eficientemente las leyes de protección
al medio ambiente, se omiten responsabilidades y se ignoran los derechos
territoriales del pueblo mapuche. El nuevo estado chileno, en este sentido,
opera con una política discriminatoria integral en el cual actúan
funcionarios, el poder del estado, organismos y agentes encubiertos para
imponer sus políticas contra las comunidades indígenas. Pero
el estado no participa sólo en estas políticas, también
toman partido los empresarios agro-forestales y las empresas transnacionales
las que han establecido un sistema policial extraoficial para contrarrestar
la movilización indígena, la que demanda el legítimo
derecho de contar con los recursos básicos y elementales para vivir,
como es el agua. Decenas de comunidades indígenas carecen ya de
este recurso por cuanto la excesiva plantación de árboles
exógenos tales como pinos y eucaliptus generan una extrema absorción
del agua del subsuelo y de las napas subterráneas. Además,
con la aplicación de insecticidas y herbicídas las aguas
lluvias desparraman productos químicos contaminando los esteros
y caudales de vertientes con implicaciones directa para la salud, la gestación
y el crecimiento de los niños indígenas.
Frente a la legítima autodefensa desarrollada
por las comunidades mapuches en pro de sus recursos, algunas de formas
violentas, han culminado con la exigencia de representantes de empresas
forestales, líderes políticos y autoridades del estado para
aplicar el máximo rigor de la ley: Ley de Seguridad Interior del
Estado. Sin embargo, esto es objetivamente contraproducente con dos hechos
que han ocurrido en el país, como lo es el caso de Colonia Dignidad,
donde colonos alemanes han establecido un sistema de autonomía administrativa
donde sus directivos han tomado directa participación en violaciones
a los derechos humanos y al desaparecimiento de personas: el segundo caso,
tiene que ver con el llamado Paro de los Camioneros de Octubre recién
pasado, quienes pretendieron producir un desabastecimiento en el país
y con ello alterar el orden público, atentar contra la vida de las
personas y, producir un clima de desestabilización política.
Allí sencillamente el gobierno no aplicó ninguna Ley de Seguridad
Interior del Estado, ni detuvo ni castigó, ni encarceló a
los líderes de estas organizaciones como lo hizo contra los líderes
mapuche. Cierto es que formas de discriminación política,
social y racial se interconectan en estos hechos, pero sin lugar a dudas,
en muchas predomina el factor racial sobre el factor de clase social u
otro.
En estos dos últimos años el estado
ha desarrollado una abierta política de ataque al pueblo mapuche.
Este ha construido un discurso discriminatorio estableciendo mecanismos
y organismos para controlar la actividad del movimiento mapuche. Así,
agentes bilingües no sólo participan en la policía civil
y uniformada, sino que también en la preparación de agentes
de inteligencia y aparatos de seguridad del ejército nacional.
Los atributos de la democracia han ido en contra
del movimiento mapuche. Desde que emerge la democracia en los ´90
hasta el inicio del presente milenio centenares de mapuches han sido detenidos,
golpeados y acusados injustamente por los organismos represivos del estado.
Varios líderes indígenas han sido encarcelados, estudiantes
detenidos arbitrariamente y visitas internacionales han sido expulsados
del país, acusados de promover y apoyar acciones indígenas
de violencia. Organizaciones mapuches como la Coordinadora Arauco-Malleco,
el que ha levantado un movimiento contra la expansión de empresas
nacionales y transnacionales en la región han sufrido la persecusión
y el encarcelamiento de sus máximos líderes. Miembros del
Movimiento Wenteche en diciembre 16 de 1999 fueron objeto de un violento
allanamiento donde, sin presentar ninguna orden judicial, la policía
procede a detener y golpear a siete comuneros mapuches quienes habían
realizado una demostración de rechazo a los megaproyectos, el cual
con su ejecusión impediría la recuperación de las
tierras usurpadas por colonos criollos de la región. Particular
atención, es el caso de Alberto Coliñir quien fue trasladado
a la Comisaría de Padre Las Casas siendo allí abiertamente
torturado, con aplicación de corriente eléctrica e introducción
de su cabeza en bolsas plásticas para producir ahogo. Varios de
éstos detenidos sufrieron fracturas de sus brazos y costillas sin
que esto haya sido preocupación por parte de los organismos de derechos
humanos no mapuches existentes en la región y el país.
En la comunidad indígena José Jineo
Ñanco, pese al alto grado de organización existente en esta
comunidad, los organismos de estado responsables de la ampliación
de la Carretera Ruta 5 Sur y el Ministerio de Obras Públicas, han
pretendido imponer trazados de los cuales los comuneros mapuches no han
sido consultados. En esta comunidad, los mapuches están demandando
indemnización religiosa por la expropiación de sus tierras
pero el estado aduce no tener elementos jurídicos para otorgar estas
indemnizaciones.
El atropello a los derechos religiosos de los pueblos
indígenas no tiene límite. El 14 de marzo de 1999 después
de concluído un Nguillatún (Ceremonia Tradicional Mapuche)
en la localidad de Ranquilhue, provincia de Arauco, irrumpieron fuerzas
policiales deteniendo sin orden judicial alguna a 18 personas que estaban
participando de esta ceremonia religiosa.
El estado, la policía y los empresarios
han establecido verdaderas alianzas estratégicas para impedir los
actos de rechazo que emanan de las comunidades. El 19 de Febrero de 1999
siendo las tres de la mañana, alrededor de 300 policías procedieron
violentamente a allanar y detener a los miembros de la comunidad de Temulemu,
Comuna de Traiguén en la provincia de Cautín.
Las empresas que operan en la región han
elaborado estrategias para obtener del estado la aplicación de la
máxima fuerza de la ley, en esta vía han montado supuestos
actos de violencia y acciones terroristas las cuales, algunas han sido
desenmascaradas por el propio movimiento mapuche. Aún más,
las empresas forestales como la Forestal Minico, han organizado comandos
privados ligados a la policía oficial para controlar la acción
del movimiento mapuche. El pasado año 1999 se inició una
verdadera militarización de la provincia de Malleco y Cautín
bajo el pretexto de proteger a mapuches y empresarios de la IX región.
Desde 1999 hasta el presente cerca de un millar
de dirigentes mapuches han sido detenidos, golpeados y algunos abiertamente
torturados por los organismos de gobierno.
Obviamente, los procesos discriminatorios no solo
se vinculan con la política del estado hacia el pueblo mapuche.
También el sistema económico arrastra formas de discriminación
contra la población mapuche. Frente al deterioro de los recursos
naturales, la masa laboral indígena especialmente de jóvenes
y mujeres se ha visto forzado a emigrar e insertarse en los sistemas productivos
de las industrias agro-forestales y agro-frutícola. Allí,
la gran masa laboral indígena debe soportar condiciones de características
esclavistas por cuanto en estas compañías los trabajadores
deben soportar ilimitado tiempo en sus trabajos, sin sistemas de previsión
y de derechos laborales. Nuevas maquinarias y trabajos sofisticados están
generando nuevas formas de explotación y discriminación en
la región, la que se recrudece bajo el discurso de la democracia
el que institucionaliza la explotación y las nuevas formas de discriminación
contra la población mapuche.
Rosamel Millamán Reinao
Phone: (56) (45) 205 307
Indigenous World Association(*)
Notas
(1) EN PREPARACIÓN PARA LA CONFERENCIA MUNDIAL
CONTRA EL RACISMO, LA DISCRIMINACIÓN RACIAL, LA XENOFOBIA Y LAS
FORMAS CONEXAS DE INTOLERANCIA. SUDAFRICA, 2001
(*) LAS OPINIONES DEL AUTOR NO NECESARIAMENTE
COMPROMETEN A INDIGENOUS WORLD ASSOCIATION/EL MUNDO INDÍGENA.
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